lunes, 28 de noviembre de 2016

NO PIDAN REPOSO PARA EL GUERRERO…

Por: Jorge Gómez Barata 

Como quien escribe un verso en estado de gracia, el poeta griego Mikis Theodorakis rindió un magnifico homenaje: “Te has ido Fidel, por primera vez estoy en desacuerdo contigo”. 
Tiene razón el poeta, pero no debería reprocharle la partida. Fidel no podía quedarse. La salud y la edad dictaron su veredicto. A Fidel no lo mataron ni lo derrotaron y, la metáfora de “morir con las botas puestas” le es aplicable. Se ha ido porque era inevitable y porque su obra está hecha y su misión cumplida. Él no aró en el mar. 

Se marchó no para deponerse sino para trascender y vivirá en otra dimensión. Se fue, pero deja el legado y el referente que Cuba necesita para la etapa inmediata, quizás la más difícil del trascendental proceso histórico que condujo y protagonizó en los últimos sesenta años. 


         La ejecutoria política de Fidel Castro se sostuvo en un trípode de realizaciones, deseos y propósitos: la Revolución Cubana, la confrontación con Estados Unidos y la actuación en los ambientes internacionales, con especial énfasis en la solidaridad y en los problemas globales. 

La Revolución Cubana está hecha, cambió al país y a los cubanos para quienes el futuro plantea interrogantes, pero a quienes el pasado no seduce. En cuanto a los temas globales, principalmente la lucha por la paz, contra la pobreza y el desarrollo, sus concepciones y llamados son auténticos legados, un tesoro argumental y un capital político de extraordinario valor para comprender el pasado y conducir las luchas futuras. 

En este orden de cosas sus incursiones en los temas ecológicos, climáticos, ambientales, agrícolas, alimentarios y otros son un verdadero monumento a la sabiduría política asociada a las ciencias. Tengo la certeza de que el porvenir, en los ámbitos políticos, sociales y científicos le hará justicia.   
Capítulo aparte son las relaciones, rupturas y expectativas de Fidel Castro respecto a los Estados Unidos que van de una precoz admiración infantil por el presidente Franklin D. Roosevelt, una actitud positiva que lo llevó a elegir a Nueva York para disfrutar su luna de miel y acariciar la posibilidad de estudiar economía en Harvard.

Fidel no nació antiimperialista y nunca fue antinorteamericano. En honor a la verdad, Estados Unidos rompió con él y no él con Estados Unidos. En abril de 1959, cuatro meses después de bajar de la Sierra Maestra, sin esperar a ser invitado, viajó a ese país en el cual, excusándose con el compromiso de jugar una partida de golf, Eisenhower rehusó recibirlo. 

A pesar de su genio político, Fidel no pudo evadir los condicionamientos del momento histórico, especialmente de la Guerra Fría. Para Estados Unidos, Cuba era un protectorado, una especie de provincia de ultramar, por lo cual el líder revolucionario fue tratado como separatista. La reacción imperial fue inmediata, visceral y brutal, dando lugar a una confrontación que clasifica como una de las grandes batallas políticas del siglo XX. 

Fidel lidió con once presidentes norteamericanos, enfrentó agresiones y amenazas, soportó calumnias y acusaciones, fue víctima de intentos de asesinato, sin embargo, nada ha ocurrido en Estados Unidos de lo cual pueda ser culpado. Defendió sus posiciones y los intereses del pueblo cubano con inteligencia y determinación. Concibió respuestas, viriles, aunque sin acudir a la violencia ni a la represalia y sin nunca insultar u ofender a ningún norteamericano. 

Estados Unidos tiene ahora dos presidentes. Uno asume respetuoso la majestad de la muerte y reconoce la calidad del adversario, y el otro ofende a quien nunca lo mencionó y ya no puede responderle. Por ser obvia, no abundo en la diferencia. 

Como mismo lo hizo Fidel, la dirección cubana, encabezada por su hermano de sangre y luchas, el presidente Raúl Castro, asumirá los hechos y como mismo hizo su jefe y compañero, no descenderá a escarceos retóricos y con las herramientas heredadas del líder, luchará para lograr que el proceso de normalización conduzca al definitivo e incondicional levantamiento del bloqueo. Ese será un homenaje y un monumento a su memoria. 

En la intimidad del duelo, no diré: Descansa en paz, porque él nunca pidió reposo. Luchó por un lugar en la epopeya y lo llenó plenamente. Hasta la victoria siempre. Allá nos vemos. 

*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente