lunes, 21 de noviembre de 2016

La Habana cumple 497 años

Por: Rolando López del Amo

Hace quinientos dos años los conquistadores españoles provenientes de la vecina isla de Santo Domingo, en su avance del oriente al occidente de Cuba, habrían establecido un asentamiento al sur de la antigua provincia de La Habana, cerca del río Mayabeque. Pero no fue hasta cinco años después que la actual capital de Cuba quedó  establecida en la costa norte, junto al puerto. El lugar fundacional, bajo una frondosa Ceiba, se marca hoy con un templete de estilo neoclásico que guarda en su interior grandes pinturas alegóricas al hecho, obra del pintor de la corte española Tomás Vermay, francés nacido en Burdeos, quien además estableció en La Habana la academia de San Alejandro para la formación de artistas plásticos cubanos. 

El asentamiento en el norte ocurrió hace cuatrocientos noventa y siete años, un día dieciséis de noviembre. 

La excelente ubicación geográfica de su puerto, como llave para controlar la entrada al golfo de México y la cercanía a la península de la Florida, territorio que España incorporó a sus dominios en América, más ser el punto más favorable para el inicio de la ruta de regreso a la península ibérica de las naves que llevaban las riquezas de las colonias americanas contribuyó al importante desarrollo de esta villa. Su puerto fue conocido como puerto de carenas, porque a él venían a carenar los barcos para hacer sus reparaciones y, aún más, gracias a las excelentes maderas de los bosques aledaños, fue propicio establecer en la ciudad un astillero para la fabricación de naves. Todas estas ventajas condujeron al traslado de la capital de la colonia de Santiago de Cuba a La Habana. 


Así se fue desarrollando una gran ciudad cosmopolita y, al mismo tiempo, profundamente patriótica en la que figuras como Aponte y Varela fueron precursores de la causa independentista. En el centro del poder colonial de la isla de Cuba, del archipélago debemos decir, los habaneros fueron capaces de desafiarlo de manera continuada. 

Don José de la Luz y Caballero formó a una generación de patriotas ilustres. Rafael María de Mendive, poeta y maestro revolucionario, fue el mentor del más insigne de los cubanos, José Martí.
Fueron los estudiantes universitarios de La Habana los primeros mártires estudiantiles víctimas de la brutal represión colonial. Su fusilamiento el 27 de noviembre de 1871, bajo falsas acusaciones, quedó en la historia como fecha luctuosa para la juventud y la nación cubana. Ellos fueron los precursores de una tradición de lucha universitaria que tuvo exponentes tan altos como Julio Antonio Mella, fundador de la Federación Estudiantil Universitaria y la Universidad Popular José Martí, además de la Liga Antiimperialista y el Partido Comunista de Cuba. 

Fue La Habana centro de la vanguardia cultural y política del país, el escenario de acción del Grupo Minorista, de la Protesta de los Trece, de la huelga general que derrocó al tirano Gerardo Machado.
Fueron los estudiantes de la Universidad de La Habana vanguardia de lucha contra los males de la república y la escalinata de la Universidad en símbolo de la unidad del estudiantado combatiente. Fue José Antonio Echeverría quien preservó la mejor tradición de la FEU de Mella, la que dio abrigo a la función protesta de nuestra compañía de ballet con Alicia y Fernando Alonso al frente cuando la tiranía de Batista la despojó de los recursos para su funcionamiento. Fue  esa FEU la que reclamó la liberación de los sobrevivientes de los asaltos a los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo que guardaban prisión en la Isla de Pinos. 

Fue de esa FEU que nació el Directorio Revolucionario encabezado por José Antonio  el que firmó el acuerdo de unidad con las fuerzas del Movimiento 26 de Julio encabezado por Fidel durante su exilio en México. El Directorio, para cumplir con lo acordado, tres meses  después de producida la expedición del yate Granma y el inicio de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, organizó el audaz ataque al Palacio Presidencial y la toma de la emisora Radio Reloj en la que perdió la vida el propio José Antonio y otros valiosos combatientes. Las banderas de lucha del Directorio fueron llevadas posteriormente a la lucha guerrillera en las montañas del Escambray bajo la jefatura del Comandante Faure Chomón quien  se unió al Che para la victoriosa campaña final en la provincia de Las Villas que culminó con la toma de Santa Clara y la fuga del tirano Batista.

Ciudad de profundas tradiciones en la que los ingredientes europeos, africanos y chinos fueron mezclando ese resultado especial que constituye nuestra nacionalidad. 

Los habaneros, al llamado de Fidel, realizaron la huelga general de enero de 1959 para desarticular las maniobras que intentaban robarle al pueblo cubano su victoria revolucionaria. 

Fueron los habaneros contribuyentes fundamentales a la campaña nacional de alfabetización y a la forja de las milicias nacionales revolucionarias.

Ciudad de belleza mundialmente reconocida y de tradiciones 

revolucionarias bicentenarias, gran centro de cultura y espacio fértil para las artes y las ciencias,  no detiene su afán de persistencia, de preservación, modernización y desarrollo, conservando su tradicional espíritu fraternal y solidario, su firmeza y alegría.

En este nuevo aniversario de la ciudad no quisiera dejar de mencionar los esfuerzos de un habanero que, siguiendo la enseñanza martiana, no quiso estar torpemente vivo, sino entender una misión y ennoblecerla. La misión de preservar y restaurar el patrimonio de la ciudad y de involucrar a la comunidad en la magna obra es un mérito de Eusebio Leal.

Sabemos que no hay obra grande que lo sea de una sola persona. Son muchas las de mérito necesarias para ello. Pero toda obra tiene un animador visible porque siempre es necesario un liderazgo. Martí nos enseñaba que amar y agradecer son valores humanos esenciales.

 Deseo cerrar esta breve nota con un poema inédito que es parte de varios dedicados a La Habana:

PUERTO CARENAS 

El mar golpea con fuerza el arrecife.
Suben a saltos crestas de espuma salitrosa 
que caen finalmente sobre el muro y la calle.
El viento norte anuncia su llegada invasora
y adelanta un oleaje turbulento.
Hay ráfagas silbantes sacudiendo ventanas,
golpeando las paredes y las puertas.
Son los heraldos húmedos del Ártico
con su aliento de hielo.
No es tiempo favorable ni a bañistas ni a botes;
sólo los grandes barcos de alta quilla,
de anchura suficiente de babor a estribor
y largo andar de proa a popa 
podrán surcar la mar embravecida.
Para la protección de todos los pequeños
y de los mismos otros, los más grandes,
para todos los buques y las embarcaciones,
ahí está, serena y protectora,
la bahía que es Llave del Golfo,
antemural de todo un continente,
enclavada en la tierra más hermosa 
que ojos desesperados vieron.
Puerto Carenas para sanar viajeros,
para dar vida a los necesitados.
Punto de unión de sueños y esperanzas
de un mundo equilibrado y solidario.
¡Ah, mi ciudad natal, hermosa Habana! 
¡Guarda tu tradición y tu futuro!