jueves, 19 de mayo de 2016

Apunte sobre los partidos políticos y la nación

Por: Rolando López del Amo

En el siglo XIX cubano existieron varias tendencias  políticas. Cada una de ellas tenía sus partidarios.
Una defendía el integrismo, o sea, la situación colonial existente, la continuidad de la pertenencia de Cuba a España.

Otra línea, reformista, defendía la autonomía, o sea, el dar más derechos políticos a la población criolla, pero sin quebrantar la condición colonial del país, su pertenencia a España.

Otra línea, también entre los criollos, era la ruptura del vínculo colonial con España e incorporarse, como un Estado más, a los vecinos Estados Unidos de América. Una democracia burguesa en lugar de colonia de un reino, y un  cambio de la identidad nacional históricamente conformada, por el aprendizaje de otra identidad ajena.

Finalmente, y en primer lugar, los que aspiraban, con sentido de nación, a la independencia de Cuba. 



A finales de ese siglo sólo quedaban Cuba y Puerto Rico como residuos coloniales del antiguo vasto dominio español en América.

El genio singular de José Martí concibió la idea de organizar un partido político para lograr la independencia de Cuba. Pero ese partido, desde sus inicios, se propuso también ayudar a ganar también la independencia de Puerto Rico. Además de su carácter anticolonialista, ese partido tenía un carácter anti-anexionista y latinoamericanista y caribeño. En lo interno era  profundamente democrático, combinado con una disciplina establecida en sus estatutos, con órganos de dirección sencillos que se renovaban anualmente. Sus organismos de base eran los clubes y luego elegían organismos superiores de dirección con base territorial, hasta su más alta dirección encabezada por el Delegado. Este partido exigía para sus miembros el estar de acuerdo con sus bases y estatutos, con su programa político. Primero las ideas y después los hombres.

El objetivo del partido era unir a todos los cubanos patriotas, dentro y fuera de Cuba, de distintas clases sociales, color de piel, ideas religiosas, viejos o jóvenes, mujeres u hombres, en la obra de la independencia y el establecimiento de una República Democrática que evitara el nefasto caudillismo de los gobiernos unipersonales y dictatoriales que Martí conoció en México, Guatemala y Venezuela.
Pero esta república tenía su base principal en los trabajadores, ya fueran obreros, campesinos, 
profesionales o empresarios. Y la república estaba abierta a gentes venidas de otras partes siempre que estuvieran dispuestos a respetar la plena dignidad humana y trabajar con los demás para el bien de todos. Era una república equitativa, sin pobres ni monopolios ni riquezas que no se originaran en el trabajo, el estudio, el esfuerzo. Una república honesta que nacía desde los fondos que recaudaba el partido que la crearía. Cero dinero sucio.

Con todas esas virtudes nació el Partido Revolucionario Cubano creado por Martí, con gran sentido de unidad entorno a las ideas, a los principios y con amplia participación de sus miembros en todo  su quehacer.

Sobre los organismos de base y los fondos monetarios del Partido Martí señalaba:  No es el número de clubs lo que importa, sino el ardor de su patriotismo, su magnanimidad y prudencia, la economía administrativa, el empuje y honradez de sus miembros. Unos cuantos pilares, con tal que sean firmes, sostienen una vasta bóveda. Parafraseando a Lenin: más vale poco, pero bueno.

Allegar miembros es su objeto especial y robustecer el tesoro, tesoro seguro

…Del dinero se ha de ver hasta la raíz, porque si nace impuro no da frutos buenos…Importa que el dinero sea abundante; importa más que lo den manos honradas…Todo ha de ser honestidad y limpieza en esto de levantar fondos: ha de vérseles el fin: han de guardarse en caja de cristal. El dinero crea, y quema.

A su pueblo se ha de ajustar todo partido político (3-139)

Y ese pueblo Martí lo caracterizaba de la siguiente manera: 

Pueblo culto, con la mesa de pensar al lado de la de ganar el pan (4-269

Y la república que surgiría de la revolución triunfante  sería así: ¡República es el pueblo que tiene a la derecha la chaveta de trabajador, y a la izquierda el rifle de la libertad! (5-43)

Una República justa y abierta, una en el territorio, en el derecho, en el trabajo y en la cordialidad, levantada con todos y para el bien de todos (1-272)

Con la muerte en combate de José Martí ocupó el cargo de Delegado el ex presidente de la República en Armas Tomás Estrada Palma, residente en los EEUU y convertido en ciudadano de ese país. Al rendirse el gobierno español, Estrada

 Palma dio por liquidado el Partido Revolucionario Cubano. Martí no había tenido tiempo de forjar una militancia partidista de la que surgieran cuadros bien identificados con sus ideas y sus métodos de trabajo. A la liquidación del PRC le siguió la desmovilización del Ejército Libertador. 

Cuatro años de gobierno yanqui interventor dieron paso a una república en la que su recién escrita Constitución sufrió la añadidura de un apéndice aprobado por el Congreso de los EEUU que supeditaba la soberanía de Cuba al gobierno de los EEUU. Para colmo, el primer presidente cubano fue candidato único a las elecciones y  electo mientras permanecía en los EEUU. Este presidente, Estrada Palma, solicitó otra intervención armada de los EEUU y se estableció un segundo gobierno interventor.

Terminada la segunda intervención dos partidos políticos se disputaban el gobierno alternativamente: el Partido Liberal y el Partido Conservador, a la manera que en los EEUU lo hacen los partidos Republicano y Demócrata o en el Reino Unido los partidos Conservador y Laborista, en todos los casos, dos caras de la misma moneda. La amplia base patriótica del Partido Revolucionario Cubano de Martí se había perdido en la república neocolonial que estableció la intervención de los EEUU al final de nuestra última guerra por la independencia.

En 1925, gracias al influjo del triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre en Rusia, surgió en Cuba el Partido Comunista. Entre el grupo de sus fundadores se encontraba Carlos Baliño, uno de los fundadores del Partido Revolucionario Cubano con Martí. También el joven Julio Antonio Mella, líder estudiantil fundador de la Federación Estudiantil Universitaria, de la Liga Antiimperialista y de la Universidad Popular José Martí, cuya figura y pensamiento Mella alentó a rescatar. Otro fundador fue Fabio Grobart, quien luego sería una figura dirigente de ese primer Partido Comunista que, con el nombre de Partido Socialista Popular se integrara con el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo en las Organizaciones Revolucionarias Integradas que ya en 1962 tomaron el nombre de Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba y en 1965 el de Partido Comunista de Cuba, cuyo primer congreso se celebró diez años después. Fabio Grobart fue a nuestro segundo Partido Comunista, lo que Baliño al primero en tanto que símbolos de continuidad revolucionaria.

Antes del triunfo revolucionario del primero de enero de 1959 y en la década de los años cuarenta apareció un nuevo Partido Revolucionario Cubano por su nombre solamente, al que añadían el calificativo de Auténtico, para decir que era como el original. Nada más lejos de la verdad. Ese partido fraudulento al que el pueblo llamaba simplemente Auténtico, era todo lo contrario a los sueños y programas martianos y se destacó por el latrocinio, el gangsterismo  y la corrupción más desenfrenada y un anticomunismo  extremo. De él se desprendió un ala reformista dirigida por Eduardo Chibás que enarbolaba la consigna de vergüenza contra dinero para sanear la administración pública. Se llamó Partido del Pueblo Cubano, Ortodoxo. Junto a esos partidos había sobrevivido, muy debilitado, el Partido Liberal, un Partido Republicano, muy cercano al Auténtico. Fulgencio Batista promovió un Partido de Acción Popular PAP por sus siglas, y otro llamado Partido Acción Unitaria, PAU.  Batista, exilado en EEUU desde 1944, logró ser electo senador en unas elecciones de 1950. Tal condición le garantizaba inmunidad frente a las acciones judiciales. Con esa cobertura pudo regresar a Cuba y orquestar el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, tres meses antes de unas elecciones generales en las que el partido Ortodoxo se perfilaba como favorito, aún después del suicidio de su líder y fundador.

Fue la juventud del partido Ortodoxo la fuente de la que salieron los hombres que fundarían el movimiento revolucionario que tomó el nombre de 26 de julio, después de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en esa fecha del año 1953.

La fragmentación en tantos partidos políticos sólo nos trajo debilidad, división para ser dominados mejor. Al analizar las causas de la derrota de la guerra independentista de los 10 años, Martí señaló la desunión como la principal. El pensaba: 
Cuando un pueblo se divide, se mata (8-336)

 Por eso su empeño en la unidad. Esa fue la misma conclusión a la que llegó Fidel.
Sólo la unidad nos ha permitido resistir y vencer. La división sería abrir la entrada al enemigo. Pero la unidad sólo puede lograrse mediante el consenso sobre objetivos compartidos y la más amplia libertad de opinión para construir los consensos.

Requiere de líderes capaces, de reconocido prestigio y autoridad proveniente de su inteligencia, trabajo y ejemplo, de la capacidad de luchar por el bien común y reconocer los errores cuando los haya y rectificarlos. Se requiere de una democracia representativa y participativa, ambas cosas a la vez. 

La autoridad real del un partido no reside en lo que se establezca en un párrafo de la Constitución, sino en la que el pueblo le reconozca. Un programa correcto, unos dirigentes capaces y una membresía acorde a lo que dice representar es la mejor garantía de prestigio y autoridad.
En nuestro caso, está dicho por el propio compañero Raúl, el partido único tiene que ser profundamente democrático, expresión de los intereses y la voluntad del pueblo que trabaja, produce y sirve. 

La república que se promueve por nuestro Partido Comunista, es una república gobernada por un sistema del poder popular que arranca desde la base bajo la premisa: el pueblo propone, el pueblo elige. Este sistema que parte desde las comunidades no tiene parangón como modelo electoral y hay que proteger su esencia. Sin embargo, la práctica de cuarenta años nos aconseja actualizarlo para hacerlo más efectivo. Y para ello es necesario que el viejo dilema de cómo el Partido ejerce su función dirigente en relación con los distintos niveles del gobierno sea resuelto. 

Si en un municipio o provincia el Primer Secretario del Partido suplanta las funciones del Presidente de las Asambleas Municipales o Provinciales, estamos deslegitimizando el sistema del poder popular, poniendo al mando a alguien que no fue electo por  la base electoral popular correspondiente.
Es necesario que los máximos dirigentes ejecutivos a nivel de municipio y provincia sean electos directamente por la población de las respectivas áreas. Esto hará que se sientan comprometidos con sus electores y con plena autoridad. Para su elección debe seguirse la práctica que se utiliza para elegir a los delegados de circunscripción, o sea, varios candidatos para escoger uno. Los delegados por circunscripción deben ser cuadros profesionales para poder realizar bien su trabajo. Su número podría reducirse a uno por Consejo Popular y todos ellos, junto al máximo dirigente electo, formarían la Asamblea Municipal.  En el caso de la provincia, el Consejo Provincial podría estar integrado por un representante electo por cada municipio..

El papel del Partido será, a través de sus militantes, participar en todos los procesos activamente para que resulten electos los mejores candidatos, sean militantes o no.  

A escala nacional nuestra Asamblea Nacional debe conservar sus actuales funciones, pero debe reducirse el número de sus diputados en un cincuenta por ciento. Los diputados podrían elegirse a razón de uno por municipio entre varios candidatos y y el resto por provincias, proporcionalmente.
La Asamblea elegirá al Presidente y al Vicepresidente de la República y el Presidente  propondrá a la Asamblea al Consejo de Ministros, incluyendo al Primer Ministro.

Esta es una propuesta para abrir la discusión en busca del consenso necesario. Separar las funciones del Presidente y del Primer Ministro puede ayudar a una mejor división del trabajo. La eliminación de los Viceprimeros ministros aligeraría la carga burocrática y daría a los Ministros la autoridad que les corresponde, como se hizo en los primeros años de la revolución. El Presidente, como Jefe de Estado, sería el jefe de los cuerpos armados de defensa y orden interior y se ocuparía de orientar la política exterior. El Primer Ministro se ocuparía del resto de las funciones de la administración.
Que los cambios que decidamos hacer se correspondan con nuestra experiencia histórica y den respuesta efectiva a las necesidades y aspiraciones del pueblo cubano.

Los actuale CDR, nuestros Comités de Vecinos, pueden ser la base de nuestro sistema del poder popular en lugar de una organización vertical. Los  comités de vecinos son la fuente de propuestas de cuadros, junto a otras organizaciones de masas y sociales, y son la base de apoyo al trabajo de los Delegados, a la vez que sus supervisores.

Un amigo decía en broma que las estadísticas eran como las trusas bikinis, que mostraban muchas cosas, pero escondían lo más importante..  Creo que exageraba, aunque sí no debemos contentarnos sólo con ellas. Son indicativas, pero no absolutas. Por ejemplo, no basta con mostrar porcentajes, en la composición de instituciones, del número de mujeres, jóvenes, personas de piel más oscura o clara o negros y mulatos o pardos o morenos según la nomenclatura de la colonia. Yo prefiero la posición martiana contra los que estigmatizaban a los hombres por el color de la piel y afirmaba que ser cubano era más que ser negro, milato o blanco, porque ser hombre es más que esos tres tintes de la piel. El decía: Debe cesar esa alusión continua al color de los hombres (1-378) Y decía más: 
dígase hombre y ya se han dicho todos los derechos…Todo lo que divide a los hombres, todo lo que los especifica, o aparta o acorrala, es un pecado contra la humanidad

Hay que cuidar que en todo haya una representación que refleje el país que somos y el que queremos ser, pero lo esencial es que a los cargos de responsabilidad llevemos a las personas más idóneas, a aquellas personas capaces y dispuestas a trabajar por el bien de los jóvenes, las mujeres, los negros, los mulatos, los blancos, los niños, los ancianos, en fin, por el bien de todos.

Como nos advirtió José Martí:    Si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la república (6-21)