sábado, 9 de abril de 2016

EL CONGRESO Y EL PAÍS

Por: Jorge Gómez Barata

El Partido Comunista de Cuba, al que constitucionalmente corresponde trazar el rumbo del país y diseñar el futuro de la nación y del pueblo, tiene metas definidas, pero no programas y fórmulas para alcanzarlas. La carencia se debe a que los presupuestos doctrinarios, así como el modelo y las políticas económicas derivadas; quedaron virtualmente rebasados ante el fracaso del modelo establecido en Unión Soviética y Europa Oriental. 

Algunas corrientes de opinión e individuos que comparten los objetivos generales del proyecto socialista original creen que las reformas económicas tendrían mejor efecto si fueran acompañadas por innovaciones políticas, constitucionales, electorales, y jurídicas, encaminadas a la democratización de las instituciones, incluido el Partido y el parlamento. El conjunto, pudiera dar lugar a un socialismo renovado, próspero, sustentable, e inequívocamente democrático.

Otros puntos de vista, también legítimos, consideran innecesarias tales reformas, las tildan de concesiones, sospechan que puedan favorecer la penetración de ideas extrañas, e incluso conducir a la restauración capitalista. El Partido, que en lo adelante deberá conducir una sociedad no hegemónica, puede mediar entre los distintos actores sociales, e indicar el camino correcto. 
 
Soy parte de las generaciones que acogieron como la mejor opción la propuesta socialista de los años sesenta que prometía un destino común, feliz y dichoso para todos los cubanos. En aquel proyecto, el estado, el Partido y sus líderes, se encargaban de diseñar el destino de todos. 

Las circunstancias han cambiado, y aunque el estado y las autoridades políticas mantienen su preocupación por el bien común, y mediante políticas públicas se esfuerzan por los asuntos colectivos, paulatinamente se abre paso la necesidad de que cada familia e individuo diseñe su propio destino, y en lo fundamental, lo sustente con sus propios recursos. 

Corresponde a la vanguardia política, especialmente al Partido, proponer estrategias en todos los ámbitos de la vida social, para complementar las opciones individuales y convertir la suma de ellas en metas en metas compartidas y en empeños nacionales. 

Por ese camino el próximo congreso pudiera avanzar en proponer a los cubanos un proyecto de país adaptado a las nuevas circunstancias y exigencias mundiales, y que sea coherente con sus expectativas personales. Tal vez el cometido no sea completo ni terminado, y quizás no pueda satisfacer a todos, pero la vanguardia tiene que intentarlo. Allá nos vemos.