martes, 19 de abril de 2016

DESAFÍOS Y PARADOJAS

Por: Jorge Gómez Barata

Aunque a velocidades diferentes la sociedad cubana cambia, se diversifica, se complejiza, y se torna social y económicamente plural, con ella lo hacen los ciudadanos, las instituciones, incluso los líderes, que pronto serán otros. El modo de ejercer los liderazgos y hacer política será necesariamente diferente. Algo semejante ocurrirá respecto a la proyección internacional.
    
Cualquiera que sea el resultado, con el VII Congreso, el Partido Comunista de Cuba dejará la zona de confort en que operó el pasado reciente, adentrándose en áreas de turbulencias. Ahora le corresponde diseñar los cambios, conducirlos, y ser parte de ellos. Es su misión y su destino. El Partido irá donde vaya la sociedad cubana. 


La aparición del sector no estatal de la economía, formado por alrededor de un millón de trabajadores por cuenta propia, cooperativistas, tenedores de tierras, artistas, literatos, promotores y cineastas independientes que participan en el mercado nacional e internacional del arte, atletas y entrenadores contratados por clubes extranjeros, profesionales que por su cuenta laboran en el exterior, emigrados retornados y que interactúan con el país, forman un escenario enteramente nuevo. 

Los emprendedores que debutaron como estrato socialmente reconocido en diálogo directo con el presidente de Estados Unidos, adquieren personalidad propia. Aunque se hacen esfuerzos por evitarlo, no será posible contener por siempre el auge de las pequeñas y medianas empresas privadas, incluyendo las de alta tecnología, y los sectores avanzados en publicidad, diseño, e informática. 

Será necesario legislar en torno a los derechos de los trabajadores del sector privado y asumir sus intereses y formas de expresión sindicales.   

De esos escenarios forman parte elementos lamentables y peligrosos como son las desigualdades, la pobreza, las inequidades y la opulencia, la precarización del empleo, el sector informal, y ciertas manifestaciones de nihilismo, indiferencia y vandalismo que no pueden ser ignoradas.   

El acceso a INTERNET, el correo electrónico, la telefonía móvil y el wifi, así como el debut de las redes sociales y la blogosfera, el fin de prohibiciones absurdas, la reforma migratoria y el auge de la religiosidad, los viajes de ida y regreso, incluso el envejecimiento, que pone fuera de combate a elementos del núcleo duro original y cierta despolitización de elementos jóvenes, matizan los entornos.

La homogeneidad social de la sociedad cubana, el exclusivismo ideológico y la unanimidad que un día la caracterizaron, están trascendidos.      

Algunas de esas mutaciones, aún sin identidades definidas, desde hace algunos años ingresaron al propio Partido, organización en la cual conviven marxistas y creyentes, machistas homofóbicos con los homosexuales, y se debate la supervivencia de manifestaciones de racismo, y hay desacuerdos en torno al matrimonio igualitario y otros asuntos. 

Un ejemplo reciente fue la visita del presidente Barack Obama, en torno a la cual la prensa, en su totalidad dirigida por el Partido, aunque con un lenguaje cuidadoso y a veces confuso de “sí pero no”, adoptó matices respecto al punto de vista oficial y a la reacción popular.    

No hay manera de evitar que tales diferencias, en algún momento y de modo específico, adopten expresiones políticas que muchas veces sumarán sus puntos de vista a los enfoques tradicionales, y en otros plantearán innovaciones y adecuaciones. Los nuevos actores sociales apoyarán el discurso político tradicional en tanto perciban que ellos y sus intereses son representados. Cuando eso no ocurra, actuarán en consecuencia. En algún recodo del camino aparecerá la oposición leal o responsable. Es una ley natural.       

Al inscribir en la Constitución aprobada en 1975 el precepto de que “…El Partido es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado…”, la organización obtuvo todo el poder, pero también asumió un enorme compromiso. Ese principio obliga al Partido a ser vanguardia de toda la sociedad y no de partes de ella, y acoger las demandas y aspiraciones de todos los sectores. 

El hecho de que en América Latina, al menos en términos de la izquierda, el concepto de los partidos de clases haya sido trascendido, y se imponga el accionar de los movimientos sociales y otras formas de agrupación, probablemente comience a adquirir identidad en Cuba, donde desde siempre Fidel Castro evitó acentuar el protagonismo de alguna clase, adoptando una prédica más inclusiva, que aludía sobre todo al pueblo.

Para ejercer a plenitud el papel de vanguardia política el Partido tiene que ser generador y portador de las ideas más avanzadas y de las iniciativas más audaces. Cambiar la mentalidad es más que actualizarla. Y “cambiar todo lo que deba ser cambiado” es un precepto revolucionario con el cual es preciso ser consecuente.