sábado, 23 de abril de 2016

BENEFICIOS COLATERALES

Por: Jorge Gómez Barata 

Los eventos bélicos o violentos producen efectos colaterales dañinos, mientras que las acciones pacíficas, los diálogos y los entendimientos entre partes no identificadas, incluso cuando asumen posiciones encontradas, generan desbordes positivos. Así ha ocurrido con la visita del presidente Barack Obama a Cuba, especialmente con su discurso dirigido a la sociedad civil cubana.    

Compártanse o no sus premisas y sus conclusiones, fue bueno escuchar la charla. Además de una acción política cuidadosamente calculada, fue lo que quizás nadie esperaba: un evento cultural en el cual se expusieron argumentos cuya difusión por la radio y televisión nacional, han dado lugar a reflexiones y debates que benefician a la academia y la cultura política cubana, que hasta la víspera padeció de un brutal aislamiento prolongado por medio siglo.


Excepto las críticas de Fidel Castro a los manuales soviéticos de marxismo-leninismo, algunos pronunciamientos del Che Guevara, especialmente en su opúsculo El Socialismo y el Hombre en Cuba, y la anécdota protagonizada por el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana y la revista Pensamiento Crítico, en el último medio siglo, en Cuba no ha tenido lugar un auténtico debate teórico e ideológico. 

No omito la intensa y dilatada confrontación de los primeros años con la contrarrevolución, el imperialismo y los esfuerzos para neutralizar el anticomunismo, que incluyó una vindicación de la Unión Soviética y la gestión para la difusión entre la vanguardia revolucionaria y las masas de las ideas socialistas y marxistas-leninistas. Parte importante de aquel esfuerzo fue la reevaluación de la historia patria y del pensamiento de los próceres, en particular de José Martí. 

Aquellos procesos tuvieron un carácter predominantemente político, ideológico y propagandístico, y de ellos las ideas marxistas-leninistas emergieron como hegemónicas, con carácter consolidado cuando en 1976 fueron definidas por la Constitución como filosofía oficial. La naturaleza exclusiva de ese pensamiento, virtualmente opacó todas las otras manifestaciones. 

Ese panorama comenzó a cambiar cuando en los años noventa del pasado siglo los países socialistas de Europa Oriental y la Unión Soviética dejaron de existir, y las versiones distorsionadas del pensamiento marxista que habían estado vigentes, experimentaron un claro retroceso en todas partes, abriéndose un debate acerca de su pertinencia. 

La reinserción de Cuba en los ambientes internacionales, en los cuales el capitalismo y el pensamiento liberal son hegemónicos, la aspiración de integrarse a la economía global, y la apertura al mundo que ello conlleva, y más recientemente el inicio de la normalizaron de relaciones con Estados Unidos, especialmente la visita del presidente Obama, durante la cual defendió los conceptos del liberalismo económico y político; abren una nueva etapa en el debate ideológico en la Isla. 

Difícilmente las nuevas estrategias cubanas, en especial la reforma económica basada en la convivencia del sector público con una poderosa área privada y cooperativa, la apertura a grandes inversiones extranjeras, el acceso a fuentes crediticias, a los mercados de capitales y al comercio mundial, puedan avanzar sin conocimientos profundos del pensamiento económico y político, así como de las ideas dominantes en los ámbitos mundiales. 

Obviamente no se trata de fenómenos exclusivamente académicos, sino de procesos que abarcarán a amplios sectores, e impactarán sobre las estructuras sociales. De cara a las realidades y demandas de la coyuntura y del desarrollo de los acontecimientos, los atrincheramientos, los dogmas y los prejuicios son estorbos, y la apertura al debate y los intercambios ideológicos, sin concesiones ni ingenuidades, la mejor opción. 

No hay que lamentar que la era del exclusivismo ideológico haya sido trascendida, sino aprovechar las oportunidades culturales y políticas que ello ofrece. Allá nos vemos.