jueves, 31 de marzo de 2016

Tres males

Por: Rolando López del Amo

En un reciente programa de Cubavisión Internacional sobre temas cubanos de actualidad el investigador de la obra martiana Pedro Pablo Rodríguez mencionaba, como tres grandes problemas a resolver, la burocracia, la ineficiencia y la corrupción. Es evidente que estos tres problemas se refieren a nuestra administración pública, incluyendo el sistema empresarial.

En apoyo de esta observación aparecen los informes de las acciones de la Contraloría General de la República y numerosas denuncias presentadas por nuestra prensa nacional.


Las causas de estos tres males tienen como factor común la debilidad de las direcciones de organismos y empresas. Ó bien son direcciones ineptas o direcciones cómplices. Si la cabeza anda mal, todo lo demás la sigue.

Para combatir la ineficienia hay que lograr que las personas mejor preparadas ocupen los cargos; que sean personas idóneas para lo que se necesita hacer.  Sólo con gente preparada para su oficio u ocupación y una dirección superior que supervise y exija y sancione y premie según el caso, se puede combatir con éxito la ineficiencia. Si a ello se le añade el control sistemático por el colectivo de trabajadores sobre  lo que se hace, se logra otro elemento de la mayor importancia. Esto último es parte de la acción del sindicato.

Para que lo dicho anteriormente funcione es indispensable que los trabajadores se sientan compenetrados con su trabajo y vean en él un medio de subsistencia decorosa y gratificante que le permita cubrir las necesidades propias y de su familia dependiente.  Ese famoso sentido de pertenencia se logra si vale la pena pertenecer a lo que se trate. Hoy sobran los ejemplos de que cuando el salario cubre las expectativas razonables de los trabajadores  aumentan la productividad y la producción o mejora el servicio que se ofrece. 

El ingreso del trabajador, de cualquier rango, debe estar vinculado a los resultados de su trabajo. Lo que no puede estimularse es el afán de lucro fácil por medios usureros o delincuenciales, sino el resultado del esfuerzo, la calificación, el trabajo honesto y bien hecho. A mejor rendimiento, mayor ingreso. Caso contrario, la cotidianidad torna la vida en un sálvese el que pueda y un todo vale. 

Para combatir los tres males hay que aplicarle tres antídotos: Dos de ellos están expresados en la conocida fórmula de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo. 

Para cubrir los puestos de trabajo esclarecer los requisitos y abrirlos a oposición pública. 

Frente a la burocracia y la corrupción el control popular.
Administraciones transparentes, sin secretismo. Y, por supuesto, el ordenamiento legal correspondiente y su aplicación. Para los infractores, las sanciones administrativas y, si tal fuera el caso, los tribunales de justicia.

Para alcanzar una sociedad que disfrute de una prosperidad sostenible hay que lograr controlar las deformaciones burocráticas, generalmente improductivas, y administrar y producir con eficiencia y asestar un golpe de muerte a la corrupción.

Después de años  desconcertados en el período posterior al derrumbe del socialismo europeo al que estábamos estrechamente vinculados mediante el CAME, logramos en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, si no un programa, un conjunto de Lineamientos económico-sociales que indicaban un rumbo, una guía para nuestra sociedad. También el Partido, en su Conferencia Nacional, acordó decisiones para regularizar su trabajo. Y esto es vital, porque el Partido debe ser el alma de nuestra sociedad, su inspiración y guía. Y eso no se logra porque lo digan sus estatutos o la Constitución de la República, porque la verdadera autoridad es la que el pueblo le reconoce por su actuación.

La batalla por enfrentar con éxito los tres males señalados por Pedro Pablo Rodríguez se gana con la clarividencia y ejemplaridad del Partido como aglutinador de la sociedad a traves de sus instituciones de gobierno y las de la sociedad civil, o sea, las organizaciones de masas y sociales, y los sectores de producción y servicios, tanto de propiedad estatal como cooperativa o privada. Y este esfuerzo comienza en el seno de la familia, sigue en la escuela y el resto de la sociedad, en la que sus medios de comunicación social desempeñan un papel de primerísimo orden.

En los últimos años hemos rectificado muchos errores –como aquellas prohibiciones absurdas de las que ya ni nos acordamos-  y resuelto graves problemas como la renegociación de la gigantesca deuda externa y la condonación de la mayor parte de ella. Cuba goza hoy de un altísimo prestigio internacional ganado con mucho esfuerzo y sacrificio y con inteligencia. Nos resta ahora ordenar la casa adentro, haciendo las cosas bien y sin justificaciones ajenas a la verdad.