jueves, 31 de marzo de 2016

PALABRAS+VALOR AGREGADO

Por: Jorge Gómez Barata  

Nunca pensé asistir al momento en que desde Cuba un presidente de Estados Unidos fuera criticado por utilizar un lenguaje almibarado hacia la Isla. Sin embargo ocurrió. Así es la política: dialéctica, complicada, diversa, coyuntural, e hija de las circunstancias. Según Fidel Castro la más complicada y difícil de las de las ciencias sociales.

Tal vez lo que Fidel advierte en su más reciente artículo “El Hermano Obama”, es que     ha llegado el momento en el cual el diferendo entre Cuba y los Estados Unidos pudiera dirimirse en otros ámbitos y espacios, y con otras herramientas. En lugar de las armas se utilizarán los negocios, el bloqueo será sustituido por intercambios e inversiones, y las palabras que antes se usaron para amenazar y ofender, servirán en lo adelante para la seducción política. Tal vez ha comenzado la verdadera batalla de ideas. 


Aprovechando sus dotes oratorias, acompañadas por asesorías calificadas y tecnologías avanzadas, Barack Obama puso en circulación ideas y argumentos que nunca formaron parte del arsenal estadounidense respecto a Cuba. El discurso, forma de comunicación política a la que los cubanos están habituados, y en la cual los acentos, la expresión corporal, y la relación directa con el auditorio, influyen poderosamente; fue utilizado para visibilizar ideas y envolver propuestas. De hecho Obama ha realizado un lavado de rostro, y estrenó una nueva imagen. 

Los redactores del discurso y su protagonista aprovecharon el impacto de la visita y los efectos de los cambios operados desde diciembre de 2014 para exponer nuevos contenidos y procurar efectos diferentes, entre otras cosas porque es otro quien las pronuncia, y distintos aquellos que las escuchan. Nadie pudiera imaginarse a Eisenhower, Nixon, o W. Bush, intentando impactar a las élites, los sectores emergentes, o a la juventud cubana. 

 Aunque me conecto con su lógica, no comparto plenamente el punto de vista predominante en diversos círculos de la Isla según el cual Barack Obama carece de méritos como estratega e ideólogo, y que aprovechando ciertas coyunturas, opta por cambiar de táctica para lograr lo mismo que sus predecesores, de otra manera y por otros medios. De ser así no habría virtud alguna en su gestión, y no valdría la pena perder el tiempo con él.

A mi juicio Barack Obama es un intelectual que sin palancas ni apoyos, utilizando las ventajas de un sistema que para los de su condición tiene demasiadas desventajas, alcanzó el más relevante de los cargos políticos del mundo, cree en lo que hace, y del futuro tiene una visión diferente a otros elementos de la clase política estadounidense. Tal vez no intenta recolonizar a Cuba, ni ejercer sobre ella violencia o tutela, sino sumarla a la corriente general hacia donde el mundo se desplaza, y disolverle su impacto y su protagonismo. 

Quizás para Obama, como antes ocurrió con Roosevelt que desmontó la Enmienda Platt, evacuó las tropas de Haití, y más adelante se alió con la Unión Soviética para enfrentar a Hitler. O de Kennedy, que ideó la Alianza Para el Progreso, alentó los esfuerzos desarrollistas, e intentó un diálogo con Fidel, no se trata solo de Cuba, sino de América Latina, a la cual las malas prácticas políticas estadounidenses enajenaron de Estados Unidos. 

Tengo la impresión de que el saliente presidente no cree en la gravedad política, según la cual, automáticamente los pueblos de la región vivirán eternamente atrapados en la órbita norteamericana. Probablemente trata de cambiar los objetivos, la estrategia, y la historia, porque cree que es lo mejor para su país. La idea no es nueva. 

Cuba por su parte comprende que, de cara a la inevitable y deseada inserción en el mundo global, la integración, la complementariedad, y también la solidaridad, serán piezas claves, y el aislamiento una circunstancia fatal. La insistencia del presidente Raúl Castro de procurar la unidad o la cooperación en la diversidad, es una doctrina no solo pragmática, sino ideológicamente enfocada. 

En cualquier caso Raúl Castro aceptó el reto y recibió al mensajero. Tal vez haya otra oportunidad cuando le toque a él viajar a Washington. Donde las dan las toman. Allá nos vemos.