miércoles, 2 de marzo de 2016

DE CARA AL VII CONGRESO DEL PARTIDO (III)

Por: Jorge Gómez Barata 

Aunque en varios de los congresos del Partido Comunista se aprobaron tesis y programas destinados a orientar la construcción del socialismo en Cuba, especialmente el sistema económico, la actividad del estado, la labor ideológica, y el conjunto de las instituciones; nunca se realizó un auténtico debate teórico en torno a las opciones de la Revolución y el país. 

Ello se debió a que los llamados documentos rectores, incluidos el Programa del Partido y la Constitución, se elaboraron a partir de ideas, referentes históricos, y preceptos teóricos establecidos de antemano, avalados por las experiencias soviéticas, y compartidas por el ciento por ciento de los delegados, que se limitaron a adoptar las propuestas de los círculos dirigentes.


Algunos de aquellos enfoques han sobrevivido a sus autores, se mantienen vigentes, y los operadores de las reformas tratan de preservarlos, y en algunos casos los asumen como cuestiones de principio, cuando en realidad resultan instrumentos que han perdido eficacia e idoneidad, sirvieron para orientar la vida social y la actividad del estado y del Partido, fueron útiles para concebir políticas sociales, culturales, y científicas, que ahora son inadecuadas. 

Otra característica de ese esfuerzo es la creencia de que las imperfecciones económicas pueden ser corregidas desde la propia economía, utilizando los mismos procederes con que se entronizaron los defectos. De hecho, apenas se ha mencionado la pertinencia de extender las reformas a ámbitos políticos. 

Probablemente el más grave problema de las reformas en Cuba es que se trata de rectificar un entramado económico, social, e incluso político, sin alterar sustancialmente sus bases, sin modificar sus formas, y sin entronizar nuevos conceptos, y además, utilizando las viejas herramientas. 

La fidelidad a preceptos económicos y políticos que formaron parte del modelo soviético y que se consideran no solo válidos, sino intangibles o intocables; el  uso de categorías ambiguas, y la entronización de prácticas económicas ineficaces, han impedido reflexiones variadas e integrales de mayor calado. 

Todo parece indicar que en el VII Congreso del Partido puede haber un escenario diferente cuando se someta a consideración de los delegados la denominada fundamentación teórica del modelo de sociedad socialista a que Cuba aspira y puede sostener. 

De lo que se trata esta vez no es de ratificar el anterior consenso, sino de crear uno nuevo. Ahora es preciso concebir metas que puedan ser compartidas y alcanzables, y de diseñar un proyecto de país que disfrute de apoyos mayoritarios y sea  atractivo para los que habrán de realizarlo. La tarea de los delegados es compleja, y grandes las expectativas de quienes esperan respuestas. Allá nos vemos.