lunes, 14 de marzo de 2016

ABRIR Y CERRAR LA MURALLA

Por: Jorge Gómez Barata  

Al aludir a la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, con frecuencia utilizo la imagen de los norteamericanos que regresan con los “cañones enfundados”. La expresión se la escuché al doctor Eusebio Leal, quien en otra oportunidad y en mi presencia apuntó que: “Si bien los americanos siempre han estado al acecho, hay que cuidar a quienes desde dentro quisieran “abrir las murallas…”

La idea de “los cañones enfundados” la expuso una tarde de mayo de 1995, cuando en cumplimiento de los acuerdos migratorios suscritos entre ambos países, en el muelle de Orozco, Pinar del Río, atracó el Baranof, un guardacostas de la Armada de Estados Unidos que trajo de vuelta a personas que habían intentado llegar de modo irregular al país norteño, y fueron capturadas en el mar. Eusebio captó la imagen del buque con sus “cañones enfundados”, y sobre todo el potencial de cambio que la misma contenía. 


Estuve allí acompañando en sus labores reporteriles a Nicolás Ríos, un brillante periodista cubano que entonces editaba en Miami la revista Contrapunto, y que dedicó una portada al suceso, y difundió lo dicho por Leal. 

La otra expresión, muy a propósito del momento en que se dan pasos en la normalización de las relaciones con los Estados Unidos, la expresó Leal en abril de 1994, en alguna actividad asociada a la Conferencia la Nación y la Emigración, un evento que tributó a la normalización de las relaciones entre la nación cubana y los nacionales y sus emigrados.        

En aquel foro, Abel Prieto, otro intelectual de altísimo vuelo, solidas convicciones, y como Eusebio dotado de un don para crear frases y dibujar con ellas imágenes trascendentales, aludiendo a la probable existencia de un potencial político que hipotéticamente pudiera dar lugar a una especie de “Quinta Columna” ideológica, habló de una “veta plattista”* en la idiosincrasia isleña.         

Esas imágenes de alguna manera expresan contenidos emergentes en el debate político interno, que a partir del 17 de diciembre de 2015, fecha del inicio de la fase pública del proceso de normalización de relaciones entre los dos países, se ha intensificado, renovado, y matizado.

De ese entramado forman parte las buenas nuevas por las victorias logradas frente a políticas injustas y criminales, el júbilo a veces exagerado por los “cañones enfundados”, y las reservas y suspicacias de los que temen una reconquista yanqui. Se trata de nuevos datos incorporados al debate ideológico interno.

La “veta anexionista” es menos preocupante, porque quienes padecen el síndrome, se cuidan de manifestarlo, y carecen de influencia y capacidad para promover su discapacidad ideológica. Hay otros, algunos de los cuales se expresan en medios de información no convencionales, que sin hacerlo abiertamente, exponen reservas acerca de la pertinencia de las medidas tomadas, los pasos dados, incluso el modo como el liderazgo cubano conduce los procesos. 

Ninguna de las corrientes presentes en la opinión pública nacional son hostiles ni perjudiciales, sino todo lo contrario, forman parte de la complejidad de la sociedad cubana de hoy, y de la dinámica que envuelve a los círculos dirigentes, las organizaciones políticas, y la sociedad civil, que se enriquece y expande con la normalización, el levantamiento del cerco, y el fin de la condición de plaza sitiada. 

Ese ambiente viene al encuentro de reflexiones y elementos promovidos o alentados por las reformas, que desde antes se habían puesto en marcha. El proceso, intensificado con la visita del presidente Barack Obama continuará, se enriquecerá, y complejizará con otros hitos. 

Veremos nuevos, interesantes, y difíciles debates. Enfoques audaces, atinados o equivocados, pero siempre pertinentes. Nadie ha dicho que de ahora en adelante, para las esferas ideológicas será más fácil. Allá nos vemos.