lunes, 1 de febrero de 2016

EL CAMINO CORRECTO ES LARGO


La reacción del liderazgo venezolano ante el revés electoral del 6D es adecuada porque asume que los problemas del proceso obedecen tanto a fenómenos circunstánciales como a deformaciones estructurales, principalmente económicas y políticas. Ahora se comprende que la estrategia revolucionaria no podía circunscribirse a entronizar rangos de justicia social mediante una mejor distribución de la renta petrolera, sino que era preciso trascender el rentismo petrolero e insistir en el desarrollo del país.  

Hoy parece haber conciencia de que, en las presentes circunstancias, para lograr esos cometidos es preciso avanzar en tres direcciones.

(1)   Promover una rectificación integral de la doctrina económica nacional que ha estado basada casi exclusivamente en el disfrute de la renta petrolera, vigente durante casi 100 años, y retomar el enfoque desarrollista que en un principio propuso Hugo Chávez.

(2)   Revisión de las políticas impulsadas por la Revolución, que han descansado en la utilización de los lucros del petróleo para honrar las enormes deudas sociales adquiridas por la oligarquía a lo largo de doscientos años, saldar  desmesurados gastos públicos, y satisfacer el consumo.  

(3)   Avanzar en la formación de consensos y concertaciones nacionales, incluyendo un difícil diálogo entre el gobierno y oposición.

Se trata de reformas urgentes, de gran complejidad y enorme escala, que es preciso realizar en difíciles condiciones económicas, financieras, y políticas, de las cuales depende el proceso en su conjunto.

La pregunta del momento, y de cuya respuesta se derivan la táctica y la estrategia revolucionaria, es si programas de emergencia de esa naturaleza, envergadura, complejidad, pueden realizarse a los ritmos que las circunstancias exigen en un país dividido, y con instituciones confrontadas.

Debido a lo obvio de la respuesta aparece la necesidad de realizar acciones de gran calado, que aproximen a los grandes factores de la vida política nacional, principalmente al gobierno y la oposición, para lo cual es preciso promover un diálogo, y evitar nuevas confrontaciones, e inevitablemente hacer concesiones de las partes.

No se trata de maniobras cosméticas ni de ganar tiempo, sino de un repliegue estratégico y de un rediseño del proyecto, para lo cual la dirección revolucionaria necesita adoptar decisiones altamente complejas, y elevados riesgos políticos.

En contextos difíciles, con los precios del petróleo a nivel de liquidación, las reservas menguadas, y la actividad económica semiparalizada, el país deberá encontrar recursos financieros para reactivar la industria, desarrollar la agricultura, producir alimentos, sustituir importaciones, y avanzar en áreas específicas,  alguna de las cuales deben comenzar prácticamente de cero.

Entre tanto es preciso financiar la adquisición de materias primas, maquinaria, tecnologías, alimentos y artículos de consumo demandados por la población, y honrar las deudas que el país ha adquirido.

A los magros recursos que ahora proporciona el petróleo, vendido a precios que comienzan a aproximarse a los costos de producción, el país deberá sumar los que obtenga de ahorros obtenidos mediante inevitables reducciones del gasto público, moderación en las políticas sociales, y aplicación de medidas fiscales de emergencia.


En situaciones, aunque de diferente origen pero igualmente dramáticas, ante la desaparición de la Unión Soviética y todo el campo socialista Fidel Castro llamó a salvar las conquistas esenciales, lo cual implicó una dramática redefinición de prioridades, y el inicio de un período de austeridad que un gobernante europeo comparó con el espíritu numantino.