lunes, 1 de febrero de 2016

Del pleno de la CTC

Por: Rolando López del Amo

En la información que el Noticiero Nacional de Televisión ofreció sobre la reunión plenaria de la CTC, su Secretario General  mencionó, enérgicamente, su rechazo a la penalización salarial de los trabajadores por causas ajenas a su voluntad. Y es que la burocracia empresarial, y la burocracia en general,  carece de la cualidad esencial que hermana el pensamiento de los grandes revolucionarios de la humanidad, no importa en que geografía nacieron y vivieron. Un ejemplo lo tenemos en las figuras de José Martí y Carlos Marx. Martí escribió en sus versos: con los pobres de la tierra/ quiero yo mi suerte echar. Y en su artículo a la muerte de Marx dijo sobre el insigne pensador revolucionario: porque se puso del lado de los pobres merece honor. 

Históricamente, los pobres han sido los proletarios, los que solamente poseen su fuerza de trabajo para sobrevivir y alimentar y cuidar de su familia. Para el bien de esos proletarios dedicaron lo mejor de sus vidas Martí y Marx.


La burocracia, en cambio, es un engendro del poder, constituido por las clases dominantes. Y es al poder, no importa cuál sea,  al que la burocracia se siente vinculada y subordinada. Es por ello que el único antídoto contra los abusos de la burocracia radica en el control popular, efectivo y verdadero.  

Un amigo mío afirma que dentro de nuestra burocracia existen dos tipos que son muy dañinos: la burrocracia y la barocracia. El primero, por su torpeza e incapacidad de tomar decisiones inteligentes y correctas. El segundo, derivado del cubanismo de llamar baro al dinero, por su condición corrupta ante el soborno. 

No por gusto Lenin, para garantizar el triunfo de la revolución de 1917, lanzó la consigna de: todo el poder para los soviets. Los soviets eran los consejos de soldados, obreros y campesinos, una forma organizativa que había surgido cuando la revolución de 1905, doce años antes que la dirigida por Lenin. En los soviets estaban representados los trabajadores, los pobres de la tierra, los proletarios. En ellos vio Lenin la estructura adecuada para gobernar y dirigir la revolución socialista. Lenin no lanzó la consigna: todo el poder para el partido bolchevique, el partido comunista, sino para las organizaciones del pueblo revolucionario, dentro de las cuales los comunistas desempeñarían un papel dirigente por sus ideas, su programa de gobierno y su ejemplo personal, por lo que los demás reconocieran en ellos y no por un decreto. La función dirigente había que ganarla.

Y me pareció que el llamado del Secretario General de la CTC a los dirigentes sindicales iba dirigido en este sentido leninista. Y esto es esencial en época de mucha complejidad para Cuba, cuando iniciamos nuestra nueva política económica y se restablecen las relaciones diplomáticas con el vecino poderoso.

La esencia del sindicato es la defensa de los intereses de los trabajadores, no sólo los de un centro de trabajo, sino de toda la nación. Pero tal como explicó Martí su concepto de que patria es humanidad, pues la patria es la parte de la humanidad en la que nos tocó nacer y al defenderla y trabajar por ella lo hacemos también por el todo del que es parte, la defensa de los intereses de los trabajadores de la sección sindical es la parte del todo que hay que defender  como contribución al todo. 

Bajo ningún concepto debe aceptarse el abuso burocrático de quienes se preocupan más por su interés que por el bienestar de todos, que es el objetivo de la revolución cubana de Céspedes a Martí y de Martí a nuestros días. Ese ha sido el pensamiento de Fidel y el llamado de Raúl a lograr un socialismo próspero y sostenible.