viernes, 26 de febrero de 2016

DE CARA AL VII CONGRESO DEL PARTIDO (II)

Por: Jorge Gómez Barata 

Se conoce que la dirección cubana trabaja en una fundamentación conceptual del modelo de sociedad socialista sostenible para Cuba. Obviamente la necesidad de un nuevo modelo implica el abandono del anterior. Nadie conoce el alcance del distanciamiento. Seguramente el VII Congreso ofrecerá respuestas. 

El liberalismo dio lugar al capitalismo y no a la inversa. La entronización de la democracia y de las libertades económicas que ella comporta, acompañada por regulaciones estatales y políticas sociales razonablemente apropiadas, dieron lugar al  crecimiento económico, y al bienestar en los países desarrollados durante los siglos XIX y XX. 


La instauración de la democracia, a la que Occidente llegó paulatina, desigualmente, y con enormes costos sociales, formó parte de procesos que incluyeron la formación de los estados nacionales, el auge de la ilustración, la Revolución Industrial, la transformación de los conceptos jurídicos acerca de la propiedad, la urbanización, y la incorporación de las mayorías a la actividad productiva.

Todo ello condujo a lo que Carlos Marx denominó liberación de las fuerzas productivas y la creación de nuevas relaciones de producción, fenómeno coronado por las revoluciones sociales del siglo XVIII. Las revoluciones y la democracia son parte de un mismo proceso, y oponer unas a otras constituye un grave error.   

Como parte de la crítica a las bases conceptuales del capitalismo y al modo salvaje como se expresaba en el siglo XIX se cuestionó el sistema político, incluidas las nociones acerca de la democracia, dando lugar al surgimiento de un pensamiento alternativo, y a partir del tronco común constituido por el marxismo, se manifestó con diversos contenidos y formas. 

A mediados del siglo XIX el pensamiento político europeo se dividió en varias corrientes. Una de ellas fue el comunismo, que bajo la conducción de Lenin y los bolcheviques, aprovechando una coyuntura histórica excepcional, alcanzaron el poder en Rusia, y emprendieron un audaz e innovador proyecto político que se propuso suprimir el capitalismo y edificar una nueva sociedad.  

Al mismo tiempo progresaron corrientes políticas, que en lugar de la destrucción del capitalismo, promueven reformas, que han obtenido éxito en varios países europeos, y están vigentes en forma de partidos y corrientes que propugnan modelos sociales que no descartan la propiedad privada, el mercado, y el capitalismo. 

Uno de los graves errores del socialismo real fue creer que la democracia es un  adorno. Con ese criterio pensaron que era posible construir y hacer funcionales, atractivas, y viables sociedades autoritarias, centralizadas, y verticales, y con economías basadas en una rígida planificación centralizada, a la cual se añadían elementos cosméticos y retóricos, así como eventos y acciones de masas que daban la impresión de una democracia directa, que podía funcionar al margen de las instituciones. A pesar de heroicos y masivos esfuerzos, los equívocos condujeron al desastre. 

Las reformas en marcha en Cuba necesitan reflexiones teóricas que permitan esquivar los equívocos de los proyectos fracasados, aprovechar sus potencialidades, e incorporar las soluciones de probada eficacia. No se necesitan milagros ni genios, sino análisis rigurosos, argumentos apropiados, y determinación para arrojar lastre y cambiar todo lo que deba ser cambiado. Tales son los desafíos que enfrenta el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, cuya tarea es ofrecer respuestas. Allá nos vemos.