lunes, 4 de enero de 2016

LAS IDEAS Y LOS VOTOS

Por: Jorge Gómez Barata

Los creadores de procedimientos democráticos concibieron el sufragio como universal para que fuera ejercido por todos, y secreto para que cada uno lo hiciera a solas con su conciencia. Como alguna vez escribió John Milton: “…La mente es un lugar extraño”.

Allí, en una zona y un status intangible, se generan y cobijan las ideas que contienen la espiritualidad humana, así como todos los conocimientos y las nociones acerca de los intereses. La mente alberga la voluntad, y es fragua, crisol y criba donde se gestan, tamizan, y expresan las pasiones, anidan las fantasías y las ideologías, crecen las fobias y la vileza. Es hospedera del amor y del odio. “Todo cuanto las personas hacen y son pasa antes por sus cabezas”.


Las ideas no son productos naturales, no crecen en los árboles, ni fluyen por los ríos, tampoco se asimilan con la lecha materna, sino resultados de la actividad cognitiva, espontánea o dirigida. Pueden ser impugnadas, mas no extirpadas ni aplastadas. Unas ideas se combaten con otras. Las más profundas y elaboradas constituyen obras de pensadores y científicos, políticos, profetas, mesías, hombres y mujeres de fe, y artistas; en conjunto ideólogos.

A diferencia de los ámbitos filosóficos, jurídicos, y morales, donde las ideas se establecen para largos períodos históricos, a veces para siempre, y permanecen inmutables, como ocurre con la fe, los mandamientos, y las concepciones del mundo, en la política se presentan en forma de propuestas y programas, que influidos por coyunturas y hechos casuales, señalan caminos y ofrecen opciones respecto a las cuales las mayorías deben elegir.

Optar y elegir son las bases de la democracia y de la gestión política moderna, que convierte al voto en el principal instrumento de poder. El sufragio es la única acción política individual que alcanza dimensión social. Mediante la suma de los votos personales se forman las mayorías, se construyen los consensos políticos, se concretan las metas nacionales compartidas, y se crean condiciones para la gobernabilidad, la estabilidad política, y la paz social.

Uno de los vicios políticos latinoamericanos proviene de la reiterada tendencia a manipular a los votantes, presionarlos, y condicionarlos, y lo peor, explotando la situación de pobreza e indefensión de amplios sectores, introducir la infame compra de votos. Si bien en muchos países se han instalado procedimientos que blindan el acto de votar, exigen la presencia física de los electores y garantizan el secreto, no se ha logrado impedir completamente la miserable gestión.

La principal causa del pobre desempeño de la democracia y la contumaz  inestabilidad política latinoamericana proviene, entre otros factores, de la manipulación del voto y el fraude, así como del desconocimiento de los resultados electorales, lo que no pocas veces da lugar a descalificaciones, rebeliones, y golpes de estado. En todos esos casos, los pretendidos remedios han resultado peores que los males.

En términos estratégicos y en la perspectiva política de largo plazo, lo más rentable para todas las fuerzas es trabajar para establecer la legalidad de las votaciones, así como la transparencia y el acatamiento de los resultados. Al respecto no hay recetas sino antecedentes que están disponibles. Allá nos vemos.