lunes, 21 de diciembre de 2015

UNA NEGOCIACION PERTINENTE


El primer paso para solucionar un diferendo político es reconocer su existencia y asumir que el diálogo y la negociación son las vías para solucionarlo. Es lo que acaba de hacer el presidente Obama respecto a la reclamación de Cuba sobre la base naval de Guantánamo al afirmar: “No hay dudas de que les encantaría tener Guantánamo de vuelta. Imagino que será una larga discusión diplomática que se extenderá más allá de mi administración…” (GRANMA. 16 de diciembre de 2015)

Hasta ahora, ningún presidente norteamericano había acogido la demanda cubana ni mencionado la posibilidad de una negociación diplomática al respecto. Se trata de otro paso en la dirección correcta.


Sin otra alternativa, en 1903, Tomás Estrada Palma, el primer presidente cubano, firmó el acuerdo por el cual se concedió a Estados Unidos facilidades para la instalación de la base naval de Guantánamo. Ninguno de los 18 presidentes cubanos del período republicano sugirió nunca modificar ese status. No ocurrió así respecto a otras bases militares estadounidenses en la Isla.

En julio de 1941, la II Reunión de Cancilleres de las Repúblicas Americanas efectuada en La Habana, acordó que: “La agresión contra cualquier estado americano sería una agresión contra todos…” A tenor con lo pactado, el 9 de diciembre del propio año, dos días después del ataque contra Pearl Harbor, Cuba declaró la guerra a Japón y el 11 a Alemania.

En 18 de junio de 1942 los gobiernos de Cuba y Estados Unidos firmaron un acuerdo que puso a disposición del mando militar norteamericano las áreas solicitadas para la construcción de bases aéreas. El compromiso fue que las instalaciones serían devueltas a la Isla seis meses después de concluida la contienda.

En breves plazos, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos construyó dos grandes bases aéreas en San Antonio de los Baños, en las inmediaciones de La Habana y en San Julián, Pinar del rio, a unos doscientos kilómetros de la capital cubana.

Durante la guerra las instalaciones sirvieron de base a unidades aéreas norteamericanas y se utilizaron como escala de vuelos militares y para el entrenamiento de pilotos y tripulaciones, entre ellos de uno de los escuadrones creados para el bombardeo atómico sobre Japón.

Concluida la guerra y ante la demora en la devolución de las instalaciones, un año después de concluida la guerra, el ministro de relaciones exteriores del gobierno cubano, entonces presidido por Ramón Grau San Martín, declaró que: “El gobierno de Norteamérica no ha cumplido el compromiso de entregar las bases”. En el Senado de la República, el Partido Socialista Popular presentó una moción de apoyo al gobierno a la cual se sumaron diferentes sectores sociales.

Finalmente, aquel mismo año el gobierno de Estados Unidos devolvió oficialmente las bases a Cuba, gesto que entonces fue ponderado como expresión de la política de “Buena vecindad” que había  impulsado el fallecido presidente Franklin D. Roosevelt.

Aunque desde 1959 Cuba ha reiterado su demanda acerca de la devolución de la base naval de Guantánamo y denunciado como ilegal su presencia, la confrontación entre ambos países, la incomunicación y la ausencia de relaciones diplomáticas, han  impedido que el asunto fuera colocado en una agenda oficial y examinado por ambos países en las instancias y al nivel correspondiente. 

Actualmente, a partir de la decisión del presidente norteamericano de modificar  la política hacia la isla y de avanzar en la normalización de las relaciones, incluso de trabajar para poner fin al bloqueo, cometidos en los cuales también se empeña la diplomacia cubana, crea las condiciones para inscribir la cuestión de la devolución de la base naval de Guantánamo en las negociaciones entre ambos países e iniciar un diálogo al respecto.

Probablemente tenga razón el presidente Obama al sugerir que se tratará de una negociación difícil. El primer paso que es reconocer su pertinencia está dado. Allá nos vemos.