lunes, 9 de noviembre de 2015

Otra vez sobre la corrupción

Por: Rolando López del Amo

Un nuevo artículo sobre los peligros de la corrupción, creo que el tercero sobre el tema, acaba de publicar el profesor e investigador Esteban Morales. En el se indica hasta que punto puede este fenómeno convertirse en un problema de seguridad nacional. Lo cierto es que el fenómeno de la corrupción está haciendo metástasis en nuestro país.

Antes del llamado período especial tuvimos que enfrentar fenómenos de corrupción en casos de altos funcionarios hasta el punto de vínculos con el narcotráfico internacional.

Los casos más graves se trataron con todo el rigor que correspondía a la gravedad de los hechos que ponían en peligro la seguridad nacional. Junto a estos fenómenos graves coexistía una práctica del disfrute de pequeños  y medianos privilegios de cierto funcionariado y la práctica del favoritismo, amiguismo o sociolismo, como el pueblo bautizó a semejante conducta. El hábito de los administradores de los bienes de la nación de utilizarlos como si fueran propios es un mal inherente a la burocracia cuando esta no es controlada públicamente. El conocimiento público de los presupuestos y gastos, de las licitaciones  para inversiones, la convocatoria pública para ocupar plazas vacantes, entre otras medidas posibles que le den poder real de control a las organizaciones de masas como los sindicatos, son una ayuda para enfrentar este universal y maligno fenómeno.


Pero hay otra corrupción  que está asociada a una situación surgida a partir de los años noventa cuando el valor del peso cubano se redujo en 150 veces y fueron desapareciendo los artículos normados a precios proporcionales a los salarios y surgieron las llamadas tiendas recaudadoras de divisas con precios sobre los que se impuso un gravamen del 240 por ciento.

La situación creada se caracterizó – y hoy lo sigue estando aunque no  en tan grave medida pues el peso se recuperó hasta 25 por 1en comparación al valor anterior-
porque el trabajador recibe un salario que no le alcanza para vivir. Esto es causa de la baja tasa de matrimonios y de fecundidad, de emigración de jóvenes y de corrupción. En la cadena fábrica o almacén-transporte-comercio minorista hay ya mecanismos  establecidos  para hacer llegar productos a la población por la izquierda, a precios mucho más asequibles que los oficiales altamente gravados impositivamente. Esto es ya un fenómeno masivo y público a pesar de todos los llamados, consignas, etc.,  Lope de Vega, Fuenteovejuna, que ese era el nombre del pueblo en el que ocurre la acción, a la pregunta de quién había dado muerte al Comendador, la gente respondía: Fuenteovejuna, señor. Y aunque en nuestro caso no se trata del asesinato de una autoridad, sí se manifiesta una tácita solidaridad entre los más necesitados que no reciben remesas del extranjero ni estímulos o salarios en divisas.  

Cambiar esa realidad se puede lograr con la aplicación efectiva de los lineamientos económicos y sociales  y algunas otras medidas como las que mencionamos al principio.

En la medida en que se reduzca la mole burocrática estatal y las empresas socialistas lo sean realmente y estén dirigidas y controladas por sus trabajadores y se vean obligadas a ser rentables o sufrir las consecuencias de no serlo, que aumente y sea lo habitual la forma cooperativa de producción y el trabajo personal, la pequeña y mediana empresa, y el presupuesto de la nación se nutra de una parte razonable de las ganancias, de modo que quienes ganen más contribuyan más, se creará una base distinta.  

Los Ministerios deben ser normativos y garantizar determinados servicios públicos, pero la actividad productiva y de servicios debe corresponder al sector empresarial grande, mediano o pequeño.

En otras ocasiones he recordado que nuestro aparato estatal revolucionario de los primeros años estaba integrado por un Presidente , un Primer Ministro y los Ministros, y que las provincias eran solamente seis . Que lo que hoy es la provincia de La Habana tenía menos de la mitad de los actuales municipios, incluyendo al pequeño Regla.
Es obvio que después de haber probado en la práctica lo que hicimos – y aprobamos con la casi totalidad del voto ciudadano- requiere ya de las modificaciones que la experiencia de lo hecho aconseja. 

Cuba es un país de presidentes, desde el del CDR, hasta la más alta jerarquía del país. Parece llegada la hora  de que  el que dirige un municipio se le llame alcalde, el nombre histórico, y el que dirige la provincia se llame gobernador, de modo que Presidente sea el de la nación. La elección directa de alcaldes y gobernadores por voto popular y las normas de transparencia y fiscalización pública de sus gestiones de gobierno podrían ayudar  a combatir la corrupción. Alguien me dirá que muchos  antiguos alcaldes y gobernadores fueron  corruptos, y es cierto. Pero entonces no existía una democracia participativa que controlara como ahora podrían hacer nuestros Delegados y las organizaciones del Partido y las de masas que deben ejercer la necesaria vigilancia y apoyarse en los medios de comunicación  existentes y por existir.  Y recordar, con Martí, que los pueblos deben poner en la picota a quienes los azuzan a odios inútiles, pero también a quienes   no les dicen a tiempo la verdad.