miércoles, 18 de noviembre de 2015

Desiguales

Desiguales Por: Rachel D. Rojas

LA HABANA. “Siempre va a existir desigualdad”, me dijo Pablo, de 24 años. Alega, ante la cara desencajada por tan terrible idea, que “el ser humano es así, egoísta por naturaleza”. Estamos con un grupo de amigos en un bar, pero no de los de mala muerte, como me gustan a mí, esos en los que se puede de-construir un país para luego intentar armarlo mejor. De todos modos, por ahí vamos, adentrándonos en un callejón sin salida visible.

En todas partes hay desigualdad, le objeto, en el sentido de que somos diferentes desde nuestras individualidades. Pero el hecho de naturalizar la desigualdad social, que es distinta a la primera, no solo me parece cínico, sino también un mecanismo para ejercer poder sobre las personas. Eso pasa, entre otras cosas, por los límites movedizos de las clases sociales y la conveniencia de incluir a unos y excluir a otros.

“Lo que antes eran solo nuevos ricos ahora son clase media-alta, porque ya pueden mostrarse y acceder a privilegios con su dinero sin tener que esconderse; puede ser el gerente de una firma, el administrador de un almacén, un músico popular, un programador o el dueño de este bar. Pero no te engañes, ya estaban ahí”, se explica Pablo, utilizando siempre el masculino para referirse a estos privilegiados.

Desde el ámbito académico (Mayra Espina, María del Carmen Zabala, Juan Valdés Paz…), han sido muchas las pesquisas y el análisis en un país en el que por años se habló de igualitarismo y donde el uso del término pobreza ha implicado una amplia discusión en el campo de las ciencias sociales. Otros investigadores han insistido en sintagmas de fuerza menor como “población en riesgo” o “pobreza con amparo”, como explica Espina.

El discurso político oficial, por su parte, ha evitado la referencia directa al tema de la desigualdad. En palabras de la propia Mayra Espina las menciones a este tema son mínimas en los lineamientos que rigen la actualización socioeconómica que se lleva a cabo en Cuba: “En general, (…) omiten referencias a la situación de la desigualdad y la pobreza ya existente, y no se comprometen a actuar sobre ellas con una política social que introduzca instrumentos de equidad”.

Y uno de los peligros que eso conlleva se me descubre, breve, cuando mi amigo habla de clases sociales con la naturalidad con la que lo hace un norteamericano, nacido en una sociedad que ha practicado durante cinco siglos la diferenciación clasista. Eso me asusta. Pablo, a quien conozco hace ocho años ya, me toma como por un doloroso descuido.

¿Cuáles son las clases sociales en Cuba? ¿Existe aquí algo como una conciencia de pertenencia en las personas?

Foto: Carlos Ernesto Escalona Martí (Kako).Foto: Carlos Ernesto Escalona Martí (Kako).

Pregunto a varios de los amigos, todos universitarios, y resulta que muchos de ellos no sabrían en cuál “clase” ubicarse. En parte porque en Cuba no se habla de clases, sino de grupos sociales. Aunque son sistemas conceptuales que se refieren a una realidad similar, tienen connotaciones políticas diferentes.

“Creo que hay suficiente desigualdad para que haya clases en Cuba… Ya otra cosa es que la gente tenga prácticas y representaciones sociales, ideología e identidades de clase definidas. Eso hace a la clase tanto como la billetera, así que yo no sabría qué soy con certeza”, explica uno de ellos. Pero en Cuba después de 1959 siguió existiendo la desigualdad social, aunque mucho menos que antes. Por demasiado tiempo este asunto fue ignorado y hoy nos está pasando las facturas.

“No sabría decir”, habla una de las ingenieras: “Mi salario comparado con el del resto de las personas que trabajan en lo mismo que yo está aceptable, por no decir que por arriba de la media. Pero supongo que eso no basta. También ahora soy soltera, no tengo hijos, y hago lo que quiero con mi dinero. Si eso es ser clase media, supongo que lo soy”.

Creo entender que esa no es la “clase media” que desean reforzar desde Estados Unidos. Estos jóvenes tienen el talento, pero no el dinero. Y en este caso, contrario a la idea dispersa de una juventud desideologizada, se trata de veinteañeros preocupados por el futuro de Cuba, incluso cuando muchos de ellos se planteen la emigración como una opción personal. —Entiendo, también en contraposición con lo que nos han contado los mayores, que ambos pensamientos no se excluyen entre sí.

Las medidas del gobierno norteamericano están dirigidas al sector privado cubano. Desde su ley, solo los llamados “cuentapropistas”, y no nuestras empresas estatales, pueden negociar directamente con sus empresas. La clase media de la que hablan desde Estados Unidos es, quizás, lo que se entendería allí como tal. Pero en nuestro país eso está por definirse.

Les pregunto porque la existencia de clases sociales habla fundamentalmente de pobreza y desigualdad, de recursos mal distribuidos. Cuba no es, creo, un país radicalmente pobre, como lo es Haití o El Salvador. No obstante, un aproximado del 20% de los habitantes en condiciones de pobreza, según anotan los estudios sobre el tema, es demasiadas personas.

Obviamente en esa cifra estadística no entra un grupo de jóvenes en un bar, consumiendo bebidas en CUC, muy por encima de lo que la mayoría podría permitirse, con ingresos inestables provenientes de empleos no estatales, sin familias que mantener a flote, y aun así sin recursos propios como casas, carros o cuentas bancarias.

Yo, por ejemplo, creo que formo parte de ese grupo. Por eso hablo de pobreza y desigualdad social en un bar, aunque no sea de mala muerte, con amigos que también clasifican en esa disección, consumiendo en CUC… pues el hecho o la posibilidad de estar ahí solo implica que mi vida no es de las peores en Cuba. Por eso también, de haberme preguntado en qué “clase social” me ubico, me pondría junto a los trabajadores asalariados.

Si ganar el salario por encima de la media y no poder sustentar a la familia; si acceder de vez en cuando al mismo bar donde también está el empresario, el administrador del almacén, el músico…; si vivir en Playa aunque no se tenga la propiedad de la casa, ni haya carros o cuentas bancarias; si todo eso sitúa a las personas en una “clase media” y no en el estrato de los asalariados, ¿qué cosa es ser pobre en Cuba?

No tener trabajo, no poder acceder al transporte privado cuando el público no es eficiente, no tener un techo de mampostería, no disponer de servicios sanitarios dentro de la vivienda, no comer lo necesario para alimentarse adecuadamente, vivir en albergues… Supongo. Esto sin hablar de sueños y aspiraciones individuales, que también conforman la sociedad que somos.

Algunas de estas circunstancias pueden explicarse en el bajo PIB del país; pero no la discriminación racial, de género o sexual, o por cualquier otra condición que haga a las personas socialmente desiguales.

Es relevante que la política social en Cuba, como se ha dicho, también sea objeto de reforma. Es imprescindible. No todos necesitan lo mismo. De hecho, hay quienes necesitan más que otros, más que yo y que estos amigos que nos permitimos ir a un bar donde gobierna la oferta y la demanda y que probablemente no necesitemos de un subsidio total. La distribución equitativa es, en principio, lo que podría hacer la diferencia entre avanzar realmente hacia el socialismo, como se plantea, y no hacia una brutal sociedad de mercado.

Cuando desde hace unos años se abrió la puerta a los emprendimientos individuales, los puntos de partida ya eran diferentes. Aquellos que contaban con conocimientos, calificación, capital o bienes para generar actividades mercantiles, información, conexiones y/o relaciones “oportunas” se fueron delante. Según ha explicado Espina en varias oportunidades, esos son los nuevos activos para moverse en la estructura social. Y eso no hizo más que reproducir la desigualdad que ya existía.

No creo, como Pablo, que la desigualdad social es inherente a la sociedad humana. Comprendo que es un lujo ese optimismo. Pero me niego a asumirlo como natural, porque el orden social es también producto de nuestras acciones.

Está claro que hay desigualdad social en Cuba. El punto es, ¿aumentará?

Foto: Carlos Ernesto Escalona Martí (Kako).Foto: Carlos Ernesto Escalona Martí (Kako).

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