jueves, 29 de octubre de 2015

OTRAS LUCHAS Y OTRAS TACTICAS


Es probable que luego de un período de perplejidad, la derecha latinoamericana haya comenzado a reponerse de la sorpresa que significó el desafío electoral de la izquierda, cosa que, excepto el proyecto encabezado por Salvador Allende, nunca había ocurrido. A su vez la nueva izquierda trata de adaptarse a gobernar bajo las reglas de la democracia liberal. 

Sus victorias electorales no significan la derrota de las oligarquías  conservadoras, y lejos de atenuar la confrontación la incentivan. Al sentirse retada y desplazada, la derecha reacciona violentamente, actualiza su discurso ideológico, recompone sus bases electorales, e incorpora todo tipo de recursos, entre ellos la movilización de apoyos externos.

Las experiencias indican que al insertarse exitosa y permanentemente en el esquema vigente en América Latina, donde el modelo liberal está contaminado por prácticas oligárquicas y golpistas, la nueva izquierda latinoamericana trabaja en formatos que no son idóneos para la promoción de cambios excesivamente profundos, ni para discursos ideológicos doctrinarios, que más que ayudar, estorban en la construcción de consensos avanzados.

Además de progresistas, audaces, tenaces e innovadores los gobiernos de izquierda, que asumen el poder mediante elecciones, están obligados a ser cautelosos y moderados, y a trabajar para forjar alianzas que amplíen su base social, refuercen el consenso, y conciten apoyo a las medidas de beneficio popular global.

En los países latinoamericanos existen anomalías económicas que se reflejan en las estructuras sociales y en la composición y estratificación clasista, las cuales son excepcionalmente complejas, y cuya composición cuantitativa y cualitativa, diversa y plural, se expresa en respuestas políticas.

No todos los pobres o indígenas asumen unánimemente el discurso de la izquierda y respaldan sus medidas, como tampoco todas las clases medias o el empresariado nacional apoyan a la derecha.

Tampoco puede desconocerse la existencia de estereotipos contrarios al discurso no solo socialista, sino incluso nacionalista, y que tienen un peso enorme, sobre todo en los ejercicios electorales. Si en Estados Unidos las manipulaciones mediáticas logran convencer a una parte del electorado de que Obama es socialista, qué no podrán hacer para demeritar discursos que anuncian el fin del capitalismo, o  proponen la construcción del socialismo. Todavía la derecha cosecha lo que el anticomunismo sembró. 

Todo es más grave por la vigencia del esquema económico agroexportador y la dependencia, que otra vez pasa la cuenta. Cuando la economía china se contrae y bajan los precios de las materias primas, América Latina paga las consecuencias, no solo económicas sino también políticas. 

Más que de respuestas retóricas y lamentos, la embestida de la derecha que acaba de expresarse en las elecciones argentinas, plantea la necesidad de reflexiones mayores acerca de la táctica y la estrategia del movimiento popular latinoamericano. Allá nos vemos.