martes, 1 de septiembre de 2015

TRANSICION EN CUBA: DE ADVERSARIOS A VECINOS

Por: Jorge Gómez Barata  

Durante mucho tiempo, particularmente en los últimos veinte años, abundaron tesis y especulaciones acerca de la pertinencia o la inevitabilidad de una transición en Cuba. Lo que nadie sospechó es que la mutación, trataría de convertir a dos connotados adversarios en buenos vecinos y que la fórmula sería acuñada por el secretario de estado norteamericano, John Kerry.

Para averiguar cuánto han cambiado las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, basta observar dos datos: en Washington vive una persona opuesta al bloqueo a la Isla, se nombra Barack Obama y es el presidente. Otro mandatario, residente en La Habana es Raúl Castro, quien se declara contrario a la unanimidad política la que considera una ficción, trabaja en la misma dirección. 

Debido a que, tanto en Estados Unidos como en Cuba ninguna golondrina hace verano, a pesar de tratarse de las personas más importantes y poderosas en sus respectivos países, sus opiniones no cambian 117 años de tormentosa historia y 56 de abierta confrontación. Tampoco automáticamente vencen la resistencia abierta o sutil de quienes se oponen al cambio de status. 


Exceptuando Alemania con la cual ha librado dos guerras y la Unión Soviética su rival en la Guerra Fría y que ya no existe, Estados Unidos no ha tenido una relación bilateral tan intensa y conflictiva como la mantenida con Cuba que, fuera del diferendo  bilateral con Norteamérica, no ha tenido ni siquiera un litigio con país alguno. 

La andadura común comenzó antes de que Estados Unidos fuera independiente y alrededor de quince de sus presidentes han tenido a la isla en sus agendas, unos para especular sobre la pertinencia de incorporarla a la Unión, otros para comprarla a España, algunos para anexarla y de los once que han gobernado después de 1959, diez se han dedicado a enconar el conflicto y uno, Barack Obama a tratar de resolverlo. 

Lejos de la enemistad hacia Estados Unidos durante los siglos XVIII y XIX en la Isla se fomentó el anexionismo, que fue favorecido por diferentes fuerzas y políticos estadounidenses, entre ellos los esclavistas sureños y presidentes como John Quincy Adams, autor de la teoría de la fruta madura y William Monroe creador de la doctrina que lleva su nombre. 

La etapa decisiva comenzó en 1898 cuando Estados Unidos ocupó militarmente  la Isla, la cual gobernó durante cuatro años, período en el que diseñó el modelo político y económico, el marco jurídico y la estructura estatal que convirtió la república cubana en una virtual factoría norteamericana. 

La Revolución Cubana no creó el diferendo, sino que lo hizo Estados Unidos que en esa etapa impuso la Enmienda Platt envenenando las relaciones entre la isla y la superpotencia y cincuenta años después, en los años sesenta, reaccionó con inexplicable desmesura frente al movimiento de liberación encabezado por Fidel Castro, quien en 1959 viajó a Estados Unidos para intentar componer las relaciones y recibió un portazo del entonces presidente Dwight  Eisenhower. 

Hasta hace unos meses, cuando se hablaba de Cuba y Estados Unidos, predominaban las palabras guerra y confrontación, que repentinamente han sido sustituidas por diálogo, relaciones y otras. 

El ambiente propicio ha sido reforzado por la formula introducida por  el secretario de estado John Kerry, quien introdujo la fórmula: Adversarios no, vecinos.   Aunque ahora, como un siglo atrás, para bailar tango se necesitan dos, depende de Estados Unidos. Allá nos vemos.