jueves, 6 de agosto de 2015

Una cabeza de gigante en un cuerpo de hormiga

Por: Rolando López del Amo

Tomo prestada de José Martí la frase que da título a esta nota para ilustrar la desproporción que existe entre el aparato burocrático estatal cubano y el tamaño  del país.
En otra ocasión me referí a la copia que hicimos del aparato burocrático soviético en reemplazo del sencillo y efectivo tipo de gobierno que tuvimos en los primeros años de la revolución triunfante. Entonces había un Presidente de la República, un Primer Ministro y los Ministros.

La enorme maquinaria soviética podía justificarse porque se trataba de la unión de 15 repúblicas y una de ellas, la Federación Rusa,  incluía, a su vez, varias repúblicas autónomas. Entre todas ocupaban un gigantesco territorio de una veintena de millones de kilómetros cuadrados. Pero nuestro pequeño archipiélago de unos  ciento doce mil kilómetros cuadrados y apenas unos once millones de habitantes no puede cargar el peso de semejante cabeza. Sufrimos de una verdadera hidrocefalia administrativa.
Ya he mencionado en otros trabajos como de seis provincias que teníamos en 1959 ahora las hemos convertido en quince, más un municipio especial que es, de hecho, otra provincia. La capital también triplicó el número de municipios en lugar de concentrarlos en una sola administración metropolitana. 

Todo esto crea numerosas e innecesarias instancias de dirección que enredan y complican las soluciones de  los problemas, aumentan los costos de la administración estatal improductiva y perjudican, finalmente, la vida de la población en lugar de beneficiarla.


Quien debe ser nuestro maestro más escuchado y consultado, uno de esos genios que aparecen rara vez en la historia de la humanidad, nos enseñaba:

 Bueno es dirigir;- pero no es bueno que llegue el dirigir a ahogar (18-290)

Nuestra estructura padece, por el número de funcionarios, de una hipertrofia burocrática. Una buena parte, especialmente en los niveles provinciales y municipales, no tiene la calificación necesaria para los cargos que desempeñan, lo que está indisolublemente unido a los bajos salarios que se perciben. 

Recuerdo siempre a un profesor de la Universidad de La Habana que en los tiempos del capitalismo había dirigido una muy exitosa empresa dedicada a la publicidad. El contaba que  -en una época que el salario medio de los empleados públicos era de unos sesenta o setenta pesos al mes- la recepcionista de su firma ganaba doscientos cincuenta pesos, cuatro veces más, pero tenía un alto nivel, hablaba inglés y era capaz de orientar y atender perfectamente a todos los que acudían a esa empresa. Él insistía en que la recepcionista era el primer rostro de la empresa y tenía que ser eficiente, capaz de ofrecer una imagen positiva. Qué decir de su secretaria jefa de despacho que, prácticamente lo hacía todo, lo preparaba todo listo para la firma del director. Él sólo tenía que ocuparse de las decisiones estratégicas y los resultados de estas no de las cuestiones operativas. Esta secretaria tenía el doble de salario que la recepcionista. Como decía Lenin: más vale poco, pero bueno.

La Editora Política de nuestro Partido tuvo como asesor, cuando se fundó en 1963, a un experimentado Editor comunista argentino que propuso un estilo de trabajo en el que casi todo se hacía pagando a destajo según normas internacionales. Eso permitía contar con la participación de personas bien calificadas que se esforzaban por realizar un buen trabajo desde sus casas. Hoy, con las nuevas tecnologías de la información, todo puede hacerse mucho más fácilmente y mejor. Para ello hay que dar empleo al enorme potencial de graduados de alto nivel que hemos formado en estos años y garantizarles los ingresos decorosos correspondientes. Pero ello implica también redimensionar la administración estatal para reducirla al mínimo necesario.

Permitamos que las unidades básicas de producción y servicios sean realmente cooperativas y no sólo de nombre, que surjan pequeñas y medianas empresas que pertenezcan a sus trabajadores. En lugar de ineficientes empresas constructoras o transportistas estatales , dejemos que se organicen grandes cooperativas dirigidas por arquitectos e ingenieros calificados. De igual modo hágase con los bufetes de abogados o firmas de contadores públicos. Descarguemos el peso operativo del Estado en la microeconomía. No es posible en tres líneas abarcar todo el universo de temas, pero creo que el país entendió, a partir del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba,  que nuestra sociedad necesitaba una reforma o actualización profunda lo más rápidamente posible.

Otro consejo martiano que vale siempre recordar, en particular por quienes ostentan cargos de dirección en cualquier área de la sociedad es el siguiente: Han de tenerse en grado igual sumo la conciencia del derecho propio y el respeto al derecho ajeno. (13-106)

En su fundamental ensayo Nuestra América, Martí exponía: El buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con que elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas.

También recordaba:

El gobierno es un encargo popular; dalo el pueblo; a su satisfacción debe ejercerse; debe consultarse su voluntad, según sus aspiraciones, oír su voz necesitada, no volver nunca el poder recibido contra las confiadas manos que nos lo dieron y que son únicas dueñas suyas (6-264) 

Debemos tener presente siempre la advertencia que hace una decena de años nos hizo Fidel desde el Aula Magna de la Universidad de La Habana respecto a la posibilidad de que fuéramos nosotros mismos los que destruyéramos lo que no logró hacer el enemigo.

Tenemos que hacer un imprescindible esfuerzo colectivo  para reordenar la casa común y librarla de los no deseados efectos de nuestras insuficiencias y errores, para que no le sirvan de arma al enemigo, siempre en acecho. Es demasiado grande y hermosa la obra realizada  por este pueblo heroico y noble frente a los desafíos descomunales que ha tenido que vencer en las últimas seis décadas y que siguen presentes..

Cierro esta nota con otra observación martiana:
Nuevo queremos el carácter, y laborioso queremos al criollo, y la vida burocrática tenémosla por peligro y azote (t.1-pág. 479)  Y sobre la futura república de Cuba planteaba: ¡Allí veremos porque sean quienes deban, y los mejores, los que ocupen los puestos de servicio y porque el mérito  se les asegure en vez del favor, y no entre en la sangre de la república la peste de los burócratas! (t.5-405)