domingo, 2 de agosto de 2015

Un fantasma recorre La Habana

La Habana. Foto tomada de Global Voices

Por: Rolando López del Amo

La capital de todos los cubanos, epíteto con el que redundantemente la califican algunos presentadores de programas de radio y televisión, es víctima de una peligrosa y contagiosa epidemia que la recorre como un fantasma inasible. Se trata del síndrome de la anarco-indolencia que, en su variante más agresiva, es también corrupto.

Esta enfermedad se manifiesta de las formas más variadas. Pero en todos los casos se trata de personas que se consideran todopoderosos en su área de trabajo y en su condición de miembro de la sociedad en la que vive. Son esas personas que no reconocen el derecho ajeno.

No sé en que medida su pensamiento se conformó de acuerdo con una consigna, un anuncio, que se repetía diariamente por los medios de difusión cubanos, incluyendo las grandes vallas anunciadoras en las vías públicas. El anuncio en cuestión decía: Lo mío primero. Era un verdadero monumento al egoísmo. 


Cuando Eduardo Saborit compuso  aquella canción que decía Cuba, que linda es Cuba, quien la defiende la quiere más, trataba de estimular el sentimiento patriótico colectivo. Cuando los anunciantes de los años cincuenta, en el capitalismo, lanzaban consignas en forma de anuncios que decían Conozca a Cuba primero y al extranjero después o Consuma productos cubanos, trataban de promover el turismo y la industria y la agricultura nacionales. Y aunque estos anuncios eran patrocinados por empresarios cubanos privados, a ninguno se le ocurrió decir nada como lo mío primero.

Mas, volviendo al inicio, estamos viviendo una cierta crisis institucional que tiene mucha ascendencia en el pensamiento feudal. Estamos ante la presencia de condes, marqueses, duques, barones y ujieres con ínfulas principescas.

Los reiterados llamados de nuestro Presidente al orden, la disciplina, la legalidad, el trato correcto y la advertencia sobre los males presentes en nuestra sociedad parecen caer en oídos sordos.  

Y todo eso culmina en el abuso de poder y maltrato al ciudadano.

La Habana enfrenta numerosos problemas pendientes de solución que requieren acción urgente y concertada. No se puede ser candil de la calle y oscuridad de la casa.

Cuando uno escucha por el noticiero de televisión al funcionario provincial encargado de las demoliciones de edificaciones con peligro de derrumbe decir que recibe cuatro notificaciones diarias y solamente tiene una grúa para trabajar o escucha que no existe un servicio adecuado de recogida de basura o desechos sólidos y que decenas de medicamentos están en falta en las farmacias tiene que concluir en que las cosas no marchan como deberían hacerlo.

Algo de mal trabajo subyace en una ciudad de más de dos millones de habitantes que no logra cubrir su plantilla de maestros, de policías, de barrenderos, por solo mencionar tres ejemplos, mientras aumenta el número de vagos y gente que vive de revender ciertos artículos que faltan en el mercado o del negocio de la bolita. 

La capital de todos los cubanos necesita de una profunda revisión de su trabajo y un planeamiento de soluciones efectivas con ideas nuevas y transformaciones radicales en su modo de operar.

La comunicación entre los funcionarios de gobierno y la población es prácticamente inexistente y no se aprovechan los medios de comunicación masivos suficientemente.
Y en esa revisión hay que incluir el trabajo de nuestras organizaciones políticas y de masas y otras de nuestra sociedad, principalmente de los órganos del poder popular.

El trabajo de planificación física es mucho más que combatir supuestas o reales violaciones constructivas producto de la necesidad de sobrevivencia de un período especial que no ha terminado o de criterios restrictivos sobre cosas relativas a la ubicación de comercios que son habituales y normales en el centro de grandes ciudades como París o Nueva York o  Tokio y aquí prohibimos.  Planificación es prever la ciudad que deseamos, con sus viviendas decorosas y áreas de servicio y recreo, áreas verdes y vías de tránsito y servicios básicos de electricidad, gas, agua, teléfonos, alumbrado público, etc. etc. Solamente en La Habana Vieja se ha trabajado de común acuerdo en la instalación de estos servicios públicos básicos para ahorrar tiempo, materiales y trabajo.

Si partimos de la fecha en que San Cristóbal de La Habana se fundó en 1514 en la zona sur, hoy Mayabeque, ya habría cumplido sus quinientos años, antes de que se fundara Santiago de Cuba.

Lo que se conoce es que hubo también poblamiento en el norte desde 1517 junto al río Casiguaguas, La Chorrera, y ya en 1921 se habla de la ciudad junto al puerto, aunque no se puede precisar una fecha exacta de fundación según lo explica la Dra Hortensia Pichardo en su opúsculo La fundación de las primeras villas de la isla de Cuba
Que sirva la fecha de su establecimiento en el norte como estímulo  para darle un vuelco a la situación presente. Y eso no depende de un milagro, sino de nuestra inteligencia, trabajo y amor a la ciudad. Es una deuda que todos los residentes en La Habana tenemos con una ciudad que para el imperio británico valía tanto como toda la península de la Florida y ayudó, con apoyo financiero y soldados a que las Trece Colonias que formaron el núcleo de los Estados Unidos de Norteamérica alcanzara su independencia.  

La Habana fue la formadora del pensamiento y la acción independentista a comienzos del siglo XIX.  Es la ciudad de Aponte y Varela, de Luz, de Mendive, del martirologio de los estudiantes de medicina y de los poetas Plácido y Zenea, es, sobre todo, la ciudad natal de José Martí. Es la ciudad en la que estudiaron los iniciadores de la primera guerra por la independencia, la ciudad en la que se fundó el primer Partido Comunista de Cuba, la Federación Estudiantil Universitaria, la Liga Antiimperialista,  la vanguardia del pensamiento político y cultural cubanos, la que derrocó la tiranía de Machado, la de la Universidad cuyos estudiantes estuvieron siempre a la vanguardia en la defensa de las causas populares, de la Universidad en la que Fidel se hizo revolucionario, la del heroico asalto al Palacio Presidencial y la toma de Radio Reloj, del secuestro de Fangio,  la de las acciones de la fallida huelga general del 9 de abril, la que roció con la sangre de sus mártires las calles de la ciudad y enfrentó en combate desigual, a cielo abierto, a toda la maquinaria represiva de la tiranía. Ella fue la que, respondiendo al llamado de Fidel a la huelga general el primero de enero de 1959, paralizó la capital y su pueblo desarmó a la policía y abrió las prisiones que encerraban a los revolucionarios y recibió a Camilo y al Che para consolidar la toma del poder y asegurar la entrada triunfal de Fidel. Desde entonces, no ha habido tarea ni sacrificio que le haya sido ajeno ni cubano, de cualquier rincón del país, que no haya encontrado los brazos abiertos para acogerlo como a un hijo propio.

Nuestra ciudad, patrimonio de la humanidad, maravilla moderna en opinión de muchos amigos extranjeros,  merece que trabajemos por ella con dedicación máxima y con mucho amor porque, como dijo el poeta, sólo el amor engendra la maravilla. .