domingo, 23 de agosto de 2015

SACARLE PRESION A LA CALDERA


Si fuera cierto que Estados Unidos depone su hostilidad extrema y cesa de ser enemigo para transformarse en vecino, Cuba dejará de ser una plaza sitiada y la caldera perderá presión. Los cambios externos tendrán efectos en múltiples esferas internas, entre ellas la economía, la política y la actividad social en general.

Debido a una turbulenta historia común y a medio siglo de confrontación, el fomento de los intercambios y la colaboración que acompañan la normalización entre Estados Unidos y Cuba no será un proceso automático ni fácil, y ya encuentra oposición y resistencia, que abierta o sutil, es enconada.

No obstante seguramente prevalecerá la actitud constructiva de los sectores avanzados de la política, la academia, la ciencia, las artes, las letras, los negocios y la sociedad civil de ambos países que, en concordancia con los espacios y las opciones que cada sociedad ofrezca, aprovecharán las potencialidades creadas.


Una situación distendida permitirá profundizar el conocimiento mutuo, recuperar antiguos vínculos, fomentar otros, en otros plazos, contribuirá a que, paulatinamente  pierdan vigencia estereotipos instalados en los ambientes políticos, culturales, sociales, empresariales, mediáticos y todo tipo, de Estados Unidos y Cuba.

En esos contextos, seguramente no faltarán elementos e instituciones, entre ellas los servicios especiales que traten de aprovechar los ambientes más relajados, la reducción de los controles y el fin de algunas prohibiciones y las relaciones pueblo a pueblo para fines mezquinos.

Al margen de como tales procesos se operen en los Estados Unidos, en Cuba, una sociedad más pequeña en la cual la confrontación y el asilamiento deja huellas más profundas la distensión puesta en marcha por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, favorecerá los cambios de mentalidad que a la larga descontinuaran criterios que asumieron la crítica y la autocrítica asociada a procesos internos como posiciones que podían proporcionar argumentos al enemigo.

Con más o menos razón, a partir de esos conceptos se asumió que procesos culturales, comerciales, editoriales, espectáculos, aumento de los viajes y el acceso a tecnologías de comunicación y fenómenos análogos, constituían formas de penetración cultural que dañaban ideológicamente a los cubanos, socavaban sus ideas políticas y los debilitan ideológicamente.

Por extraño que resulte todavía hay quienes creen que el aislamiento y la censura, pueden favorecer la cohesión social y política y promover virtudes ciudadanas cuando en realidad dan lugar a la ignorancia y son formas culturales de exclusión y discriminación que perjudican el desarrollo intelectual y cultural.

La apertura de los intercambios y el acceso a fuentes de información diversificadas beneficiará  particularmente a las personas con mayor instrucción y cultura, formación política y responsabilidades de dirección política social y empresarial, contribuyendo a la renovación y la innovación en diferentes ámbitos, incluidos las ciencias, la tecnología y las disciplinas sociales.

La idea de que el mundo se abra a Cuba y Cuba al mundo tiene un alcance y un significado que rebasa con creces los ámbitos económico y comerciales y trasciende el presente para proyectarse al porvenir.


Los primeros pasos están dados, el resto dependen de las estrategias, de los propósitos, del tiempo y de la comprensión y el apoyo de las vanguardias y los sectores avanzados de cada país. Allá nos vemos.