miércoles, 12 de agosto de 2015

NO SE PUEDE TAPAR EL SOL CON UN DEDO

Por: Nelson Páez del Amo

El “conmovedor” incidente de la enfermera neonatóloga con el “impío” cochero de Santa Clara, publicado en Granma bajo el título de”El bosque, el lobo y la ley de oferta y demanda”, criticado, con toda razón, por Fernando Ravsberg y Esteban Morales es solo una parte de una saga de la prensa oficialista que pudiésemos titular “Las nocivas  nuevas formas de propiedad”.

Con demasiada asiduidad, veo publicados artículos en la prensa oficial tratando de anatematizar y hasta demonizar el trabajo por cuenta propia utilizando casos puntuales y desconociendo olímpicamente la verdadera génesis de nuestros males. Por otro lado, en la red se pueden leer interesantísimos trabajos sobre los más diversos aspectos de la vida económica y social de nuestro país escritos con objetividad y señalando, de manera realista, las deficiencias, retos, dificultades y logros de la implementación de los lineamientos del 6to Congreso del PCC y los cambios que necesita nuestro proceso socialista para su perfeccionamiento. De hecho, existen dos medios de prensa en Cuba. Los medios, llamados oficiales, que  intentan dar una versión casi idílica de la situación, justificando a ultranza la administración centralizada y verticalista del Estado, tratando de perpetuar un modelo condenado por su ineficiencia, por su propensión al caciquismo, al alejamiento de las masas trabajadoras, a la corrupción, al nepotismo, a la inercia, a la falta de iniciativa y al estancamiento. Esta prensa oficialista se apoya, cada vez más, en un discurso sofístico de supuestos valores del socialismo que las nuevas formas de producción y servicios conspiran contra ellos. En la otra prensa, que bien pudiéramos llamar alternativa, un número creciente de nuestros intelectuales vierte criterios objetivos, constructivos; hace un llamado al diálogo abierto, desprejuiciado, incluyente y participativo para resolver, entre todos, los acuciantes problemas de nuestra construcción socialista. 


Por una parte, nuestro Presidente habla de un cambio de mentalidad, de la integración a nuestra sociedad de nuevas formas de propiedad, de producción y de servicios que, para el bien del país, deben interactuar y complementarse y por otro lado, los medios de difusión,  en poder del estado, que supuestamente deben propagar, sustentar las  reformas necesarias y educar a la población sobre los necesarios cambios que se operan en la sociedad, arremeten contra las nuevas formas de propiedad, las tildan de falta de solidaridad, generadoras de individualismo, violadoras de la sacrosanta igualdad ciudadana y hacen mutis sobre la ineficiencia de la gestión estatal, sobre la inversión de la pirámide social, sobre la corrupción institucional y sobre los verdaderos males que padece el país actualmente.
Desgraciadamente el acceso a red en Cuba aun es muy limitado y la mayoría de la población no puede leer la prensa alternativa y la información oficial, por mucho, no complace las expectativas de información de la población.

Decía el General-Presidente en unos de sus discursos, que lo más difícil en este proceso de cambios es el cambio de mentalidad…Y sin el apoyo de unos medios informativos que se sitúen a las alturas del momento actual con informaciones verdaderamente críticas, sagaces, bien elaboradas y fundamentadas el cambio de mentalidad podría dormir el sueño eterno. 

Como expresara el compañero Esteban Morales en su comentario sobre el artículo de marras:

“Si nuestra prensa no va  a   reflejar esa complejidad  contradictoria de nuestra vida hoy,  que se quite del medio y le de espacio a los que saben hacerlo. Hay muchos intelectuales, revolucionarios, que saben escribir, y  su trabajo no halla   lugar  en nuestros medios”.

 “La hora es la de los hornos y solo ha de verse la luz”, sentenció el Apóstol y la frase conserva toda su vigencia. Los problemas son de todos y deben ser resueltos con todos, su solución no es privilegio de solo un grupo de elegidos. Ese caudal de intelectuales creado por la Revolución debe ser utilizado para crear una República como la soñó Martí, con todos y para el bien de todos.