martes, 4 de agosto de 2015

MEDIADOR EN JEFE

Por: Jorge Gómez Barata 

Tuve un amigo cura al cual acudía cuando tenía dudas. En broma lo llamaba “Asesor teológico”. No hace mucho le pregunté: ¿Qué significa exactamente: “Dios mediante”? 

―Eso no es teología―respondió―, es castellano, y quiere decir con la mediación de Dios o por su intermedio. La fórmula, según la cual nos sometemos a su arbitrio y acatamos su voluntad equivale a: “Si Dios quiere”, “Con el favor de Dios”, y otras expresiones análogas, muchas de ellas de origen popular, no teológico. 

―Entonces ¿el papa es un mediador? Lo provoqué. 

―Todos los curas lo son, ―respondió― Mediar es la función de la iglesia. De hecho es el eslabón entre Dios y los hombres, de alguna manera el vínculo entre lo humano y lo divino. En todas partes los gobiernos aprovechan esa condición y acuden a las jerarquías eclesiásticas, incluso al papa para resolver conflictos. Son incontables las pastorales, laudos, bulas y pronunciamientos de obispos, cardenales, y papas, sin contar las veces que, de modo privado y discreto, la diplomacia vaticana, aconseja o impugna. 


― ¿Ese puede ese ser el caso de Cuba y Estados Unidos? 

― ¡Nunca se sabrá! La iglesia sabe guardar los secretos, tanto en su entorno como fuera de ellos.    

―Entonces podemos decir que el papa es el Mediador en Jefe. 

―Jamás había oído llamarlo de ese modo. Por cierto, cuando decidas confesarte ven a mí y mediaré entre tú y Dios.  

Anécdota aparte, al interesarme en la gestión política de los papas más actuales, aprendí que, alrededor de 1870, cuando se disolvieron los Estados Pontificios, el poder temporal y la influencia del papa en los asuntos de la política europea y mundial se limitaron considerablemente hasta que fue fue electo Vincenzo Gioacchino Pecci, conocido por León XIII. 

   En 1885 León XIII intercedió entre España y Alemania en relación al conflicto por las Islas Carolinas, en el Pacífico. De mayor calado fueron sus gestiones en 1898 para tratar de evitar la guerra entre Estados Unidos y España  a causa de Cuba. No obstante, su gran mediación no se refirió a conflictos entre países, sino a los existentes en la sociedad europea de su época. 

El reinado de este pontífice se prolongó por 25 años, entre 1878 y 1903, período que lo hizo contemporáneo con Carlos Marx. Ambos vivieron el momento en que la acumulación originaria daba lugar a una revolución tecnológica y al  despegue político de Europa Occidental. Desde ópticas diferentes, emitieron un diagnóstico similar. 

Marx lo hizo con El Capital en 1867, y en 1891, León XIII, mediante la Encíclica Rerum Novarum (Las Cosas Nuevas). Con conceptos y juicios apropiados a su perfil, coincidieron en aspectos esenciales. Uno y el otro percibieron que el conflicto se derivaba de una anómala relación entre el capital y el trabajo, que generaba, a la vez enormes riquezas, extraordinarias desigualdades, y un gran empobrecimiento moral y humano.  

 León XIII emitió unas 50 encíclicas, la más importante y trascedente fue la  Rerum Novarum (1891), con la cual tomó partido al lado de los trabajadores y los pobres, señalando los peligros que a su juicio se derivaban de ideologías y conceptos políticos, que desde la prédica del colectivismo o el individualismo, hacían abstracción de la persona humana. 

A reservas de que en algún momento pueda volver sobre este singular líder católico, lo cierto es que hizo lo que ahora intenta Francisco: sintonizar la Iglesia con su tiempo. 

Por una extraña paradoja, en parte hija de su gestión Francisco, convertido en líder global y referente moral, será bien recibido tanto en La Habana, como en Washington. Lo mismo que León XIII pudiéramos decir: “Rerum Novarum”…En español: Las cosas nuevas. Allá nos vemos.