jueves, 6 de agosto de 2015

LEER LA REALIDAD Y SER CONSECUENTE

Por: Jorge Gómez Barata 

Las sociedades realmente existentes surgieron espontáneamente. Las grandes doctrinas, entre ellas el cristianismo, el liberalismo y el marxismo, son lecturas que toman nota del acontecer e intuyen tendencias del devenir, y no son programas. 

Aunque con el progreso mejoran las capacidades de los estados para programar el desarrollo económico, social, urbano, demográfico, energético, así como la instrucción, la salud pública, y regular los mercados, debido al carácter privado de la economía, y a la naturaleza del sistema prevalecen la espontaneidad, y lo que es peor, la irracionalidad. 

Los metarelatos de los que forman parte todas las ciencias sociales, así como la literatura y el arte, son reconstrucciones realizadas a posteriori, y no planes con arreglo a los cuales se construye la realidad. Puede discutirse si Dios existe y cuánto tiene que ver con lo existente; lo que nadie puede es tratar de emularlo. 


Así, a la vez y no unas después de otras, surgieron las estructuras y relaciones sociales conocidas. Cuando se dice que: “...Los hombres antes de hacer política, ciencia, arte, religión, primero deben comer, beber, tener un techo y vestirse…” se acude a una metáfora para describir un proceso que en realidad fue simultáneo. Es inaudito creer que el hombre comió primero para luego hacer arte o política, y que necesitaba estar vestido para concebir las bases de la fe. Los dibujos de Altamira no son un divertimento de sobremesa.

El capitalismo no lo inventó nadie, como nadie diagramó el desarrollo de las instituciones modernas: el poder, la democracia, el mercado, tampoco las maravillas tecnológicas del fuego, la rueda, la palanca, hasta los ambientes digitales. Al amparo de las tesis marxistas, la lectura de la realidad y la experiencia histórica, el socialismo no es un régimen que se construye, sino un estado económico y social que se alcanza. 

Es obvio que el proceso puede ser favorecido y acelerado, pero no  introducido forzando imponderables históricos. 
  Es errado creer que en un proyecto de sociedad se construye primero la economía y luego lo demás, o que en una rectificación estructural, como la que ha emprendido Cuba, se puede hacer primero lo uno y luego lo otro. Tal vez la mejor opción es tratar de atenerse a las reglas del devenir, y proceder de modo simultáneo e integral. 

En la medida en que ocurren los cambios en el modo de producción, las relaciones de propiedad, los conceptos sobre la tenencia de la tierra y las formas de explotarla, como parte de esos mismos procesos y no como un derivado, surgen nuevas ideas y modos de percibir la realidad.  

Alguien dijo: “Los filósofos y los pensadores pueden o no ser dialecticos. La realidad siempre lo es…” En cualquier caso, allá nos vemos.