lunes, 24 de agosto de 2015

LARGA MARCHA DE LA INTEGRACION LATINOAMERICANA

Por: Jorge Gómez Barata

Las crisis en Grecia, España y Portugal, las dudas acerca de la permanencia de Gran Bretaña y el papel desempeñado por Alemania y la llamada “troika” crean interrogantes acerca de la idoneidad del modelo europeo de integración, el cual era hasta hace poco un paradigma. 

Tampoco ha funcionado satisfactoriamente la alternativa del TELECAN implementada por Estados Unidos, México y Canadá y es pronto para pronunciarse respecto a iniciativas como el BRICS y otras entidades análogas.     
   
Cuarenta y seis años después de la creación de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), a 40 de la fundación del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), 35 de la instalación de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), 24 del MERCOSUR, y 22 del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), los resultados de los esfuerzos por la integración económica latinoamericana son magros.


No obstante, convencidos de que esa es la mejor opción, en los últimos 15 años, impulsadas por los entonces presidentes Hugo Chávez y Fidel Castro y por los líderes de la nueva izquierda latinoamericana, surgió otra generación de entidades integracionistas, entre ellas: UNASUR (2008), ALBA (2004), PETROCARIBE (2004) y CELAC (2010). 
Con buenos argumentos se consideró prácticamente liquidada la OEA, renunciando a la idea de que la experiencia pudiera ser reflotada. Las contradicciones con Estados Unidos, desembocaron en un punto de no retorno que llevó a la formación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños que intenta funcionar sin la presencia norteamericana y que, no obstante el entusiasmo, deberá pasar la prueba del tiempo.       

Aunque los proyectos integracionistas en Latinoamérica se benefician con la orientación política avanzada y del clima de avenencia instalado en la región, los gobiernos de izquierda no han podido evitar que las diferencias existentes entre las posiciones asumidas por los gobiernos y líderes ante antiguos y nuevos problemas, dificulten el empeño. 

A los obstáculos creados por la necesidad de alcanzar y mantener funcionales acuerdos económicos y políticos estratégicos por gobiernos que cambian frecuentemente, son objeto de influencias contrarias a esos fines, modifican sus posiciones o acompañan a Estados Unidos en proyectos que, como los acuerdos de libre comercio, la Alianza del Pacifico y otros son criticados o rechazados por numerosos países. 

La crisis del proyecto integracionista europeo repercute negativamente en América Latina, donde se asocia a las dificultades derivadas de las asimetrías e incompatibilidades económicas, monetarias, fiscales los tecnicismos legales y los obstáculos políticos que avisan de los enormes obstáculos  que se levantan ante los proyectos análogos en la región. 

No obstante, lo políticamente correcto es continuar apoyando esos proyectos, aunque la experiencia aconseja hacerlo con realismo y sin levantar expectativas maximalistas que en lugar de ayudar, estorban. Allá nos vemos.