lunes, 10 de agosto de 2015

Dos caras de la misma moneda

Por: Rolando López del Amo

En los tiempos primeros de la Revolución de Octubre en Rusia, Lenin advirtió que los pillos y los contrarrevolucionarios eran dos caras de la misma moneda. Para Lenin, unos y otros eran, en la práctica, la misma cosa, pues ambos se oponían a los ideales de justicia de la revolución socialista.

En los primeros momentos del triunfo de la revolución cubana se aplicaron medidas muy severas contra los criminales de guerra batistianos, asesinos y torturadores. Eran medidas ejemplarizantes para grabar en la conciencia pública que esas conductas resultaban  inaceptables.

Fidel ofreció una visión general de lo que debía ser la justicia revolucionaria: ni tolerante, ni implacable. Sin embargo, esta normativa no impidió que se tomaran medidas muy severas en    casos graves.  


Desde hace muchos años, especialmente desde el inicio del llamado período especial, la revolución ha sido tolerante en extremo con los vagos y los pillos.

La impunidad de ambos van de mano con la debilidad de nuestro sistema judicial y la ausencia del vigilante y brazo ejecutor  de la ley: la policía revolucionaria, a lo que debe sumarse un relajamiento de la conciencia pública.

La indiferencia y tolerancia hacia lo mal hecho ha crecido como el marabú en nuestra sociedad.

Hace unos pocos días un periodista extranjero que reside en Cuba desde hace mucho tiempo y ha fundado familia aquí, denunciaba que en el hospital insignia de La Habana, que lleva el nombre de una familia de mártires gloriosos de la patria revolucionaria, los materiales que deben emplearse en su reparación se estaban revendiendo al mejor postor in situ. Nadie ha  desmentido esa noticia. Ni la dirección del hospital, ni la dirección provincial de salud pública, ni la empresa encargada de la reparación. Nadie responde. Nadie exige.   

Es cierto también que a las puertas de las grandes tiendas  hay apostados sujetos que ofertan muebles, colchones, cualquier cosa que, supuestamente, es en la tienda que deben venderse. El descontrol es total.

No pocos de los nuevos inspectores de la Aduana en nuestro aeropuerto duran breve  tiempo en sus cargos porque se corrompen con facilidad, algunos hasta en tráfico de estupefacientes.

Estamos viviendo una verdadera crisis de valores y de funcionamiento de nuestra administración pública. 

Un vecino que necesitaba obtener la inscripción de nacimiento de un familiar fallecido, viajó hasta el municipio donde nació el familiar, en la provincia de Matanzas, y en la oficina del registro le dijeron que no podían dar el servicio porque no tenían los modelos oficiales del caso. Así, tranquilamente.

No es esta nota la ocasión de tratar sobre la escoria que acecha a los turistas extranjeros en los alrededores de los hoteles, pero es otro caso de sanidad social pendiente de solución.

Estamos hoy en el umbral de una etapa nueva en las relaciones con nuestro poderoso vecino del Norte que siempre nos ha querido- y nos quiere- neocolonia suya. 
El nuevo escenario está lleno de desafíos, junto a oportunidades que pueden ser beneficiosas. Todo depende de nosotros mismos y la mayor responsabilidad recae en nuestra organización política dirigente y sus militantes, reconocida por la Constitución de la República como la fuerza rectora de la nación.  

Si en la lucha armada contra la tiranía batistiana el Ejército Rebelde fue la vanguardia, hoy lo tiene que ser el Partido para lograr la mancomunión de familia, escuela y sociedad y que nuestro sistema de poder popular lo sea en verdad, no sustituyéndolo ni subordinándolo, sino actuando dentro de él con la actitud ejemplar de sus militantes. Sólo así se educa, exige y guía. El ser vanguardia tiene que demostrarse en la práctica cotidiana. Resumiendo: contacto con el pueblo, inteligencia, razón y ejemplaridad. 

Nuestro trabajo ideológico es pobre. Se recrea en las glorias pasadas y no ve los problemas del presente. Siempre recuerdo aquella frase del Che en los primeros tiempos de la revolución: no me digas lo que hiciste; dime lo que estás haciendo.

Lamentablemente, nuestra prensa ayuda poco. El periódico del Partido no tiene página editorial. El editorial es la forma de comunicarse diariamente con los militantes y el pueblo y trasladar explicaciones y orientaciones para aclarar las mentes y guiar la acción.

Nuestra televisión es, casi totalmente, de la televisión, por la televisión y para la televisión. Es altamente farandulera y superficial. 

Entretanto, el vago y el pillo flotan en un mar de indolencia. 
José Martí enseñaba que no había que acobardarse ante los peligros, sino conocerlos  y enfrentarlos. Él advertía: Un pueblo ha de ser columna de virtud, y si no está bien hecho de ella, o no la tiene en su masa en cantidad principal, se desmigaja, como un hombre que pierde la fe en la vida, o como un madero roído (10-459)

Y también: Los pueblos han de tener una picota para quien los azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad. 

Y de eso se trata: no azuzar odios inútiles, pero   decir a tiempo la verdad.