viernes, 28 de agosto de 2015

DEMOCRACIA: PRINCIPIO Y FIN

Por: Jorge Gómez Barata 

Los bolcheviques avanzaron en su obra no solo desde una crítica al poder, sino a partir de un cuestionamiento de la estructura social vigente en su época. Prácticamente todo lo existente en materia de sistema económico y organización política de la sociedad fue descartado. El programa sustituto fue la construcción de una nueva sociedad. A partir de ese precedente obraron todos los demás países socialistas. La desmesura del proyecto explica la escala del fracaso. 

Entre otras cosas, el socialismo real renunció a las relaciones de producción basadas en la propiedad privada y el mercado, intentó abolir la ley del valor y el dinero, soñó con la extinción del estado y el fin de la lucha de clases. Con la planificación centralizada y la aplicación del centralismo democrático a la economía y a prácticamente todas las esferas de la vida social, privó al devenir de la espontaneidad por la que la historia había transitado.

El experimento resultó fallido y en lugar de una nueva estructura social prevaleció la existente, pero con más carencias que aportes. Aunque en algunas áreas el socialismo avanzó de modo impresionante, lo hizo con déficits y deformaciones estructurales. Al crecer tales anomalías se acentuaron. 


Entre los fallos que no fueron solo de realización, estuvo la conversión de decisiones asociadas a coyunturas y situaciones concretas a rango de verdades científicas o principios. Obviamente en una revolución no puede regir la separación de poderes y es explicable y legítimo que esa etapa se gobierne por decreto y los procesos electorales se aplacen. No obstante, la aplicación indefinida de tales prácticas no solo resultó ineficaz, sino que tributó al desastre. 

Entre los elementos voluntariamente cooptados, estuvieron algunos que surgieron y se desarrollaron como parte de los procesos civilizatorios y que entonces como ahora, evolucionan sin modificar sus esencias, entre ellos estuvo la democracia y sus estructuras que en conjunto forman los llamados estados de derecho, perfectamente compatibles con los más elevados ideales socialistas. 

Con extraordinaria lucidez en 1918, Rosa Luxemburgo, la más destacada figura femenina del marxismo, realizó dramáticas apelaciones en favor de la democracia en el socialismo que lamentablemente no fue escuchada. También Trotski, antes de ser apartado del proceso y finalmente asesinado, concibió la idea de una oposición obrera.

Actualmente, en América Latina los proyectos de la izquierda socialista no plantean la destrucción de las estructuras económicas y políticas de la sociedad, sino su perfeccionamiento, los estudios y tareas en torno al desarrollo de nuevas ideas y formas de expresión democráticas se ornan necesidades apremiantes.   

Para Cuba, como también para China y Vietnam, se trata de fenómenos sobre los cuales, al margen de la opinión que se defienda y de las decisiones que se adopten en cada etapa, es preciso reflexionar.

En cualquier caso, se sabe que en las sociedades modernas, la democracia no es una opción que pueda o no escogerse ni algo que adorna los modelos y los sistemas políticos, sino su esencia más profunda. Con la democracia comienza y termina todo, especialmente la gobernabilidad, el poder popular y la justicia social. Allá nos vemos,