martes, 11 de agosto de 2015

#Cuba y el mundo

Por: Rolando López del Amo

El mundo contemporáneo está viviendo una crisis general del sistema capitalista imperante. Las que fueron sociedades de bienestar en Europa son hoy economías estancadas con agudizadas diferencias entre los menos y los más, Los poseedores de las grandes riquezas prefieren que su país y el mundo mismo se destruyan antes que consentir  que exista una distribución justa del resultado del trabajo de roda la sociedad. 

La vieja práctica de promover guerras como paliativo al estancamiento económico está cobrando muchas decenas de miles de vidas.

Cuando América Latina y el Caribe emprenden un camino diferente a favor de la justicia social y el mejoramiento humano, las oligarquías que se apoderaron del poder y se entronizaron en él después de la primera independencia hace dos siglos, se alían con las fuerzas del imperialismo y la reacción internacional para frustrar los cambios imprescindibles. 

Es la hora del recuento y de la marcha unida como advirtió José Martí en su tiempo, y nuestros pueblos han de andar en apretada unión para conquistar la segunda y definitiva independencia.


Pero, al mismo tiempo, se necesita la visión programática que sirva de bandera de esa unión.

Y el ejemplo de una práctica social superior 
Cuba fue el primer país de la región en defender con éxito la victoria popular, de resistir los embates violentos de la mayor potencia contemporánea del planeta. Con ello dio  un ejemplo extraordinario cuyos frutos comenzaron a verse en la creación del ALBA primero y de la CELAC después. 

Cuba ha sido un ejemplo extraordinario de solidaridad internacional, ya fuera desde el punto de vista militar libertario para ayudar a la liquidación del colonialismo y del régimen del apartheid, o llevando la atención médica y la educación a los rincones más necesitados de tres continentes. Sin ser un país rico y sometida a un criminal bloqueo económico, financiero y comercial por más de cincuenta años, Cuba ha compartido lo poco que tiene con decenas de pueblos para demostrar aquello que José Martí pedía: Tiempo es ya de que el afecto reemplace en la ley del mundo al odio (14-82)

Por eso es tan importante que la descomunal hazaña histórica de millones de cubanos de varias generaciones no resulte dañada, y mucho menos quebrada, por manos cubanas. 

Martí nos advirtió: Las revoluciones no triunfan, y los pueblos no se mejoran, si aguardan a que la naturaleza humana cambie; sino que han de obrar conforme a la naturaleza humana y de batallar con los hombres como son-o contra ellos…Los pueblos no están hechos de los hombres como debieran ser, sino de los hombres como son (2-62)
Y afirmaba esta idea que Fidel desarrolló hace diez años en el Aula Magna de la Universidad de La Habana: Sólo la revolución -y nadie fuera de ella- puede dañarse a sí misma (3-320

Insistía Martí: Las revoluciones, por muy individuales que parezcan, son obra de muchas voluntades, y hay que inclinar con frecuencia la propia (3-331)

El pueblo, la masa adolorida, es el verdadero jefe de las revoluciones (4-193)

Por esa visión martiana, Fidel siempre ha insistido en que la nuestra es la revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes.

De nuevo la idea martiana: Esta es la obra gloriosa, y completa, de todos. (2-44)

De lo anterior se desprende la necesidad de
publicar sin cansancio el espíritu humano y democrático de nuestra revolución. Todo por los que padecen. (2-230)
Esa es la esencia  del pensamiento revolucionario cubano que ha servido de guía a la generación liderada por Fidel. 

La revolución cubana sabe, también por Martí, que en pueblos, como en hombres, la vida se cimenta sobre la satisfacción de las necesidades materiales (5-337) y que ser bueno es el único modo de ser dichoso…Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno (8-289)

Por eso Raúl nos convoca a la construcción de un socialismo próspero y sostenible.

Tenemos un deber que cumplir, como pueblo, con nosotros mismos, con nuestro continente y con el mundo de nuestro tiempo. Fallar sería una herida profunda a la esperanza, a los sueños humanos por un mundo mejor.  

Termino con estas reflexiones martianas que son luz para el camino: 

La honradez es el vigor en la defensa de lo que se cree, la serenidad ante las exigencia de los equivocados, ante los clamores de los soberbios, ante las tormentas que levantan los que entienden mejor su propio provecho que el provecho patrio (1-101)

¡No es hombre honrado el que desee para su pueblo una generación de hipócritas y de egoístas! Seamos honrados, cueste lo que cueste. Después, seremos ricos (4-188)