lunes, 24 de agosto de 2015

#Cuba en la mira de los demás destinos del Caribe

Por: Iván Restrepo

Lo más conveniente para Cancún y la Riviera Maya es consolidar ambos polos turísticos, no permitir que crezcan desmesuradamente, pues se repetiría la pésima experiencia de otros lugares: desigualdad extrema al lado de la ostentación, destrucción de ecosistemas indispensables para evitar la erosión costera. Mejor asegurar la calidad de vida de quienes trabajan en el sector turístico vía servicios públicos eficientes, centros de cultura y esparcimiento. Y conservar el inigualable paisaje, sus playas blancas, sus arrecifes de coral y la herencia cultural de la inigualable cultura maya.

Esto solía repetir la licenciada María Cristina Castro, la especialista que en vida siguió con rigor académico y administrativo el crecimiento de la región del Caribe mexicano que atrae más turismo de sol y playa. Donde está la mayor parte de la inversión hotelera española en América. El corredor Cancún-Tulum registra el más importante movimiento demográfico de los últimos 30 años, especialmente para las obras de construcción y servicios diversos. Procede de la península de Yucatán y Chiapas. Pero ese crecimiento anárquico, muchas veces a costa de los recursos naturales del litoral, sigue olvidando lo que en alguna ocasión expusimos aquí: cuando Cuba y Estados Unidos restablezcan sus relaciones diplomáticas y económicas, buena parte del turismo internacional viajará a disfrutar de la belleza y la hospitalidad de la isla.


Ya están en marcha los planes para que así sea, según expresan las principales agencias de viajes. Recientemente Frank del Río, presidente de Norwegian, una de las grandes empresas de cruceros del mundo, declaró que no ve la hora de que sus enormes barcos lleguen a Cuba como parte de su recorrido por el Caribe. Del Río nació en La Habana y vive en Estados Unidos desde 1961. Sostiene que Cuba fue creada para los cruceros, pues tiene todas las ventajas naturales y la cultura para atraer a decenas de miles de viajeros. Reconoce que requiere infraestructura portuaria y mayor capacidad hotelera, pero la tendrán oportunamente. En ese mismo sentido apuntan las compañías aéreas y los países origen del turismo masivo, con China a la cabeza.

Ante un nuevo esquema turístico para el Caribe, las autoridades y los empresarios que invierten con tantas facilidades gubernamentales, especialmente en Quintana Roo, es detener el crecimiento sin planeación alguna y nada sostenible que impera desde siempre. Y en paralelo, consolidar lo que existe con medidas para evitar mayor polarización social y económica. Al respecto, recientemente la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente detuvo otro atentado contra la naturaleza en Cancún: el cambio de uso del suelo y las obras para construir el Malecón Cancún-Tajamar.

Fue a fines del sexenio de Vicente Fox cuando se autorizó dicho proyecto, ubicado en tres regiones prioritarias establecidas por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad: Área de Importancia para la Conservación de Aves (corredor central Vallarta-Punta Laguna); Región Hidrológica Sureste (corredor Cancún-Tulum) y Región Marina (Punta Maroma-Nizuc). Aun así, los inversionistas desmontaron zonas cubiertas con manglar y otras especies silvestres y animales protegidas legalmente.

Gracias a las organizaciones ciudadanas locales, como el Grupo Ecológico del Mayab, que preside Aracely Domínguez, así como por el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, se logró suspender este nuevo negocio a costa de la naturaleza. Ahora falta sancionar a los funcionarios responsables. Así como a los que permiten en Playa del Carmen más destrucción de manglar para erigir el hotel Grand Coral Riviera Maya, perteneciente a una cadena con larga historia ­depredadora.

La costumbre es que la impunidad cobije a los que desde el gobierno apadrinan daños al medio ambiente para favorecer negocios donde están involucrados servidores públicos, políticos y empresarios. La impunidad es uno de los males que más afectan al país. Combatirla es el discurso que a diario nos recetan los funcionarios. Algunos de ellos, los primeros en aprovecharse de ella.