martes, 21 de julio de 2015

#CUBA: POLÍTICA PASADA POR AGUA


Por: Jorge Gómez Barata

En 1959 y a lo largo de los últimos 56 años, Estados Unidos asumió el papel y las tareas que naturalmente hubieran correspondido a una oposición interna a la Revolución Cubana. Esa política ha comenzado a ser desactivada.   

En aquel inicio la administración norteamericana de Dwight Eisenhower y  Richard Nixon omitió algunos datos, entre otros la existencia de noventa millas de agua, que obligaban a Estados Unidos a actuar desde fuera. Así, lo que pudo ser oposición, se convirtió en contrarrevolución, que al depender o asociarse a una potencia extranjera, perdió identidad, legitimidad, y espacio. 


No es extraño que, presidido por Dwight Eisenhower, el más popular de los militares norteamericanos, y el que alcanzó las victorias más brillantes, Norteamérica optara por la conspiración, la fuerza, y la intervención militar, concretada en un sinfín de acciones, incluyendo la fallida aventura de Bahía de Cochinos. A esos errores conceptuales, se sumó la desmesura del compromiso de acoger, en calidad de exiliada, a una clase social completa. 

En menos de dos años, toda la alta burguesía cubana y los personeros del régimen de Batista y de gobiernos anteriores, con criados y mascotas; algunos con dinero, y todos sin el patrimonio industrial, comercial, y agrícola que poseían, una parte del cual fue intervenido y nacionalizado, y otro abandonado por ellos; se radicó en Miami, a la espera de que una invasión americana les devolviera el poder y la riqueza. 

La falta de nacionalismo y de determinación para tomar riesgos anuló a la burguesía, la oligarquía, y a los liberales criollos. Aunque ha influido en ella, nunca el exilio cubano ha diseñado la política norteamericana hacia Cuba, que por medio siglo se ha caracterizado por una inexplicable y desmesurada hostilidad. 

   En cualquier caso, 1959 fue una frontera en el tiempo, el evento telúrico que abrió una época caracterizada por dos rasgos: la hostilidad y la incomunicación. En política, para entenderse, confrontarse civilizadamente, y convivir practicando alguna forma de convivencia pacífica es necesario hablar. Conversar y dialogar es a la política como respirar a los organismos vivos. 

La comunicación es el oxígeno de las política y la palabra su principal instrumento. En la política la fuerza no es una herramienta sino un estorbo. Antes del 17 de diciembre pasado la última vez que un líder cubano y otro norteamericano hablaron fue en 1959, cuando Fidel Castro y Richard Nixon conversaron en Washington. Sin hablar nadie se entiende, menos los adversarios.  

Bastó que circunstancias externas e internas en ambos países lo permitieran, para que equipos diplomáticos competentes y motivados se encontraran, intercambiaran ideas, y negociaran acuerdos, para lo cual es preciso dar y recibir para allanar el camino por el cual los presidentes Barack Obama y Raúl Castro dieron pasos al encuentro, hasta llegar a una zona donde fue posible un entendimiento básico. Como en 1959, el 17D  y el 20 de julio, son parteaguas que separan antes de después. 

Por razones históricas, imperativos prácticos, y por la fuerza de convicción del sentido común, la idea de una contrarrevolución con base en territorio norteamericano y apoyo gubernamental de Estados Unidos ha sido trascendida. En algún momento el Congreso seguirá ese camino, y dejará de aprobar fondos para la subversión interna. En mi criterio la oposición tiene derecho a existir, pero antes deberá nacionalizarse, socializarse, asumir otra naturaleza, otros perfiles, caminos y programas. 

El tiempo cambió. Otra es la escenografía y otros los actores. Los norteamericanos lo han comprendido, y también una parte importante de los cubanos de dentro y fuera de la isla.  Los que no lo hagan están en el derecho de colocarse en el lado equivocado de la historia y perder el tren…otra vez. 

Con la apertura de las embajadas los Estados Unidos y Cuba han restablecido los canales para el diálogo, faltan los de la sociedad civil. Hay antecedentes valiosos. Tal vez sea el momento para otro gran encuentro cubano. Con las embajadas, todo será más fácil. Allá nos vemos.