viernes, 24 de julio de 2015

A propósito del tema del día

Por: Rolando López del Amo

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre nuestro país y los EEUU ha suscitado numerosas declaraciones y consideraciones. Las posiciones extremas en contra de tal decisión se encuentran en los EEUU, especialmente en los sectores que han vivido, durante decenas de años, de la confrontación existente y aquellos que quieren seguir considerando a Cuba como a una antigua colonia perdida. Entre nosotros también aparecen reticentes e ilusos. 

Teniendo en cuenta la historia de nuestras relaciones bilaterales es lógico que de nuestra parte existan muchas preocupaciones y prevenciones. Sin embargo, para los que desean un mundo mejor, todo lo que pueda hacerse a favor de la paz y la convivencia civilizada y de la cooperación sobre la base del respeto al derecho internacional y sin menoscabo del ejercicio de la autodeterminación, la soberanía y la independencia nacional, tiene que ser bienvenido. Eso está en concordancia con aquella frase del joven comunista Julio Antonio Mella: Cualquier tiempo futuro será mejor.


La forma en que se han realizado las negociaciones entre Cuba y los EEUU han sido expuestas con toda claridad públicamente y están muy bien precisadas en las intervenciones al respecto de nuestro Presidente y el Presidente Obama y los funcionarios encargados de realizarlas.

No hay soluciones mágicas, sino un complejo  proceso de  diálogo y decisiones. Lo ya alcanzado, que no es poco aunque sea solo el inicio,  recuerda el viejo refrán chino de que una larga marcha comienza con el primer paso. Hemos llegado al punto actual con firmeza e inteligencia. Recuerdo a un viejo esgrimista que decía que el arma con la que combatía había que tratarla como si fuera una paloma lo que tuviera en su mano: si la aprietas mucho, la ahogas; si la aflojas demasiado, se te va volando. 

Sabemos que, desde 1805, el presidente de los EEUU Thomas Jefferson, ya ponía por escrito el deseo de apoderarse de Cuba,  conocemos la posterior política hacia Cuba de la fruta madura y la visión continental de América para los americanos –del Norte, por supuesto-. Después de la intervención militar en nuestra última guerra contra el colonialismo español vino  un gobierno interventor y  luego la Enmienda Platt para garantizar el control constitucional de la naciente república cubana, a pesar de la anterior Resolución Conjunta del Congreso de los EEUU que declaraba que Cuba, de derecho y de hecho debía ser  libre e independiente. Conocemos la esencia del imperialismo y cómo ha plagado al mundo de miserias en nombre de la libertad. Sabiendo todo eso, y sin traicionar a nuestros hermanos y amigos en el mundo, hemos dado un paso al frente, al igual que nuestro adversario histórico, como ya antes lo hicieron China y Vietnam bajo la dirección de sus respectivos Partidos Comunistas, a pesar de las sangrientas guerras que enfrentaron a los dos países asiáticos con las fuerzas armadas de los EEUU en el siglo pasado. 

Con España, nuestra antigua metrópolis colonial, que tanto daño nos causó y utilizó prácticas criminales como la Reconcentración  establecida por el Gobernador Valeriano Weyler , que fue un precedente de los campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, logramos mantener relaciones y procurar la mejor cooperación posible.

Para suerte nuestra, los dos dirigentes políticos cubanos
más sobresalientes del los siglos XIX y XX respectivamente, Martí y Fidel, nos previnieron de no confundir a los pueblos con los regímenes imperantes en ellos. Lo dañino es el colonialismo y el imperialismo y las fuerzas que los sustentan. 

Los EEUU fueron la patria de Lincoln, de Whitman, de Hemingway, de Martin Luther King y Lucius Walter.
Allí hay mucha gente buena y luchadora. Con el apoyo de esa gente buena logramos rescatar al niño Elián Y a esa gente no la podemos poner dentro del mismo saco que al Ku Flux Klan o la familia Bush y la mafia batistiana anticubana. De todo hay en el país vecino.

La política hacia los EEUU trazada por el Presidente Raúl Castro es el camino a seguir.

Un antiguo proverbio chino dice: Duermen en la misma cama, pero tienen sueños distintos. El globo terráqueo es la cama en la que duermen todas las naciones, cada una con su propio sueño y, dentro de ellas, cada individuo con el suyo propio. Si no salvamos a nuestro planeta, no habrá ni sueños ni naciones. Fidel advirtió hace años sobre el peligro de extinción de nuestra especie. Todo lo que se haga por salvarla, sin degradarla, vale la pena.