martes, 2 de junio de 2015

Dos experiencias históricas


En agosto de 1959 visité Moscú por primera vez. Cuando me llevaron al mausoleo erigido en honor a Lenin en la Plaza Roja, a la izquierda y en un plano más bajo, de su cuerpo embalsamado se hallaba el del georgiano  Stalin. Según ha escrito el poeta Evtushenko, la muerte de Stalin impactó tremendamente  a la ciudadanía y hubo tristeza y llantos de inconsolables multitudes.  Después retirarían el cuerpo de Stalin para darle sepultura en un lugar de honor menor en el Kremlin.

Un protegido o preferido de Kaganovich, y por carácter transitivo de Stalin, Nikita S. Jruschov, llegó al más alto cargo de dirección de la URSS. La figura de Stalin fue tan denigrada que las peores historias en su contra elaboradas por sus enemigos capitalistas extranjeros se quedaban a la zaga de lo que se decía por la nueva dirección soviética. De Dios Padre, Stalin  fue transformado en Satanás. La confusión en las filas del PCUS, del pueblo soviético y del movimiento comunista internacional fue enorme, como un poderoso sismo que produjo grandes grietas. La hegemonía de Jrushov no fue de larga data, aunque le dio tiempo de transferir la principal base naval rusa en el Mar Negro, la península de Crimen, a su república predilecta. Entonces no se reparó en las implicaciones de tal decisión porque tanto Ucrania como Rusia eran parte de un mismo país, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Como es sabido,  la principal fuerza política dirigente del país, el PCUS, durante todo el período estalinista sustituyó el método leninista de dirección, el centralismo democrático, por un centralismo burocrático que, en lugar de moverse de la base a la cúspide y de ahí a la base, lo hacía solo de arriba hacia abajo.  El método se apoyaba en un desmedido culto a la personalidad del líder.


La burocratización de la dirección política del país se mantuvo después de la sustitución de Jruschov, acompañada del inmovilismo y envejecimiento de los principales dirigentes del Partido, con las consecuencias de inestabilidad tras la muerte de Leonid Brezhnev, hasta asumir la más alta dirección  el más joven Gorbachov,  tras el desgaste económico y político de la guerra fría contra los países de la OTAN y el error de intervenir militarmente en el vecino Afganistán.

En nombre de la reforma política y la transparencia informativa, y una evidente tendencia ideológica hacia  la socialdemocracia europea occidental,  Gorbachov condujo a su país a  una implosión que desintegró a la URSS, lo sacó a él mismo del poder y se ilegalizó el Partido Comunista en Rusia. Tanto el Partido, como el poderoso aparato de seguridad y las fuerzas armadas se quedaron paralizadas, como acéfalas. La Gran Revolución Socialista de Octubre, tras más de siete décadas,  se fue a bolina, para utilizar el término del Canciller  Roa sobre la revolución del 30 en Cuba. Rusia  se sumió, bajo el mando del alcohólico Boris Yeltsin, en el más salvaje y corrupto capitalismo  y se transformó en un sumiso seguidor de la política de las potencias occidentales encabezadas por los EEUU.

En la República Popular China la situación de la dirección del Partido tras la muerte del Presidente Mao Zedong tuvo otras características. La figura histórica de mayor peso después de las muertes sucesivas de Zhou Enlai y Mao Zedong en 1976 era Deng Xiaoping. 

Deng fue parte  del movimiento guerrillero dirigido por
Mao, participó en la legendaria  Gran Marcha y  fue el Jefe de Estado Mayor del ejército que dirigía el Mariscal Liu Bo Cheng, que infligió la derrota definitiva a las fuerzas de Chiang Kai Shek, obligandolo a refugiarse en Taiwán bajo la protección de la Séptima Flota yanqui. Después de desempeñar varias funciones, Deng fue electo Secretario General del Partido Comunista  Chino con Mao como Presidente. 

Cuando el Presidente Mao lanzó en 1966, desde Shanghai, la llamada Gran Revolución Cultural Proletaria, movilizó a los estudiantes y jóvenes en general y los convocó a constituirse en guardias rojos para limpiar de burgueses al Partido y los órganos de administración pública de todos los niveles. Deng fue uno de los acusados y sancionados. El poder pasó a ejercerse por Comités Revolucionarios cuyo núcleo era el Ejército Popular de Liberación. Digamos que el Jefe Militar de una provincia ostentaba, simultáneamente, la dirección del Partido y la de la Administración Pública.

A comienzos de los años setenta, con  Mao seriamente enfermo, el Premier Zhou Enlai, también enfermo, logró convocar a un Congreso del Partido y a una Asamblea Nacional para regresar el país  a la situación previa a la Revolución Cultural. En ese proceso se rehabilitaron numerosos viejos cuadros antes sancionados, entre ellos a Deng, quien pasó a ser el número dos de Zhou. Pero
 Muere Zhou en enero de 1976, Deng pronuncia la oración fúnebre y vuelve a ser separado de sus cargos tras una campaña de prensa en su contra promovida por la esposa de Mao, que era miembro del Buró Político desde la Revolución Cultural, y otros tres coterráneos suyos de Shanghai que habían ascendido al Buró también durante la Revolución Cultural. Pero, a pesar de su poder, el cargo de Premier pasó a otra figura que se había ganado el apoyo del Presidente Mao y nombrado Ministro del Interior, Hua Guofeng, quien tenía el pleno apoyo del jefe del Ejército, Mariscal Ye Chien ying. Ese apoyo de Mao a Hua consistía en una nota escrita en la que le decía: Contigo al mando yo estoy tranquilo. Tras la muerte del Presidente Mao en septiembre de ese 1976,  Hua asumió los máximos poderes y arrestó a la viuda de Mao y sus tres socios y los llevó a los tribunales. Ellos fueron conocidos como la banda de los cuatro.

Hua fue una figura de transición y ya en diciembre de 1979 Deng Xiaoping era, de hecho, la figura central.  Deng procuró no ocupar los cargos de Secretario General del Partido, Presidente de la República, Primer Ministro o Presidente de la Asamblea Nacional. Desde 1978 ocupó el cargo de  Presidente de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, una organización de frente amplio nacional que abarcaba, además del Partido Comunista, a otros partidos políticos patrióticos aliados y a representantes de chinos residentes en otros territorios y países. En 1982 creó una Comisión Consultiva Central del Partido a la que llevó a otros viejos dirigentes. Desde 1981 ocupó el cargo de Presidente de la Comisión Militar Central.

Deng tiene el mérito histórico de haber evitado la división del Partido y una posible guerra civil en China y haber resuelto el conflicto histórico de la vieja generación de revolucionarios y los jóvenes guardias rojos que el Presidente Mao utilizó contra ellos en su golpe de Estado.  Deng, al evaluar la figura de Mao –cuyo cadáver embalsamado se conserva en un mausoleo en la plaza de Tien An Men desde los tiempos de Hua Guofeng, dijo que Mao había tenido un 70 por ciento de aciertos y un 30 de errores, pero que de esos errores eran también responsables los otros miembros del Buró Político, Deng mismo incluido. Sobre los jóvenes guardias rojos los disculpó diciendo que si él hubiera tenido esa edad, seguramente hubiera sido uno de ellos dada la inmensa autoridad y prestigio del Presidente Mao. Y concluyó que lo importante era el programa que el Partido había aprobado y que todos los que lo aceptaran eran bienvenidos, salvo los que hubieran cometido crímenes, quienes tendrían que responder por ellos. Con eso Deng salvó la unidad dentro del Partido y en el seno del ejército y del pueblo.

En la década de los noventa Deng fue el promotor de las grandes reformas económicas, de la NEP china que la ha llevado a disputar el puesto de primera potencia económica mundial a los EEUU.  Este camino, con sus características nacionales propias, fue seguido por Vietnam.

Cuando se abren las ventanas y las puertas al mundo, no sólo entra aire fresco: también la polución, el polvo de la calle, la suciedad. Pero la vida real no es la de un laboratorio esterilizado. Hay que estar advertidos y tomar todas las medidas de higiene correspondientes.

La corrupción no es privativa de la abundancia, sino gemela de la pobreza y de la miseria.  La diferencia la marca una correcta dirección política.

Durante la crisis sistémica del capitalismo en este siglo, a partir del estallido de la burbuja financiera  iniciada en el sector inmobiliario, la solución aplicada en los EEUU fue entregar más de seiscientos mil millones de dólares a los dueños de bancos responsables de la catástrofe. La solución en China fue invertir más de quinientos mil millones de dólares en obras de infraestructura de transportes, en escuelas, hospitales, viviendas, préstamos a pequeños y medianos productores, o sea, a distribuir la riqueza, incrementar el mercado interno con inversiones en las regiones más atrasadas y pobres. Ya se llega a la capital de la región del Tibet, a cuatro mil metros de altura sobre el nivel del mar, en los montes Himalaya, por ferrocarril. Y la lucha contra la corrupción ya puso bajo arresto a dos miembros del Buró Político, uno de ellos el Jefe de la Seguridad, que se corrompieron. Nosotros también tuvimos experiencias dolorosas en la década de los ochenta que dieron lugar a la Causa Uno, que nada tiene que ver con nuestras reformas actuales.

Nuestro José Martí nos advirtió  que  las revoluciones no triunfan, y los pueblos no se mejoran, si aguardan a que la naturaleza humana cambie; sino que han de obrar conforme a la naturaleza humana y de batallar con los hombres como son-o contra ellos…Los pueblos no están hechos de los hombres como debieran ser, sino de los hombres como son (2-62)