sábado, 20 de junio de 2015

BATALLAS POLITICAS EN AMERICA LATINA

Jorge Gómez Barata
Por: Jorge Gómez Barata

El desigual desarrollo es una regla, según la cual, los procesos económicos, sociales, políticos, culturales e ideológicos no evolucionan de modo parejo, integrales y equilibrados. Lo usual es que en unas áreas se avance más que en otras, en algunas se produzcan estancamientos, incluso retrocesos. América Latina no es una excepción.   

En un subcontinente plagado asimetrías económicas, hay también elementos comunes, entre ellos el sistema político basado en la democracia liberal, republicana y presidencialista que es la base sobre la cual, en las últimas décadas han emergido proyectos políticos conducidos por una nueva izquierda que ha llegado al poder con el apoyo electoral de partes del electorado de sus respectivos países.

Se trata de gobernantes que han conquistado posiciones mediante  campañas políticas tradicionales y programas en los cuales exponían la intención de entronizar medidas de beneficio popular, rescate de los recursos nacionales, justicia social sobre la base de mayor equidad en la redistribución de la riqueza, la introducción de políticas sociales avanzadas y protección a los sectores vulnerables, las minorías, los pobres y los pueblos originarios y que afrontan constante oposición. 


Derrotadas en las urnas, las clases políticas tradicionales, representativas sus propios intereses y los de las oligarquías y burguesías nativas, los jerarcas de los medios de difusión, el clero reaccionario, parte de los estratos medios, el empresariado, incluso sectores populares, promueven la restauración conservadora y contrarrevolucionaria, empeños que cuentan con apoyo exterior. 

Por una curiosa paradoja, la izquierda en el poder, apoyada por mayorías electorales, apelan a los procedimientos electorales y legales que hasta no hace mucho aseguraban el poder de las oligarquías y las burguesías nativas que, al perder electoralmente en todos los países, especialmente en Venezuela y recientemente en Ecuador, acuden a prácticas violentas que la izquierda ha abandonado completamente. 
En Venezuela, el chavismo ha ganado 14 elecciones, se ha hecho fuerte en la Asamblea Nacional, el poder electoral y el sistema judicial, disfruta de la lealtad de las fuerzas armadas y está en condiciones de retar electoralmente a la derecha. Su talón de Aquiles es la economía, que funciona bajo otras reglas y cuyo impacto es decisivo. 

Con matices y peculiaridades nacionales y las derivadas de las personalidades y movimientos con roles protagónicos, esa manera de funcionar se repite en todos los países donde los gobiernos progresistas funcionan mejor cuando logran operar dentro del orden e introducir sus reformas gradualmente, tratando de evadir los estrés y utilizando procedimientos institucionales. 

En la práctica, difícilmente alguno de esos procesos pierda las elecciones nacionales, por la sencilla razón de que los pobres y los beneficiados por las transformaciones realizadas, son más y mientras se aplique la regla de “una persona un voto”, logran mayorías. Seguros de ese respaldo los líderes de la nueva izquierda latinoamericana, en lugar de evadirlas, promuevan consultas electorales. 

En Ecuador la derecha puede promover el desorden pero no aceptar el reto lanzado por el presidente Rafael Correa de dirimir el diferendo en las urnas, incluso mediante un referendo revocatorio. En América Latina la burguesía ha dejado de temer que la pasen por las armas pero ahora siente pánico porque pueden ser pasadas por las urnas.  

Sin embargo, también es característico del proceso político latinoamericano que el hecho de contar con la mayoría de los pobres que se expresan mediante votos, no es seguro de gobernabilidad porque no son las masas sino las clases medias, las burguesías y las oligarquías quienes manejan la economía, las finanzas, el comercio y sobre todo los medios de difusión. 

Esta última peculiaridad plantea otros problemas que se asocian no solo a la razón, a la justeza y la legitimidad de los procesos revolucionarios y progresistas, sino a la entidad de las vanguardias, la claridad de sus estrategias y a la eficiencia de sus tácticas. En una próxima entrega hablaré del asunto. Allá nos vemos.