miércoles, 17 de junio de 2015

¿Avanzar según los lineamientos del último congreso del Partido o quedarnos donde estamos?

Por: Rolando López del Amo

La información que transmitió la televisión cubana sobre la última reunión del Consejo de Ministros dejó algunas dudas.

Una de ellas es sobre las cooperativas no agropecuarias. Del total aprobado hay cerca de un centenar que no ha comenzado a funcionar y no se explica la razón. En lugar de plantearse la aceleración del proceso de arrancada se habló de lentificarlo para rectificar errores. Pocos días después apareció un reportaje de una cooperativa de la construcción en Santiago de Cuba cuyos clientes están muy satisfechos con la calidad y la rapidez del trabajo en lugares importantes de la ciudad, incluyendo el aeropuerto. Los socios de la cooperativa también expresaron su contento por la mejoría en su nivel de ingresos, determinado por un mayor y mejor esfuerzo de los cooperativistas.  Pero esta cooperativa tiene problemas, no internos, sino en su relación con los otros factores de la economía que suministran los materiales de construcción, con el reconocimiento de su personalidad jurídica, con la posibilidad de disponer de un local donde guardar sus equipos de trabajo y cierta cantidad de insumos para urgencias. Los problemas no son creados por la cooperativa, sino por los ignorantes con responsabilidades de dirección o por los que no quieren que las cooperativas existan porque pierden su área de poder y privilegios de los que se alimentan.


Esta lentificación es notoria en el comercio interior que parece insistir en que sigamos teniendo un Estado bodeguero y tendero que le cuesta a nuestro pueblo presupuestos a todos los niveles, hasta el municipal, para invertir en locales, equipamiento, gastos de electricidad, gas, agua, teléfonos, salarios para ofrecer, finalmente, un servicio generalmente pobre en establecimientos mal abastecidos.
Nos cuesta mucho entender la necesidad, en el trabajo por cuenta propia y cooperativo no agrícola, de que existe la categoría de comerciante minorista más allá de paladares y cafeterías. Las tienditas de ropa que existieron con muy buena acogida por la población y que decidimos abolir pasaron, como era previsible, a operar clandestinamente porque respondían a una necesidad objetiva. Las convertimos en acción delictiva. Qué absurdo. Si esas tiendas pudieran existir, serían fuente de empleo normal y legal, arreglarían locales, pagarían impuestos, gastos de electricidad, etc. etc. Hay quienes consideran que la decisión de prohibir esos establecimientos fue porque las grandes tiendas estatales que hasta hoy tienen el monopolio comercial y que son conocidas por la mala calidad de sus productos y sus elevados precios  se opusieron.

En la misma reunión a la que me he referido, la Contralora General de la República, persona admirada por su probidad y honestidad, se refirió a la repetición de los problemas a pesar de advertencias oportunas y reiteradas. Parece que hay una burocracia  anárquica que no reconoce autoridad superior o se cree impune. También el Viceministro de Justicia hablaba de falta de control y seguimiento durante los últimos tres años en tareas de su jurisdicción. ¿ Y quién responde por eso?

La única frase alentadora que escuché en esa información del noticiero fue la dicha por el Ministro de Economía, compañero Murillo, de que era mejor que un obrero ganara mil pesos al mes que seiscientos si producía lo suficiente para merecerlo. Esta elemental verdad parece que había sido puesta en duda por alguien.

Dos males que el compañero Raúl denunció desde hace varios años, el secretismo y las prohibiciones absurdas, parecen tener poderosos defensores dentro de la burocracia estatal. 

Siempre escuché decir a los entendidos  que el Estado socialista solamente se ocuparía de administrar los grandes medios de producción. El querer administrar todo ya mostró su ineficiencia  desde la llamada ofensiva revolucionaria de 1967, según mi memoria.

El tiempo pasa y los acontecimientos  no deben sobrepasarnos.

Hay escaso vínculo entre dirigentes y dirigidos a distintos niveles. El estilo burocrático predominante debe dar paso a un estilo verdaderamente democrático participativo en cuanto a mayor control popular sobre el funcionariado. Solamente así podrán avanzar las reformas promovidas por nuestro Presidente para lograr un socialismo próspero y sostenible.