martes, 30 de junio de 2015

AMERICA SE DESMIENTE

Por: Jorge Gómez Barata 

Si en Estados Unidos los racistas fueran mayoría, Barack Obama no sería presidente. ¿Por qué entonces persisten los linchamientos y los crímenes de odio contra los negros, incluida la brutalidad policiaca? La paradoja es enorme: un país donde se ha luchado intensamente contra el racismo, es el más racista y el único gobernado por un afroamericano. Para algunos se trata de un atavismo.   

Aunque el carácter estructural y la brutalidad del racismo lo ocultan, no es difícil probar que, a lo largo de la historia nacional, las élites avanzadas de  Norteamérica han luchado con determinación contra ese flagelo.  


En 1777, la llamada República de Vermont (14° estado de la Unión Americana) abolió la esclavitud. En 1790, los redactores de la Constitución fijaron el año de 1808 como límite para la importación de personas. En 1804 la esclavitud fue abolida en New Jersey y en 1807, en todo el país se hizo efectiva la prohibición de la entrada de esclavos. 

En 1820, para impedir que los estados esclavistas fueran mayoría en la Unión Americana, se negoció el “Compromiso de Missouri” que prohibía la esclavitud en los territorios al norte del paralelo 36. Aunque no resultó eficaz, el entendimiento fue un importante paso hacia la abolición. 

En 1831, Nat Turner, protagonizó en Virginia la primera rebelión de esclavos en los Estados Unidos. Por esa época, William Lloyd Garrison, comenzó a editar The Liberator, primer periódico abolicionista que sobrevivió hasta que la esclavitud fue abolida. Especial significado tuvo la publicidad generada en 1839 en torno al proceso judicial de los 55 esclavos de la Goleta Amistad, que procedente de La Habana recaló frente a Nueva York. En 1841 la Corte Suprema declaró libres a los esclavos llevados a Estados Unidos.      

Todavía pasaría tiempo y se acumularían maculas y sufrimientos hasta que en 1861, en respuesta a la elección de Abraham Lincoln, declaradamente abolicionista, 11 estados del sur, en los cuales se practicaba la esclavitud, se separaron de la Unión, lo cual desató la guerra civil. La victoria de las fuerzas de la Unión dio lugar a la abolición y a tres de las más importantes Enmiendas a la Constitución norteamericana (13°, 14° y 15°).

No obstante el racismo sobrevivió durante otros cien años, asumiendo la forma de segregación racial, que estuvo vigente hasta los años sesenta cuando debido a la lucha por los derechos civiles y la voluntad de un sector avanzado de la clase política encabezado por el presidente Kennedy, fue abolida, aunque ello tampoco puso fin al racismo. 

La historia norteamericana no escatima los méritos de abolicionistas negros como Frederick Douglas, dedica una fecha nacional a Martín Luther King. Debido a intensas luchas, al patriotismo y la entereza de la población negra se conquistaron la integración racial en el deporte y la cultura y durante en la II Guerra Mundial y la Guerra de Corea, los afroamericanos pudieron morir junto a sus compatriotas blancos en las guerras en los que Estados Unidos se involucraba. 

    Desde hace casi cien años hay en Estados Unidos congresistas, senadores, alcaldes y gobernadores negros y también los son dos magistrados de la Corte Suprema. La primera mujer en ocupar la Secretaria de Estado, Condoleezza, Rice fue una afronorteamericana. En la misma época, Colin Powell, un general negro fue jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor. En 1993, Tony Morrison una norteamericana de color obtuvo el premio Nobel de Literatura. Actualmente entre otros altos cargos, la Secretaria de Justicia y el Presidente son afroamericanos. 

El aporte de la intelectualidad afroamericana a la cultura popular estadounidense es reconocido por la sociedad que tiene en alta estima a intelectuales y artistas músicos, periodistas, científicos, atletas e incluso políticos negros. 

La paradoja radica en que junto a ese significativo cuadro, subsiste el racismo más primitivo y criminal que no solo desmiente la civilización acumulada por Estados Unidos, sino la esencia de su aspiración a ser un santuario de la libertad, la tolerancia y la democracia. Cada americano, negro, hispano, mexicano, asiático o de cualquier minoría, víctima de la brutalidad policial, linchado o asesinado es un baldón para la América que quiso ser y no ha sido. Allá nos vemos.