lunes, 18 de mayo de 2015

NUEVAS IDEAS PARA NUEVOS TIEMPOS

clip_image001Por: Jorge Gómez Barata

Cien años atrás, la vanguardia socialista se propuso construir una sociedad enteramente nueva, lo que suponía reinventar la economía, rehacer el derecho, la moral, la política y la estética, excluyendo la fe. El proyecto incluía la formación de un hombre nuevo. Tal empeño suponía reeducar a la sociedad para lo cual la labor de formación ideológica fue colocada como la máxima prioridad.

Cuando la crisis de los años noventa apretó, Fidel Castro ajustó el discurso a las realidades y propuso: “…Salvar las conquistas de la Revolución y el socialismo…” Con esa meta cumplida y como parte del control de daños, la vanguardia política cubana debió encontrar las fórmulas para reparar las averías causadas por el fracaso euro-soviético, e interesar a las nuevas generaciones en un proyecto cuyos contornos están apenas esbozados. La batalla de ideas fue un esfuerzo por actualizar el arsenal ideológico y proveer nuevos argumentos.  

No obstante, en la sociedad cubana se perciben tensiones derivadas de las contradicciones entre expectativas pasadas y las realidades del momento. Al avanzar en el ajuste de las metas económicas y sociales, manteniendo los mismos objetivos ideológicos y políticos, se crean notables desbalances. Para las realidades de hoy el listón ideológico quedó demasiado alto, tanto que es inalcanzable. Lo inalcanzable no es un programa, sino un equívoco.

En ese mismo período, sin traumas, debates sectarios, ni desgastantes reflexiones teóricas, y sin dilapidar esfuerzos ni recursos, la nueva izquierda latinoamericana, no comprometida con doctrinas que obliguen a observar dogmas y  e impulsar proyectos exóticos, asume la movilización popular y la promoción del socialismo sin necesidad de un adoctrinamiento a escala social.

En estas condiciones se presentan innovaciones como el Socialismo del siglo XXI, la Revolución Ciudadana, la refundación del Estado Plurinacional en Bolivia y  otros procesos impulsados desde los movimientos sociales, y conducidos por vanguardias electorales que han sobrepasado el envejecido discurso asentado en metas doctrinarias.

En Cuba la labor ideológica demora en actualizar sus contenidos y adoptar formas y métodos contemporáneos limitándose, hasta ahora, a seguir el paso, acompañar los cambios económicos, o marchar a la zaga de ellos, sin generar contenidos que contribuyan a definir metas creíbles y realizables, en torno a las cuales construir nuevos consensos sociales.

Un elemento respecto al cual hay pocos anticipos, son las opciones de cómo la labor política e ideológica encara la necesidad de acoger las aspiraciones y proyecciones de los nuevos actores económicos, sociales, y presumiblemente políticos que se asoman al escenario isleño.

No se trata solo de encuadrar estas fuerzas emergentes en antiguas estructuras sindicales y organizativas, ni de aplicar, en el trabajo con ellas, viejas premisas, algunas de las cuales no fueron exitosas, sino de ejercer un tipo de crítica teórica e ideológica que impida la introducción de tendencias negativas o ajenas a la estrategia socialista.  

Tampoco podrá descuidarse la atención a problemáticas recurrentes, entre otras, la lucha contra el racismo y todas las formas de exclusión social y política, la burocracia y la corrupción. Del mismo modo que aparecen actores no estatales en la economía, también se les encuentra en la cultura, el arte, el cine, la educación y la política.

La labor ideológica no puede ser ajena a la necesidad de acoger, convivir, dialogar, polemizar, y confrontar, según sean los casos, las ideas y opiniones filosóficas y políticas diferentes. La homogeneidad y exclusividad que en el pasado facilitó el desempeño de los operadores ideológicos, está definitivamente trascendida.     

El restablecimiento de los vínculos con Estados Unidos, América Latina, y todo occidente, no son solo sucesos estatales, sino también políticos, sociales, culturales, generacionales y de todo tipo, y necesitan de definiciones y acentos especiales.

Muchos de los estereotipos ideológicos y teóricos que rigieron en el mundo de ayer están hoy desactualizados, y mañana serán obsoletos. Ahora no ayudan, luego estorbarán. Allá nos vemos.