lunes, 25 de mayo de 2015

En torno a la #corrupción

corrupcion2Por: Rolando López del Amo

La corrupción de la conducta humana no tiene fronteras. Tampoco es privativa de un solo tipo de organización económico- social . Generalmente, el corrupto busca riquezas y para lograr sus propósitos es capaz de cualquier cosa.

Un caso típico y bien conocido por su inclusión en el Nuevo Testamento de la Biblia, es el de uno de los doce apóstoles de Jesucristo, Judas, quien a cambio de 30 dinares vendió a su maestro a los que lo buscaban para matarle. Y como medio de su traición utilizó, nada menos, que el saludo familiar de dar un beso en la mejilla de aquel a quien estaba entregando.

Si eso ocurrió dentro de un pequeño grupo de religiosos pobres que predicaban una doctrina de amor y fraternidad, ¿qué no puede ocurrir en las empresas económicas o en las administraciones públicas de los Estados y sus instancias administrativas?

Aludiendo a la juventud e inexperiencia de los funcionarios que asumían responsabilidades de gobierno en los primeros tiempos de la revolución, el Che acuñó una frase popular que era la síntesis de la ética revolucionaria entonces: Aquí se podrá meter la pata, pero no puede meterse la mano. Meter la pata significaba equivocarse y meter la mano, robar. En nuestros días ya no sólo no podemos meter la mano, sino tampoco podemos meter la pata, sobre todo en decisiones cuyos resultados pueden ser equivalentes a meter la mano por las pérdidas que acarrean.

La sociedad necesita una ética basada en la honradez y el mérito, en el conocimiento y la conducta correcta, en el respeto al otro y la solidaridad.

Para una ética abarcadora y efectiva hay que basarla en la verdad de que el individuo es un producto social además de biológico y que fuera de la sociedad no seríamos. Con ella y nuestra familia –que constituye hasta nuestros días la célula social básica- tenemos deberes que cumplir y procurar que estos no sean antagónicos. Si la sociedad se organiza conforme a principios justos, equitativos que promuevan y premien el esfuerzo, la virtud del individuo, su aporte a los demás, se crea un ambiente más favorable al equilibrio y el disfrute armonioso de la vida.

José Martí enseñaba que nada es un hombre en sí, y lo que es, lo pone en él su pueblo. Y también que cada hombre es en sí el resumen de los tiempos, y el hijo de ellos (14-347)

Siempre hay que combatir los sentimientos de odio, luchar contra la ignorancia y la maldad que se materializa en lo que pensamos, decimos o hacemos. Hay que ofrecer igualdad de oportunidades para todos, sin olvidar la advertencia de que se tiene el talento para servir a los demás. Recordar que la libertad propia tiene fronteras con la del vecino y que el sentimiento de fraternidad, de sabernos hermanados en esta breve experiencia de la vida en la tierra –que puede terminar en cualquier momento, - nos convoque a prestarnos apoyo y no a abusar el uno del otro durante nuestro peregrinaje.

Siempre habrá quien no quiera entender y habrá entonces que adoptar las medidas del caso.

Para nuestro José Martí era esencial la idea del bien. La noción del bien flota sobre todo y no naufraga jamás (1-52)

Con respecto a la sociedad afirmaba: Es preferible el bien de muchos a la opulencia de pocos (6-346) El hombre no tiene derecho a oponerse al bien del hombre (8-257)

También el Apóstol estaba convencido de que Los malos no triunfan sino donde los buenos son indiferentes (9-359) Contra el dogma del mal eterno, el dogma nuevo del eterno trabajo por el bien (9-464)

Pero Martí, hombre de altos sueños, nunca perdía el contacto con la realidad. Como vivía humildemente y tenía que ganar el sustento con trabajos diversos e intensos, su suerte corría con la de los pobres de la tierra. Él comprobó que Ser bueno es el único modo de ser dichoso…Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno (8-289

El llamado período especial nos puso al revés. Nuestros ingresos monetarios se redujeron, de la noche a la mañana, en ciento cincuenta veces. Vino una etapa de supervivencia angustiosa en la que la meta colectiva mayor era salvar las principales conquistas sociales de nuestro socialismo.

Colapsó el transporte público y apareció la bicicleta. La electricidad se suministraba unas pocas horas al día y se programaban largos apagones, el alimento era muy escaso. Parecía que el colapso era inevitable. Cambios en la política económica abrieron escotillas de oxigenación, pero resurgieron viejos problemas sociales típicos en la pobreza como la prostitución, el juego de la bolita, la especulación con bienes materiales, el tráfico de influencias, el nepotismo, el amiguismo y el clientelismo, el soborno, la malversación. Se dañó el tejido social y la corrupción hizo metástasis en ciertos sectores. En su tiempo Martí había observado un peligroso fenómeno que describió así: El pueblo cubano está corriendo el riesgo de perder en las ciudades los hábitos de honra y en los campos- los hábitos de trabajo. Es preciso que no hagamos un pueblo de miserables, de fugitivos y de merodeadores (8-56)

El último congreso de nuestro Partido Comunista de Cuba, tras una amplia consulta popular, aprobó unos lineamientos económico-sociales para ofrecer una orientación mínima de un camino posible para lograr una sociedad próspera y sostenible. Pero hay cuestiones perentorias que conspiran contra esos propósitos.

Para quienes viven de un salario medio o inferior o una jubilación y no reciben estímulos equivalentes a divisas o remesas de familiares en el extranjero, la vida cotidiana es muy difícil. Un bodeguero que recibe como salario 250 pesos mensuales no puede sobrevivir con ese dinero. La relación entre ingresos y precios es, para los asalariados y pensionados muy crítica. Es cierto que hemos mantenido los servicios educacionales y médicos al alcance de todos y se garantiza a precios simbólicos alimentación para medio mes, pero el resto sólo se alcanza, como sabemos, a precios muy elevados en las tiendas recaudadoras, que influyen en el mercado agropecuario, cuyos precios se han duplicado en los últimos dos años.

Diversos compañeros, militantes del Partido Comunista, han expuesto sus ideas acerca de cómo solventar estos asuntos con la mayor premura. El padre que tiene que gastarse 500 pesos para comprarle a su hijo unos modestos zapatos para que asista a la escuela y trabaja como bodeguero necesita dos meses de salario solamente para comprar un artículo imprescindible y no duradero. La cuenta no da. Y ese padre no puede esperar un quinquenio ni dos.

Cierta burocracia gubernamental, desde los ministerios hasta los municipios, siempre encuentra excusas para preservar sus parcelas de poder y lo que estas le reportan. La experiencia práctica demuestra que, aunque la Contraloría General es una muy atinada creación, no puede sola controlar todo el universo de problemas a resolver. Es necesario que la sociedad utilice todos sus medios y recursos para, en primer lugar, modificar la situación financiera de aquellos a quienes sus ingresos no le alcanzan para cubrir sus necesidades. Hay que erradicar la penuria que empuja a delinquir. Sabemos que no puede haber alza de salarios sin alza de producción y servicios porque eso solo trae inflación. Sería el perro queriendo morderse su cola. Pero sabemos también que se pierden cuantiosos recursos por malas inversiones, mala planificación, excesos de diferente tipo. Con una buena administración aparecerán muchos recursos que hoy se pierden. Ello, unido a las reformas económicas en camino, pueden ayudar a cambios favorables en plazos más breves. Esta tiene que ser una guerra de todo el pueblo y con preocupación constante por el bien de todos. Al Partido le corresponde encabezarla no desde una oficina, sino en las calles y campos, en los centros de trabajo y servicios.

Ahora estamos en los inicios de una economía mixta. Es nuestra NEP, no importa cómo querramos llamarla. Hay que liberar las fuerzas productivas y reducir administración inútil. El tiempo apremia. Recordemos siempre las enseñanzas martianas: Cuanto no sea compatible con la dignidad humana, caerá. Cuanto abata o reduzca al hombre, será abatido (1-145)

A la raíz va el hombre verdadero. Radical no es más que eso: el que va a las raíces. No se llame radical quien no ve las cosas en su fondo. Ni hombre, quien no ayude a la seguridad y dicha de los demás hombres (2-380)