sábado, 30 de mayo de 2015

EL SOCIALISMO POSIBLE

Por: Jorge Gómez Barata 

Para Carlos Marx el socialismo no fue nunca una utopía ni una aventura, tampoco un régimen que se implanta, ni un gobierno mejor que los demás, sino un estadío histórico que se alcanza gradualmente, y se caracteriza por altos niveles de desarrollo de las fuerzas productivas y elevados estándares de justicia social y distributiva. Naturalmente ese proceso puede ser incentivado o acelerado mediante  programas adecuados. 

Ningún sistema social alcanzó nunca niveles de eficiencia económica y capacidad de innovación comparables a los del capitalismo, cuyas potencialidades son prácticamente infinitas. Tampoco nadie prometió tanta equidad en la distribución como el socialismo, que proclamó como meta proporcionar: “…A cada cual según sus necesidades…” 

Muchas veces se especuló lo magnífico que sería un status social en el cual se produjeran bienes materiales con la eficiencia del capitalismo, y se distribuyeran con la generosidad socialista. El predominio del modelo de matriz soviética y del capitalismo primitivo operado por las oligarquías latinoamericanas hacían imposible tal simbiosis. Al trascenderse lo uno y lo otro, se abrieron insospechadas expectativas. 


Cada uno con sus características, eficiencia, y niveles de compromiso, el enfoque con que la vanguardias latinoamericanas, que han llegado al poder por la vía electoral, conducen procesos basados en estructuras estatales capaces de usar los recursos nacionales para impulsar el progreso, en democracia, con inclusión, justicia, y paz social, se parece al ideal que combina lo mejor de cada sistema. 

Ahora no son necesarias revueltas, que abruptamente y con elevados costos humanos y económicos, alcanzan el poder, suprimen la institucionalidad establecida, liquidan la propiedad privada nacional y extranjera, y rigen la actividad social mediante políticas económicas, científicas, culturales y de todo tipo, emanadas y conducidas desde un centro que delibera y ejecuta, prevaleciendo sobre todos los factores sociales, incluyendo los individuos. 

El socialismo de hoy se gesta en el día a día de los procesos populares latinoamericanos, en los cuales el progreso social será resultado de una combinación racional de estructuras estatales de poder fuertes, regidas conforme al derecho, y de modelos económicos productivos y eficientes, todo ello conducido por líderes honestos, comprometidos con la misión de asegurar el bien común. 
A fines de los años ochenta, los países del socialismo real y la Unión Soviética llegaron a conclusiones parecidas, pero la rectificación se emprendió demasiado tarde. 

Como antes lo hicieron China y Vietnam, Cuba, que en cincuenta años de construcción socialista logró impresionantes avances en la creación de infraestructuras, desarrolló eficientes programas educacionales y culturales, y alcanzó altos índices de conciencia ciudadana; puede sumar el perfeccionamiento de su sistema político y relanzar el proyecto socialista. En todas partes, es conocido que es erróneo esperar resultados satisfactorios repitiendo recetas fracasadas.  Allá nos vemos.