viernes, 22 de mayo de 2015

De ayer para hoy

Por: Rolando López del Amo

Sobre la importancia del estudio de la historia José Martí escribió: Para estudiar las posibilidades de la vida futura de los hombres, es necesario dominar el conocimiento de las realidades de su vida pasada…No se puede predecir cómo progresara el hombre, sin conocer cómo ha progresado (8-347)

Lo pasado es la raíz de lo presente. Ha de saberse lo que fue, porque lo que fue está en lo que es (12-302

La revolución que triunfó el primero de enero de 1959 no fue organizada ni dirigida por el partido comunista que existía en Cuba desde 1925. Su núcleo dirigente provenía de la juventud del Partido del Pueblo Cubano, Ortodoxo, fundado por Eduardo R. Chibás, como desprendimiento del Partido Auténtico que llevó a la presidencia de la república, por segunda vez y en esa ocasión mediante elecciones generales, al Dr. Ramón Grau San Martín, figura antimachadista y luego antibatistiana que, lamentablemente, se corrompió y fomentó el gangsterismo y el latrocinio, además del anticomunismo.

Cuando el ex general Fulgencio Batista orquestó con éxito un golpe de Estado contra el presidente Carlos Prío Socarrás, sucesor de Grau, a sólo tres meses de las elecciones generales de 1952, en las que el Partido Ortodoxo, aún después del suicidio de su fundador y ya permeado de viejas figuras de la política tradicional, a excepción de su ala juvenil, se perfilaba como posible ganador.

Si bien la población estaba cansada de la corrupción de los dos sucesivos gobiernos auténticos, de sus políticas anti-obreras y anti-campesinas, anticomunistas y pro-imperialistas, creía que la vía para lograr un cambio era mediante las elecciones estipuladas en la Constitución de la república. El golpe militar de Batista cambió la situación.

En especial la juventud universitaria, que servía de referencia y guía al resto del estudiantado y a la población del país, y los jóvenes de la ortodoxia, como expresión de la juventud en general, se convirtieron en la punta de lanza antigolpista. Apenas un año después se producían los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

Solamente durante el juicio seguido contra los sobrevivientes de aquellos asaltos es que, en la autodefensa del máximo dirigente de aquel movimiento, aparecen argumentos políticos y sociales que apuntan más allá del restablecimiento del orden constitucional, aunque de inmediato no tuvieron la necesaria repercusión, sino hasta el período en que, desde la prisión, Fidel reconstruye su alegato, este sale de allí y es impreso y comienza a circular. La fuerza de esas ideas condujo a una presión popular tal sobre la tiranía que esta accedió a excarcelar a Fidel y sus compañeros, con lo que se abrió un nuevo capítulo de lucha que tomaría forma durante el exilio en México de los Moncadistas.

Diversas fuerzas se oponían a Batista y sus ideologías y propósitos eran diferentes. Los historiadores constatarán que la expedición del Granma y el inicio de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra marcaron un punto de giro en la lucha contra la tiranía. Se demostró que en las condiciones de Cuba entonces la lucha armada era la única alternativa posible para lograr los cambios que el país necesitaba en torno a dos grandes aspiraciones históricas del pueblo cubano: independencia nacional y justicia social.

La apertura del frente guerrillero del Directorio Revolucionario después del fracaso del asalto al Palacio Presidencial y la creación de fuerzas guerrilleras del Partido Socialista Popular confirmaban la justeza del camino abierto por Fidel. El fracaso de la huelga general convocada por el Movimiento 26 de Julio el 9 de abril de 1958 demostró que resultaba imprescindible la unidad de todas las fuerzas revolucionaria en torno a la línea de lucha trazada por Fidel. Ahí estuvo la base del exitoso aceleramiento de la derrota de la tiranía batistiana tras la invasión llevada a cabo por el Che y Camilo hasta la región central del país donde ya operaban las fuerzas del Directorio y el PSP.

Le correspondió al compañero Fidel haber logrado la unidad de todas las fuerzas revolucionarias y la gran unidad del pueblo en torno a la revolución.

El viejo sueño de nuestros libertadores tendría el mismo enemigo ancestral, el que nos quería posesión suya, confesado por escrito por la máxima autoridad política de ese país, desde 1805, y que nos ocupó militarmente en 1899, frustrando, con disfraz de amigo y aliado, treinta años de lucha armada, con intermitencias, del pueblo cubano.

Enfrentar la hostilidad y agresividad de la mayor potencia económica y militar del mundo y su descomunal influencia política es una hazaña extraordinaria. Téngase en cuenta también la extrema juventud e inexperiencia de los revolucionarios cubanos. Fidel lo expresó con toda claridad: Hemos hecho una revolución más grande que nosotros mismos. Dicho así, en plural de la primera persona, y no en plural mayestático precisamente.

Todos los que hemos tenido el privilegio de vivir estos años extraordinarios recordamos cuantas tareas superiores a nuestras capacidades, experiencia y preparación tuvimos que asumir. Junto a nuestras deficiencias y errores marchaba nuestra lealtad a la patria, el deseo de servir a nuestro pueblo, de conquistar toda la justicia necesitada y reclamada. No se trataba de un paseo ni un desfile de entorchados: era el batallar día y noche por la materialización de un sueño colectivo. Ya Martí había advertido: De todos los problemas que pasan hoy por capitales, sólo lo es uno: la ignorancia de las clases que tienen de su lado la justicia (5-101)

Tuvimos que dar juntas las batallas contra la ignorancia, nuestra ignorancia, y por la justicia. Ambas batallas continúan en desarrollo. Quizás el destino del hombre es ese: la lucha permanente contra la ignorancia y por la justicia.

Para lo que hacíamos después del primero de enero de 1959 contamos con aliados fundamentales. Cuando el gobierno de los EEUU , país con el que se realizaba casi la totalidad de nuestro comercio exterior, decidió no comprar más el azúcar cubano, siendo el principal comprador, y decidió no suministrarnos más petróleo, cuando todo el que consumíamos lo suministraban sus empresas, el gobierno de la URSS nos compró todo el azúcar y suministró todo el petróleo. Y nos envió las armas, junto a otros países como Checoslovaquia, con las que pudimos derrotar en 72 horas la invasión mercenaria organizada y apoyada por el gobierno de los EEUU y, posteriormente, liquidar las bandas armadas que fomentaron en las montañas de nuestro país. Y después vino el trigo para el pan de cada día y se fue formando un vínculo de solidaridad que permitió a Cuba formar miles de cuadros de nivel superior y que un cubano fuera el primer cosmonauta de América Latina y el Caribe. El apoyo material de la URSS a Cuba fue multifacético y constante. En esas circunstancias era natural que su modelo social influyera en el nuestro. Ellos eran la primera revolución que había alcanzado el poder bajo las banderas de Marx y de Lenin. Sin embargo, siempre mantuvimos una visión propia, tanto en política interior como exterior.

Las cosas son como pueden ser. Si algo hubiera podido ser de otra forma, lo hubiera sido. Siempre recuerdo aquella enseñanza de Federico Engels acerca de que en la sociedad ocurre lo que en la Física: si distintas fuerzas empujan a un objeto en diferentes direcciones, éste no se moverá en ninguna de esas direcciones, sino en la resultante de todas ellas.

Son muchas las voluntades y los modos de pensar los que conforman la población de cualquier país. Con toda justeza el compañero Raúl Castro ha expresado su desconfianza hacia la unanimidad. Esta puede existir en circunstancias excepcionales, pero en lo común de la vida, no ocurre así. Nuestro José Martí señalaba: Las revoluciones, por muy individuales que parezcan, son obra de muchas voluntades, y hay que inclinar con frecuencia la propia (3-331)

La convocatoria a un nuevo congreso de nuestro Partido Comunista de Cuba seguramente será ocasión de amplia consulta popular. Es tiempo de balance y nuevas proyecciones en medio de profundos reajustes internos y externos.

Martí nos advirtió en su tiempo que Las revoluciones no triunfan, y los pueblos no se mejoran, si aguardan a que la naturaleza humana cambie; sino que han de obrar conforme a la naturaleza humana y de batallar con los hombres como son-o contra ellos…Los pueblos no están hechos de los hombres como debieran ser, sino de los hombres como son (2-62)

Este aserto lo hemos comprobado a lo largo de casi seis décadas de lucha hasta el presente mismo.

Todo esto obliga al Partido revolucionario a mantener un estrecho vínculo con el pueblo al que pretende dirigir, comenzando por ser ejemplo de lo que predica. Tiene que apoyarse en la línea de consulta con las masas con la que Fidel forjó el nuevo Partido Comunista de Cuba a partir de los trabajadores que sus propios compañeros de labor consideraban ejemplares. Pero ahí no acaba el asunto. El estilo de trabajo tiene que ser de una amplia democracia interna a todos los niveles y que haya control de abajo hacia arriba de la actuación de los compañeros electos para cargos dirigentes.

Cuando el partido revolucionario está en el poder, en el gobierno del país mediante sus militantes electos por el pueblo, tiene que desempeñarse como indicaba nuestro Apóstol:

Viene bien que el que ejerza el poder sepa que lo tiene por merced y por encargo de su pueblo, como una honra que se le tributa y no como un derecho de que goza (14-369)

El gobierno es un encargo popular; dalo el pueblo; a su satisfacción debe ejercerse; debe consultarse su voluntad, según sus aspiraciones, oír su voz necesitada, no volver nunca el poder recibido contra las confiadas manos que nos lo dieron y que son únicas dueñas suyas (6-264)

Si hemos resistido hasta aquí el desigual combate contra el enemigo vecino ha sido por defender ideas justas y por el vínculo de confianza histórico de la dirección revolucionaria con el pueblo, además de la solidaridad internacional. Pero se abre nueva etapa que requiere de las mejores prácticas y métodos de trabajo, dañados durante el difícil período que se inició con el derrumbe del mundo socialista europeo, cuyos escombros cayeron sobre nosotros y todavía nos empolvan. Y hay que poner oído a los humildes para los que se hace la revolución, como proclamó Fidel. Ya Martí había dicho El producto de lo de todos sea para el bien de todos (11-209)

La clave de nuestro éxito radica en nuestra unidad en torno a propósitos justos.

Deseo cerrar estas notas de nuevo con Martí, el autor intelectual de la revolución cubana según declaró Fidel:

La ciencia está…en hacer lo que conviene a nuestro pueblo, con sacrificio de nuestras personas; y no lo que conviene a nuestras personas, con sacrificio de nuestro pueblo. (2-216)

No es mi nombre, miserable pavesa en el mundo, lo que quiero salvar: sino la patria. No haré lo que me sirva, sino lo que la sirva (2-417)