miércoles, 20 de mayo de 2015

CORRUPCIÓN Y ECONOMIA

BarataPor: Jorge Gómez Barata

Según el Banco Mundial, solo en sobornos, la corrupción puede significar un billón de dólares anuales a la economía mundial. En 2014 costó a México unos 20 mil millones de dólares. ¿Cuánto le cuesta a Cuba?

En Cuba, debido a la naturaleza de un sistema que erradicó casi totalmente la propiedad privada, promovió austeros estilos de vida y donde la centralización de la economía actúa como barrera, la corrupción es relativamente pequeña, no ha invadido las altas esferas y se le trata más como un problema ético y moral que como una cuestión económica.

No obstante, tal vez convenga saber que la corrupción incide sobre la economía y la administración pública, sustrae o desvía fondos asignados a la solución de problemas específicos, auspicia la aparición de proveedores dudosos, introduce materiales de inferior calidad y distorsiona el gasto.

Al integrarse a la economía, la corrupción ahuyenta la inversión extranjera, propicia la evasión fiscal y convierte en triunfadores a delincuentes. El amiguismo, el nepotismo y el tráfico de influencias en la asignación de cargos y empleos, permiten ascender a los ineptos y deja fuera a los talentos. El costo es múltiple.

Un saldo invisible de esta práctica son las decisiones condicionadas y los daños multiplicados. Un alcalde acepta un soborno de 50.000 pesos por adjudicar la construcción de un camino de 10 millones a un contratista inepto. Lo lamentable no son sólo los 50.000 pesos cobrados por el funcionario, sino los 10 millones malgastados en un proyecto deficiente. A veces, las obras de mala calidad, las producciones defectuosas y los saldos negativos no son resultado de la ineptitud, sino de la corrupción.

Cuando logra instalarse en la política, la corrupción puede involucrar a las más altas esferas y a las más importantes y respetables instituciones. Al respecto, el presidente de China, Xi Jinping ha dicho: “…La corrupción y la degeneración de dirigentes del Partido y el estado son la amenaza más grave para China…”

En muchos países, y a escala internacional existen instituciones privadas y públicas, auspiciadas por organismos o surgidas de la sociedad civil, incluso personalidades que a título personal, sirven a la sociedad al estudiar y denunciar diferentes aspectos de la corrupción. En Cuba se destacan el profesor Estaban Morales y el periodista Fernando Ravsberg.

Aunque suele afirmarse que la corrupción es intrínseca al capitalismo y que la democracia es una ficción, lo cierto es que en los países donde el capitalismo está más desarrollado y la democracia más establecida, hay menos corrupción. En ellos la probidad en el manejo de los fondos públicos descansa en una sostenida voluntad política, en la existencia de estados de derecho e instituciones idóneas, amparadas por legislaciones apropiadas y mecanismos de control social del poder.

En más de medio siglo, la corrupción estuvo ausente de la sociedad cubana, que no necesitó organismos ni legislaciones específicas, pero que ahora asiste a manifestaciones de este fenómeno que amenaza, precisamente, cuando la dirección de la Revolución es sustituida por nuevas generaciones.

Nadie sabe quién gobernará a Cuba dentro de diez años y aunque puede presumirse su honestidad, bien pudiéramos apoyarlos legislando sobre el modo de elegirlos y estableciendo sus atribuciones en el manejo de los fondos públicos. Una Constitución que establezca quién puede adquirir compromisos y deudas a nombre del país, y leyes que obliguen a someter a licitaciones las inversiones con fondos sociales, pudiera ser un comienzo. Allá nos vemos.