jueves, 2 de abril de 2015

TERRORISMO CONTRA TERRORISMO

BarataPor: Jorge Gómez Barata

El Oriente Medio es un caos. Ya lo era cuando predicaron allí Jesucristo y Mahoma, luego Europa escenificó las Cruzadas y protagonizó el colonialismo. Aquel espacio, donde floreció la civilización urbana y se fomentaron los saberes más profundos es hoy una vasta región atrasada, políticamente primitiva y destrozada por guerras imperiales, fratricidas, confesionales y oligárquicas. Allí donde no florece ninguna democracia, la violencia y la intolerancia han tomado la palabra.

La región del mundo donde, exceptuando algunos parajes africanos, más dinero y a más bajo costo se produce, se editan menos libros, se filman y se exhiben pocos filmes, escasean los teatros y las compañías de ballet (sobre todo femeninas), el deporte es pobre y casi exclusivamente masculino, apenas se registran patentes y proporcionalmente, menos jóvenes acceden a las universidades es un caótico campo de batalla.

Con adeptos como los que le han surgido en los últimos 30 años, el Islam no necesita desafectos y con aliados como las potencias occidentales, los árabes pueden prescindir de sus enemigos. Ningún adversario los ha desacreditado tanto como aquellos partidarios que han convertido la fe en herramienta, excepcionalmente letal de la política y el poder.

La creación de teocracias donde se aplica de modo extremista la sharia o Ley Islámica, las sangrientas confrontaciones entre chiitas y sunitas, el asesino desempeño del llamado Estado Islámico y otras decenas de entidades yihadista, se suman a una multitud de actos de terrorismo y barbarie que conllevan un repudio al cual ninguna ideología puede sobrevivir.

A ello se suma ahora “Tormenta Decisiva”, una operación militar en gran escala contra Yemen iniciada el pasado 25 de marzo, liderada por Arabia Saudita y que involucra a los emiratos y sultanatos del golfo, y se realiza mediante bombardeos masivos sobre blancos ubicados en áreas densamente pobladas, lo que ocasiona abundantes víctimas entre la población civil.

La operación de tiempo ilimitado y propósitos imprecisos, cuenta con la anuencia de los Estados Unidos y es festejada por Israel, beneficiario de la división y la confrontación entre árabes y el debilitamiento del Islam que, inevitablemente perderá adeptos entre los sectores ilustrados no sólo en occidente sino en las sociedades árabes y africanas y entre las personas de todas las condiciones que asumen la fe en su dimensión humanista y piadosa.

Yemen, en la antigüedad conocida como “La Arabia Feliz”, es el más atormentado de los países árabes. Nacido de la reunificación de dos repúblicas, que suman más de 20 millones habitantes, casi todos musulmanes, divididos en chiitas y sunitas, con un cincuenta por ciento de analfabetos y donde se cultiva menos del 4 por ciento de la tierra y prácticamente no existe el ferrocarril, es el más pobre, inestable y el menos gobernable todos los países árabes.

En los últimos tiempos, Yemen ha sido convertido en un santuario terrorista donde Al Qaeda, el Estado Islámico y otras organizaciones terroristas han creado bases, reclutan levas que operan en Siria, Irak y muchos países, es ahora blanco de los ataques aéreos masivos de una coalición que dice operar contra esas fuerzas.

La pregunta del momento es: ¿Puede el pueblo yemenita soportar la situación presente? ¿Qué vendrá después? ¿Puede Arabia Saudita ser una opción liberadora? ¿Pueden las bombas servir al progreso?

Shelila, una colega árabe de impresionante cultura, personalidad y militancia, con la cual conversé al respecto fue lapidaria: “Dios ampare a los yemenitas e ilumine al Islam”. Mirando al mar, continuó desgranando entre sus finos dedos el rosario islámico de 99 cuentas mientras musitaba cada uno de los 99 nombres de Alá… Allá nos vemos le dije.