jueves, 9 de abril de 2015

POR AHORA…

BarataPor: Jorge Gómez Barata

Todas las metodologías de base científica para el examen de la historia y la construcción de proyectos políticos, con mayor énfasis el marxismo, sostienen como necesaria cierta precedencia en los grandes procesos sociales.

A largo plazo y a escala de la formación social en su conjunto, el socialismo es una consecuencia natural del desarrollo capitalista. Uno y el otro son resultados del proceso civilizatorio que, en conjunto y como línea general, tiende inevitablemente al progreso resultante de infinitas e inabarcables premisas, hechos y circunstancia espontaneas o calculadas, positivas o negativas que favorecen u obstaculizan el resultado general.

En el contexto de esa lógica, visible en todas partes en los anales del pasado remoto y el presente, se desenvuelven los procesos políticos concretos, se desarrollan las doctrinas, se formulan los programas y actúan las vanguardias. También se movilizan las fuerzas retrogradas y las ideologías retardatarias.

Es ciencia constituida y evidencia histórica, registrada en la memoria escrita de la humanidad, que las vanguardias políticas menos maduras tuvieron los sueños más altos y se propusieron metas cuya desmesura las hizo inviables. Los llamados a la revolución mundial” a “tomar el cielo por asalto” “quemar los océanos” o “convertir utopías en realidades” son metáforas, buenas para la literatura pero fatales como directrices para proyectos políticos concretos.

También son de nefastas consecuencias “los experimentos” que tratan de introducir en escalas sociales que implican a cientos de millones de personas, épocas históricas completas e intereses diversos, la lógica de los laboratorios, en los cuales, cuando una idea no resulta, se comienza de nuevo o simplemente se abandona, lo cual no funciona con los procesos sociales.

A las vanguardias políticas maduras de hoy no les es permitida la improvisación ni el aferramiento a fórmulas que no han resultado, bien porque fueron erróneamente concebidas o porque su momento aún no ha llegado.

Ningún líder político de esta época debería aspirar a ser profeta ni oráculo, sino un conductor que guía a las masas por caminos más o menos conocidos, persiguiendo metas viables y destinos previsibles. La idea de que existen atajos es errónea por definición y la exhortación a la experimentación puede ser el disfraz de un inaceptable aventurerismo.

Ello naturalmente no significa cerrar el paso a los innovadores y a los creadores, seguir a los osados y a los que se atreven a retar el status quo.

En estos días, cuando recordando un momento particularmente intenso de su carrera política se ha homenajeado al presidente Hugo Chávez, se ha insistido en una expresión suya que resume toda una filosofía y rinde culto al realismo sin el cual todo proyecto político de gran calado carece de perspectivas: “Por ahora…”

Reconocer lo que “por ahora” puede o no hacerse, significa identificar tanto lo que es preciso intentar como aquello que es necesario aplazar. El realismo es un componente esencial de la táctica y la estrategia del movimiento popular que tiene mayores posibilidades de éxito en la medida en que escoge sus batallas. Allá nos vemos.