miércoles, 8 de abril de 2015

MODERACIÓN + PRAGMATISMO

BarataPor: Jorge Gómez Barata

Aunque por diferentes caminos, desde puntos de partida distintos, y objetivos diferentes, Barack Obama, Hasan Rohani, presidente de Irán y los ayatolas parecen haber llegado a la misma conclusión: “La diplomacia es la mejor opción…” Al no poder ganar, Irán optó por no persistir. Ello explica el acuerdo 5+1 con Teherán.

Al acuerdo o pre acuerdo, respecto al cual existen interrogantes y expectativas que pueden frustrarlo, y que a simple vista parece haber doblegado a Irán, haciéndolo desistir del maximalismo de su programa nuclear que era producir uranio enriquecido; en realidad puede haberlo aliviado del compromiso que significa sostener una política equivocada.

El acuerdo conviene a Estados Unidos porque desactiva un peligroso foco de tensión en una zona sensible para la economía mundial, y aporta normalidad al mercado energético. Por añadidura, de alguna manera suma a un importante compañero de viaje. Al estar contra el Estado Islámico, Irán está con Estados Unidos. No es poca cosa.

Un arreglo con Irán que, a pesar de las limitaciones de su sistema político es el cuarto productor mundial de petróleo, la tercera potencia militar regional, uno de los dos países del área internamente estable, y donde la democracia, con las excepciones de Israel y Turquía, es más creíble que en cualquier otro estado de la región, es para Estados Unidos una excelente inversión.

No se descarta que por celos o por intereses estratégicos, Israel ejerza el derecho al pataleo, provoque algunas tensiones y movilice apoyos dentro de Estados Unidos, usando al lobby judío que ejerce influencia sobre un Congreso enteramente Republicano, y que probablemente trate de paralizar la ejecución del acuerdo.

No obstante, poco podrá hacerse frente a la evidencia de que, sin uranio enriquecido por encima del veinte por ciento, ni centrifugas para producirlo, sin plutonio y sin proveedores que suministren lo uno o lo otro, y con todas sus instalaciones nucleares bajo vigilancia de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), nadie puede producir una bomba atómica. Es el caso de Irán.

Probablemente Irán no fue doblegado ni puesto de rodillas por las potencias occidentales, sino que se percató de la inviabilidad de sus proyectos, descubrió caminos más rentables, eligió líderes más moderados, y en un año ha avanzado más que en tres décadas de confrontación, que bajo el gobierno de Ahmadinejad alcanzó una peligrosa cota.

Bajo el efecto devastador de las sanciones de la ONU, la Unión Europea, y Estados Unidos, sin bombas atómicas y sin uranio, con muy bajos costos económicos y humanos, con una política moderadamente pragmática, Irán ha ganado más espacio político que en años de abierta confrontación con occidente.

Hoy día, a partir de los acuerdos, Irán ha suprimido las amenazas de Estados Unidos y la OTAN, y puede administrar la hostilidad israelí, mientras participa como protagonista en los acontecimientos políticos y las operaciones militares en Siria e Irak del mismo lado que Estados Unidos y la coalición formada contra el Estado Islámico. (EI)

La influencia de Irán crece en Yemen, Palestina, Líbano y donde quiera que existan comunidades musulmanas chiitas. Por el camino de la avenencia, usando su influencia para contener el radicalismo islámico, el país de los persas, puede consolidar su proceso interno.

Es probable que una vez más, la moderación aporte más dividendos que el radicalismo, y la política real, más que la retórica. Allá nos vemos.