domingo, 26 de abril de 2015

Los sacrificios y los éxitos

Por: Rolando López del Amo

Todo efecto tiene su causa. El que pongo como título de este trabajo se refiere a la política exterior de la revolución cubana.

Vivimos un momento de esplendor de nuestra política exterior. Ello es el resultado de la política martiana, que es decir política basada en los más altos principios que siempre aplicó la Dirección de nuestra revolución, y el sacrificio inmensurable del pueblo cubano, heroico, modesto, solidario.

Lo que hoy se cosecha es el resultado de lo que ayer fue sembrado.

Desde su triunfo en enero se 1959 ya la revolución cubana iba en busca del recién independizado mundo afroasiático y del mundo socialista. El Che fue el primer gran enviado.

En la fundación del Movimiento de países No Alineados, en Belgrado en 1961, Cuba fue uno de los 25 fundadores con una delegación encabezada por el Presidente Osvaldo Dorticós Torrado.

Nuestro primer Ministro de Relaciones Exteriores fue un viejo revolucionario de la lucha contra la tiranía de Gerardo Machado y eminente escritor y profesor universitario, el Dr, Raúl Roa García, el mismo que en la reunión de la OEA en la que el imperialismo yanqui movió todos los recursos para aislar a Cuba, abandonó la sala de la patraña vergonzosa y pronunció la famosa frase: Conmigo se van los pueblos de América. La brillantez y lealtad de Roa hicieron que nuestro pueblo lo calificara como Canciller de la Dignidad.

Son miles los nombres de diplomáticos cubanos de ayer y de hoy que con extrema modestia, humildad y decoro han defendido, junto a los de su pueblo, los más altos intereses de la humanidad.

Durante muchos años le correspondió a Fidel dirigir nuestra política exterior con el apoyo de Carlos Rafael Rodríguez , su talentoso Vicepresidente, del infatigable Ministro sucesor de Roa, Isidoro Malmierca, y otros dedicados colaboradores.

No se puede escribir la historia de América, de África y Asia, del mundo en el siglo XX, sin mencionar el nombre de Fidel Castro. Si hay un cambio de época en América Latina y el Caribe, si se garantizó la independencia de Angola y de Namibia y otros pueblos africanos y se puso fin al apartheid, si se levantó una ola mundial de solidaridad con el Vietnam dividido y agredido y los otros dos pueblos indochinos, no se puede dejar de mencionar ni a Fidel ni al pueblo cubano. Eso no es chovinismo, ni arrogancia, ni vanidad, ni alarde pueril. Son hechos reales de los que Cuba no habla, pero el mundo sí.

En la nueva etapa, la del nuevo siglo, le ha correspondido al compañero más cercano a Fidel en todos y cada uno de los momentos fundamentales de la revolución cubana conducir el país, su política exterior, con la máxima sensatez y firmeza, sin hacer una sola concesión de principios, y con una lucidez que abre tajos en la sombra y muestra el camino de la paz respetuosa, de la convivencia racional y mutuamente fructífera. Su firmeza, paciencia y serenidad, sin alardes, su disposición al diálogo de igual a igual, ha ido logrando lo que parecía inalcanzable. Discreción y modestia han sido factores coadyuvantes de la firmeza inclaudicable que sabe que la unanimidad es ave rara y que se puede lograr la unidad que reconoce y respeta la diversidad. Sólo tres ejemplos bastan: la presidencia cubana de la CELAC, las negociaciones secretas con el gobierno de los EEUU que nos trajeron de regreso a casa a los tres héroes que aún guardaban prisión en cárceles norteamericanas, con condenas injustas y absurdas de la que la doble cadena perpetua a Gerardo es prueba irrebatible, y la participación en la Cumbre de las Américas recientemente celebrada en Panamá, en la que, junto con Raúl, regresaron todos los pueblos de América.

Si nos movemos al campo de las relaciones económicas internacionales, las soluciones encontradas a nuestra abultada deuda externa y a la pérdida de créditos comerciales por impagos, el cambio ha sido de 180 grados. Solamente la condonación de la deuda con Rusia por más de 30 mil millones de dólares es un hecho de extraordinaria relevancia, no sólo desde el punto de vista bilateral, sino que influye sobre el Club de París. La llamada posición común de la Unión Europea en contra de Cuba que promovió el lamentable Aznar, se resquebraja aceleradamente. Y todo esto manteniendo nuestra tradicional amistad fraternal con Rusia y China y nuestra solidaridad con el llamado tercer mundo que se agrupa en el MPNOAL y el G-77 más China.

La política exterior cubana no puede separarse de la visión total, económica, social y política del modelo socialista cubano en el siglo XXI.

Objetividad, sensatez, perseverancia y honradez van desbrozando los campos que el marabú de la anarco-indolencia cubrió, durante el período especial, las tierras antes cultivadas. Nuestras banderas enarbolan tres altos principios: independencia nacional, justicia social y solidaridad internacional.

José Martí nos enseñó: Allí donde se gobierna hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con que elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país (6-17)

Y en otra ocasión precisó: Mover un país, por pequeño que sea, es obra de gigantes. Y quien no se sienta gigante de amor, o de valor, o de pensamiento, o de paciencia, no debe emprenderla (1-167)

Y algo más: La revolución quiere alas; los gobiernos, pies (5-102)

Las alas de la revolución nos llevan a la altura más deseada, es el vuelo de las ideas; pero las ideas, al encarnar en los gobiernos, tienen que sostenerse sobre pies firmes y su andar no podrá ser tan veloz como el vuelo.

Cubano de sueños tempranos y entrega a ellos, siento, en las postrimerías de mis años de vida, la alegría inmensa de ver como si a los ciento veinte años de la entrega final de nuestro Apóstol, comience a cumplirse, a pesar de las complejidades del mundo de hoy, aquella profecía suya:

En el fiel de América están las Antillas, que serian, si esclavas, mero pontón de guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder,-mero fortín de la Roma americana;-y si libres- …serian en el continente la garantía del equilibrio, la de la independencia para la América española aun amenazada y la del honor para la gran república del Norte.

Es un mundo lo que estamos equilibrando, no son sólo dos islas las que vamos a libertar (3-142)

Las Antillas libres salvaran la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso aceleraran y fijaran el equilibrio del mundo (4-111)

Las Antillas, que dan hijos brillantes, serán tierras gloriosas. (13-272)