lunes, 20 de abril de 2015

Leer y crecer

Por: Rolando López del Amo

Después de su arrancada en La Habana, la vigésimo cuarta edición de la Feria Internacional del libro se extiende ya por el resto del país .

Este evento demuestra el interés sostenido del público por la lectura. Y ya no son solamente las ediciones tradicionales de libros en soporte de papel, tan estimados, sino las ediciones en soportes digitales, tan del gusto de nuevas generaciones de lectores.

Lo cierto es que la Feria es un evento cultural de suma importancia y, en el caso de la sede de la fortaleza de la Cabaña, se transforma en una festividad popular para toda la familia, más allá del libro mismo.

La participación de editoriales extranjeras añade un explicable interés debido a su ausencia en nuestras librerías durante el resto del año, deficiencia que debe ser rectificada.

El hecho de tener a otro país como invitado de honor es ya una muy buena tradición. Este año fue la primera vez que contamos con un país asiático invitado. Nada menos que la India, cuna de una de las civilizaciones humanas más antiguas, cuyo aporte cultural a la humanidad abarca desde religiones y pensamiento filosófico muy influyentes a nivel mundial, y un arte y una literatura de singular variedad y belleza, hasta su aporte invaluable a la lucha contra el colonialismo, el imperialismo, el racismo y el apartheid y su posición no alineada, a favor de la coexistencia pacífica entre los Estados y la paz mundial. No olvidemos que la India es una de las diez mayores economías del planeta, una potencia nuclear y acaba de anotarse un importante éxito en la exploración del espacio ultraterrestre al lanzar un cohete hasta el planeta Marte. El público cubano, que ya se familiariza con la producción cinematográfica de la India – la mayor del mundo- gracias a la televisión cubana, acogió con entusiasmo y simpatía al país invitado.

Feria aparte, cuando se revisan las informaciones sobre la actividad cultural en el país, uno no puede menos que asombrarse de la variedad de ofertas a disposición de la población. La Habana, por ejemplo, cuenta con tal variedad de galerías para exposiciones de artes plásticas y de museos, de salas de teatro dramático, salas de concierto y grupos de danza que puede competir con grandes ciudades de Europa y América.

Es tal la calidad de nuestros artistas que no cesan las giras de orquestas y solistas por el extranjero y es tal la calidad de nuestros bailarines de Ballet que son solicitados como primeras figuras, invitadas o permanentes, por grandes y famosas compañías del mundo.

Todo lo anterior es el resultado de la política cultural de la revolución cubana que alcanzó el triunfo el primero de enero de 1959. Puede asegurarse que todo el talento artístico del país cuenta con una red nacional de instituciones culturales que lo ampara y promueve.

Defender y perfeccionar nuestra riqueza cultural es proteger nuestra existencia como nación. No se trata de posiciones chovinistas, sino de lograr la unidad con otras culturas a partir de la diversidad, sin hegemonía impuesta por intereses políticos o económicos.

El mundo de paz y amistad al que aspiramos solamente puede basarse en el respeto al otro. Como nos recordaba José Martí, universo quiere decir lo vario en lo uno, la unidad de lo diverso.

Feliz el pueblo en el que los libros convocan y unen a las familias. Feliz el pueblo que cuenta con colmenitas artísticas en las que los niños aprenden a endulzar y hermosear la vida. Feliz un pueblo que ama la literatura y el arte que levantan a los seres humanos hasta su mayor altura.