miércoles, 15 de abril de 2015

EL PRESIDENTE Y LA ÉPOCA (I)

clip_image001Por: Jorge Gómez Barata

Refiriéndose al desempeño del presidente cubano en la VII Cumbre de las Américas, un lector me escribió: “…Quien no apoye a Raúl (Castro) no es cubano…” Aunque tal vez exagere, comparto el espíritu de la afirmación. Más allá de las militancias y simpatías políticas, el líder cubano representó el interés nacional. Lo que es bueno para el país, es bueno para todos sus habitantes.

Si bien la generación histórica que encabezó la lucha armada, proclamó el socialismo, y conduce la Revolución, no es responsable por el diferendo con Estados Unidos, entre sus cometidos históricos figura avanzar en su solución.

Las políticas coloniales, las coyunturas históricas determinaron, a la vez,  el desarrollo en Norteamérica de un poderoso imperialismo y el empoderamiento en Latinoamérica de oligarquías locales, dependientes del capital extranjero y opuestas a los intereses de sus pueblos que dieron origen al subdesarrollo y la dependencia política, favoreciendo el predominio  estadounidense que, siglo y medio después, en los años sesenta, comenzó a cambiar, y cuyos mejores frutos se cosechan ahora.

La Revolución Cubana concitó la visceral y violenta hostilidad de  Estados Unidos, abrió un proceso que, pasando por diferentes etapas y traumas como el bloqueo, la agresión y la exclusión de Cuba; así como la  promoción de la lucha armada y el auge reaccionario que llevó al poder a la última oleada de dictaduras militares en el cono sur, y a oligarquías antediluvianas en Centroamérica, condujo a la situación de hoy.

En esa andadura, en medio de la cual desapareció la Unión Soviética y la versión del socialismo que ella promovió, el aceleramiento del crecimiento económico de todos los países latinoamericanos permitió la llegada al poder de gobiernos progresistas, conducido por líderes ilustrados, electos democráticamente, comprometidos con sus pueblos que, a pesar de enormes dificultades, aproxima la región a una coyuntura inédita.

La corriente de avance latinoamericana había enfrentado el obstáculo de las políticas anacrónicas de los Estados Unidos, los cuales, en lugar de favorecer tendencias, que en otras partes quieren impulsar por la fuerza, las  hostiliza.

El momento de maduración latinoamericana coincide con una administración norteamericana que parece haber comprendido que es más rentable sumarse a las corrientes avanzadas que confrontarlas, y traza estrategias, en las cuales anacronismos como la política hacia Cuba, estorban. Obama y su administración no son iluminados ni arcángeles políticos, sino lideres pragmáticos que retoman tesis que Kennedy había comprendido 50 años atrás.

La posición del presidente Raúl Castro, patriótica, socialista y solidaria, aunque de un realismo esclarecido, ha permitido adelantos en la solución del diferendo con Estados Unidos, lo cual tributa a avances que pueden significar no sólo un cambio de época, sino la creación de nuevas realidades y alternativas que capaces de conducir a Latinoamérica a soluciones óptimas”. 

El tema no se agota pero el espacio sí. Luego les cuento más. Allá nos vemos.