jueves, 16 de abril de 2015

Algunas ideas sobre nuestro Poder Popular y la llamada sociedad civil

imagesPor: Rolando López del Amo

Eso que hoy suele llamarse sociedad civil se conocía en mis tiempos de adolescente como instituciones cívicas. En Cuba están registradas más de dos mil instituciones de este tipo. Por supuesto que no todas tienen igual incidencia en el conjunto de la sociedad. Hay otras, sin embargo, que repercuten en mayor medida.

La gran organización de nuestra civilidad es, a mi juicio, el sistema de nuestro poder popular porque nace del conjunto de la población y es ampliamente abarcador.

Como viví 21 años de mi vida en el capitalismo neocolonial cubano pude conocer su sistema político y sus instituciones de gobierno. Recuerdo las elecciones de 1944 en que fue electo presidente Ramón Grau con su secuela de latrocinio y gangsterismo. Conocí en mi casa a varios de los asesinados en los sucesos de Orfila, en Marianao, en casa de Morín Dopico, cuya esposa, en estado de gestación, fue ametrallada por los hombres de la policía al mando de Mario Salabarría.

Conocí de la ruptura de Eduardo Chibás, quien había calificado la victoria electoral de Grau como la jornada gloriosa del primero de junio con ese partido, el auténtico, y la fundación de un nuevo partido, el ortodoxo, cuyo lema era verguenza contra dinero. Conocí la victoria del candidato sucesor de Grau por el mismo partido auténtico, Carlos Prío, anticomunista furibundo y anti-obrero, corrupto y drogadicto, según algunos allegados, y la trampa que le tendieron al popular Chibás que lo llevó a lo que llamó su último aldabonazo: cometer suicidio ante los micrófonos de su muy escuchado programa de radio semanal.

Poco antes de las elecciones que vendrían al término del mandato de Prío, tres meses específicamente, se produjo el golpe de Estado de Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952 que pretendieron legitimar con unas seudo-elecciones en 1954, un año después del asalto a los cuarteles Moncada y Céspedes.

Política significaba entonces negocios para enriquecerse, robo de los fondos públicos, obediencia a los designios imperialistas , corrupción y represión contra el pueblo trabajador y humilde.

Como viví toda esa basura de engañifas, violencia criminal, fraudes electorales, discriminación, entrega al extranjero, egoísmo, degradación humana, no podría desear para mi país un retorno a ese pasado lamentable

que algunos proponen para dentro de un par de años cuando cese el mandato de nuestro gobierno actual, el último encabezado por la dirección histórica de la revolución por obvias razones de edad.

Ahora estamos en la actualización de nuestro modelo económico, social y político con el propósito de seguirlo mejorando con la vieja aspiración martiana de alcanzar toda la justicia y la necesaria prosperidad que sirve de sustento a la bondad y la plena dignidad humana. Este proceso incluirá, necesariamente, ajustes y cambios de nuestra Carta Magna.

Creo que uno de los mayores logros de nuestra democracia radica en el principio de que el pueblo propone y el pueblo elige. Son las asambleas de vecinos las que proponen a los candidatos a delegados. Hasta ocho candidatos pueden optar por un cargo de delegado.

Quien obtenga la mitad más uno de los votos resultará electo. Las biografías de los candidatos son su carta de presentación. Sin embargo, una biografía limpia no resulta suficiente. Hay muchas personas excelentes que no tienen dotes para dirigir. Por eso es importante que los candidatos se reúnan con sus posibles electores y expresen sus opiniones sobre la situación del área que van a representar y expongan sus ideas de cómo realizar el trabajo y resolver los problemas que puedan existir. Otra cosa importante es que el delegado sea un profesional que dedique todo su tiempo a su gestión. Para alguien que trabaja todo el día en otra cosa es muy difícil atender sus obligaciones adecuadamente. El salario del delegado podría ser el que devenga en su centro de trabajo y que su empresa le conceda una licencia especial o fijar un salario para el cargo que lo pagará el gobierno municipal. Si se considera que son muy numerosos los delegados, su número se puede reducir y ampliar el área que representan. Estos delegados serían una fuente de cuadros de dirección a distintos niveles promovidos desde la base según sus méritos y resultados.

Otra cosa. El máximo dirigente municipal o alcalde, debería elegirse con un procedimiento semejante al del delegado, entre varios candidatos votados y electos por la población. Sus nombres pueden salir también de las asambleas de ciudadanos en las que se puedan proponer más de uno y de asambleas de organizaciones de masas. Este alcalde contaría con sus delegados para su consejo municipal de gobierno. Todos profesionales. Hay que evitar que el secretario municipal del Partido sea el dirigente principal en la práctica y el alcalde un segundón porque eso atenta contra nuestra práctica democrática participativa. La función del Partido es la del trabajo ideológico-político a través de sus militantes, pero no sustituir ni subordinar administrativamente a los funcionarios públicos electos por la población. Me parece razonable que el término por el que son electos los delegados municipales sea igual al de los cargos provinciales y nacionales. Siempre conservar el derecho de revocación.

Para las direcciones provinciales, elegir un representante por municipio entre varios candidatos y un gobernador provincial también entre varios candidatos y que presida el gobierno de la provincia con sus representantes municipales. Empleo los viejos y universales términos de alcalde y gobernado porque son más precisos y comprensibles y dejar el de Presidente para el de la república.

A propósito, creo que la Isla de la Juventud debería considerarse como provincia y devolverle su nombre de Isla de Pinos y no el actual, que fue un epíteto coyuntural. A los habitantes de la Isla se les llama pineros, ese es su gentilicio y no el de juveniles.

En el caso de La Habana se debe pensar en una forma especial, sin tanto desmenuzamiento municipal, por el carácter compacto de la ciudad y la conveniencia de unificar servicios, lo que no impide que haya oficinas de trámites integrales en las cercanías de los pobladores, pero con una dirección centralizada.

Con respecto a la Asamblea Nacional creo que los diputados deben ser profesionales y reducir la cifra actual a la mitad. Podría elegirse –siempre entre varios candidatos- un diputado por cada municipio y residente en él. Los ciento treinta restantes se elegirían por provincias proporcionalmente al número de habitantes.

Mantendría la Asamblea Nacional como poder supremo y que de ella se eligiera al Consejo de Estado y su Presidente. Reduciría los vicepresidentes a uno solo y separaría las funciones de Primer Ministro de las del Presidente. El Presidente sería el Comandante Supremo de nuestras fuerzas armadas y conduciría la política exterior, en tanto que el Primer Ministro se ocuparía de las cosas internas: Podría haber uno o dos vicepremieres. Ahora que los ministerios dejarán de actuar como empresas , bastarán los Ministros, como fue en los primeros años de la revolución antes de copiar las estructuras soviéticas, país que era muchas veces mayor que el nuestro.

Con la sociedad civil o instituciones cívicas, se podrían crear, a las distintas instancias de gobierno, Consejos Asesores o de consulta para que estudiaran y opinaran sobre asuntos de gobierno y hasta hicieren propuestas a la ANPP o las Asambleas provinciales y municipales. Sus miembros no serían profesionales e incluirían a las organizaciones de masas y sociales y profesionales. Digamos que a nivel nacional estarían la CTC, la ANAP, la FEU, la FMC, la UNEAC, la UPEC, los abogados, los economistas, los ingenieros y arquitectos, los pedagogos, la Cámara de Comercio, las iglesias y organizaciones fraternales, los artesanos, los racionalizadotes e inventores, la Academia de Ciencias, los historiadores, las organizaciones de discapacitados como ANCI o ANSOC, en fin, las instituciones más representativas de la sociedad cubana y que funcionarían en relación con los órganos del poder popular. Estarían representadas por sus máximos dirigentes. Ya surgirán organizaciones de cooperativistas y de cuentapropista, etc. y no en viejos esquemas bipartidistas al estilo norteamericano, británico y de otros países europeos que no pasan de ser las dos caras de una misma moneda: la de los poderosos.

Aunque estas apresuradas notas no pretenden ser una propuesta acabada, son una invitación a pensar, colectivamente, en formas más efectivas para nuestra aspiración a un socialismo próspero y sostenible basado en la independencia nacional y la justicia social, en la más amplia democracia real, participativa y permanente.

Preservemos lo mejor de lo que hemos hecho y perfeccionemos lo que sea necesario cambiar.

Como advertirá el lector, no he mencionado entre las organizaciones de masas del país a la mayor de ellas. Surgida como genial y efectiva respuesta ideada por Fidel para enfrentar a la contrarrevolución al servicio del enemigo imperialista en cada cuadra y rincón de Cuba, desempeñó un papel fundamental en la neutralización de la actividad enemiga. En la medida en que pasó el tiempo y el enemigo interno reducido a una cuasi inexistencia, los CDR asumieron otras tareas importantísimas relacionadas con la higiene y la salud, las donaciones de sangre, la recogida de materias primas, el apoyo al orden interior, etc. Sin embargo, luego del inicio del período llamado especial , la organización fue perdiendo muchas de sus funciones. La que mejor se ha mantenido ha sido el apoyo a los procesos electorales. Quizás el defecto mayor de los CDR ha sido su funcionamiento vertical con direcciones impuestas desde arriba y que han permanecido aferradas a viejos esquemas que respondían a necesidades de otros tiempos. Pero los CDR son una excepcional organización vecinal que podría reverdecer convirtiéndola en la base de nuestro poder popular y en el instrumento fundamental de apoyo a los delegados, a la vez que sus controladores más efectivos. Eliminar la organización vertical paralela de los CDR y sustituirla por convertir a cada Comité de Vecinos en raíz de la organización de la comunidad y del poder popular.

Otra organización que debe repensar su funcionamiento es la FMC, pues las mujeres militan a la par que los hombres en el Partido, la UJC, los sindicatos, los CDR, la FEU, la FEEM, los Pioneros, etc. Sin embargo, hay aspectos específicos de la mujer que requieren atención diferenciada y la FMC tuvo la feliz idea de crear las Casas de Orientación de la mujer, que podrían multiplicarse y ser las bases de la organización. Aumentar los programas de radio y TV, publicaciones y poseer un sitio de Internet dedicado a la orientación y satisfacción de los amplios y variados intereses femeninos.

Las cosas han de ajustarse a las necesidades de los tiempos para que lo que ya no funciona no dañe a lo esencial.

Nos vemos el domingo para elegir a nuestros Delegados.