miércoles, 25 de marzo de 2015

¿POR QUE NETANYAHU GANA?

clip_image001Por: Jorge Gómez Barata

El pueblo hebreo existe desde tiempos bíblicos, se formó mediante dilatados procesos históricos, y la defensa de sus intereses nacionales es justa. Por su parte, el Estado de Israel es resultado de manipulaciones políticas reforzadas por erráticas estrategias pasadas y presentes.     

El triunfo de una figura conservadora, belicista y ultra reaccionaria como Benjamín Netanyahu es posible no porque la democracia liberal sea perfecta, sino porque no lo es. Allí como en todas partes, las elecciones confieren legitimidad a los gobernantes, pero no lo hacen eficientes, probos o justos. Es el caso.

A pesar de erradas previsiones, derivadas sobre todo de la carencia de objetividad, que tiende a convertirse en endémica, y que conduce a la izquierda a desinformarse a sí misma convirtiendo deseos en pronósticos, el gobernante que con más cinismo ha desafiado a la opinión pública mundial es reelecto por una mayoría, que expresa un importante respaldo popular, y legitima sus políticas.

Netanyahu gana porque, con modernas técnicas de publicidad, explota viejos estereotipos y, con nuevos pretextos, revive el espíritu de solidaridad, y alerta que en los años cuarenta llevó a los líderes judíos, con apoyo británico e internacional, incluido el de la Unión Soviética, a la fase final del proceso que culminó con la partición de  Palestina y la proclamación del Estado de Israel.

Hoy, cuando Israel no corre ningún peligro, cuenta con el apoyo de todas las potencias occidentales, especialmente de Estados Unidos, y no existe la menor posibilidad de que los palestinos, como tampoco ningún estado árabe, ni aún todos juntos, puedan retarlo militarmente, Netanyahu y sus operadores políticos han creado un ambiente que recuerda los tiempos cuando al fundarse el país, se desencadenó la primera guerra árabe-israelí.

La ideología sionista, promotora de la creación y luego el blindaje del Estado de Israel, se alimenta de la idea que solo siendo poderosos e inflexibles, pueden los judíos evitar que las persecuciones y humillaciones derivadas del antisemitismo y la tragedia que significó el holocausto hitleriano, se repitan.

Esa filosofía retomada por Netanyahu, utiliza como pretexto los temores generados por la extraña actitud de Irán, que gasta cientos de millones de dólares, soporta devastadoras sanciones, y corre riesgos mortales para impulsar un exótico proyecto nuclear que, además de servir a los fines electorales de Netanyahu, pudiera provocar una guerra en la cual quizás alguno pueda ganar, pero que a nadie conviene.

Si bien parece que Irán no quiere y no puede obtener la bomba atómica, no hace nada para desmentir las acusaciones de Israel. A esa excusa se suma la trágica e infantil actitud de Hamas, empeñado en lanzar sobre Israel inofensivos cohetes, que sólo han servido para hacer ruido, provocar y dar pretexto a los agresores.

Netanyahu gana una elección tras otra porque, si bien con las agresiones y crímenes contra Palestina acumula descrédito y promueve la condena internacional, internamente cohesiona a los israelíes, haciéndoles creer que sólo él y sus políticas de fuerza, pueden garantizar la seguridad de Israel, y evitar que los judíos aporten otra vez las víctimas.

Benjamín Netanyahu, conoce como nadie los resortes que es preciso pulsar para movilizar el electorado en su favor, y lograr un resultado que, poses y palabras aparte, conviene a la estrategia imperialista para la región. Netanyahu no es un adversario de Estados Unidos, sino su más fiel y eficaz aliado en Oriente Medio. Sus presuntas contradicciones con Obama son parte del show. Allá nos vemos.