martes, 31 de marzo de 2015

MOVILIZACIÓN POPULAR Y ESPEJISMOS POLITICOS

BarataPor: Jorge Gómez Barata

Las medidas de beneficio social, las legislaciones laborales avanzadas, las políticas sociales inclusivas, y otras acciones, concitan el apoyo popular a los procesos liderados por las izquierdas latinoamericanas, y refuerzan sus liderazgos, a la vez que, las expresiones de respaldo estimulan a las vanguardias políticas a nuevas acciones. Se trata de una positiva dialéctica que, al desequilibrarse, puede conducir a equívocos y generar espejismos.

Entre los factores que estorbaron los proyectos de la izquierda marxista en la Unión Soviética y los países del socialismo real, estuvo el desmesurado significado atribuido a expresiones externas, verbales y/o circunstanciales de adhesión, cohesión y unidad política, que dieron lugar a equívocos, autocomplacencias, e incluso a mitos políticos.

A la confusión contribuyó el conceder significados ideológicos a medidas y acciones que son respaldadas por su naturaleza, y no por quienes las realizan. En cualquier parte los trabajadores apoyarán los aumentos salariales, los campesinos aplaudirán los repartos de tierras, los estudiantes a quienes rebajen las matrículas, y los soldados a los que acuerdan la paz.

Creer que el respaldo a acciones de este u otro tipo, así como la asistencia a mítines, la firma de declaraciones y acciones políticas análogas, entrañan siempre una decisiva y consecuente adhesión política, férreos compromisos ideológicos, o plena incondicionalidad, es erróneo.

Un error frecuente en el enfoque de los gobiernos marxistas de Europa Oriental, fue creer que un mayor bienestar convertía a los pueblos en socialistas de modo automático. Otro equívoco es creer que el apoyo político funciona a modo de “paquetes”, que se apoyan o rechazan en su totalidad. El hecho que determinadas mayorías aprueben algunas medidas, condenen agresiones, o aplaudan ciertas decisiones, no constituye un cheque en blanco, ni necesariamente significa apoyo total a procesos mayores.

De esos equívocos forman parte los estilos políticos que privilegian excesivamente la propaganda, apelan constantemente a las masas para que expresen su respaldo, y exageran el significado de determinadas manifestaciones de apoyo a liderazgos que abusan de la retórica, y de los cuales se espera sobre todo eficacia en la conducción de los procesos.

Los eventos multitudinarios, las manifestaciones callejeras, declaraciones y denuncias son pertinentes y eficaces solo cuando sus participantes, más que movilizados por la acción propagandística, están genuinamente motivados.

Durante setenta años en la Unión Soviética, y por más de cuarenta en los países de Europa Oriental se efectuaron frecuentes y gigantescas manifestaciones, se gastaron enormes recursos en la propaganda política, se organizaron miles de conferencias y congresos, así como se festejaron fechas y efemérides, sin que nada de ello pudiera compensar las fallas y carencias de los sistemas políticos, que a la larga quebraron.

La efectividad de la labor ideológica y política con las masas en los procesos populares parece estar más ligada a la búsqueda de eficiencia real, a mecanismos de participación eficaces y genuinos, que a las expresiones de masividad, que aunque impactantes, poseen escasa capacidad para fijar compromisos y profundizar la conciencia. Esos fenómenos a veces dan lugar a espejismos políticos.

Los precursores cometieron errores y asumieron sus costos. Aprender de su legado es una oportunidad para no incurrir nuevamente en ellos, y lamentar luego parecidas consecuencias. Las experiencias están a la vista. Allá nos vemos.